Una de las caras más bonitas del mundo. O al menos, una de las caras más bonitas del mundo que nos venden para distraernos. En la distracción, en la evasión pura, se vive mejor. El cine da alimento para el espíritu al modo en que lo da la religión para quien se deja. Las imágenes nos lo dan todo hecho. Basta dejarse, engolosinarse despacito, caer en la cuenta de que el ojo está alegre y de que el alma aplaude el receso y por un momento la miseria y la fealdad del mundo aplazan su vara de mando. Entonces vemos a Audrey Hepburn y esa sencilla noticia de la belleza nos transporta a un paraíso también sencillo en el que no necesitamos otra voluntad que la sensibilidad, ese don que abandonamos y al que de vez en cuando acudimos cuando nos sentimos embrutecidos en exceso. A mí la cara de Audrey Hepburn me desembrutece. Me pasa con pocas caras del star-system del cine, que no es únicamente Hollywood. Anoche pensé en la cara agreste y casi violenta de Anna Magnani. En Bette Davis. Incluso en la belleza varonil, simétrica y preocupada de Katherine Hepburn. Pero yo hoy estoy feliz con la fotografía que ilustra la entrada.
Revista Cultura y Ocio
Una de las caras más bonitas del mundo. O al menos, una de las caras más bonitas del mundo que nos venden para distraernos. En la distracción, en la evasión pura, se vive mejor. El cine da alimento para el espíritu al modo en que lo da la religión para quien se deja. Las imágenes nos lo dan todo hecho. Basta dejarse, engolosinarse despacito, caer en la cuenta de que el ojo está alegre y de que el alma aplaude el receso y por un momento la miseria y la fealdad del mundo aplazan su vara de mando. Entonces vemos a Audrey Hepburn y esa sencilla noticia de la belleza nos transporta a un paraíso también sencillo en el que no necesitamos otra voluntad que la sensibilidad, ese don que abandonamos y al que de vez en cuando acudimos cuando nos sentimos embrutecidos en exceso. A mí la cara de Audrey Hepburn me desembrutece. Me pasa con pocas caras del star-system del cine, que no es únicamente Hollywood. Anoche pensé en la cara agreste y casi violenta de Anna Magnani. En Bette Davis. Incluso en la belleza varonil, simétrica y preocupada de Katherine Hepburn. Pero yo hoy estoy feliz con la fotografía que ilustra la entrada.
