Revista Cultura y Ocio

Ganador Cuento Ciencia Ficción Concurso Equinoccio: “Ya nadie cree en superhéroes”

Publicado el 27 diciembre 2015 por Iván Rodrigo Mendizábal @ivrodrigom

Superheroes

Por Daniel F. Benavides Cornejo

Email: [email protected]

Ganador Categoría Género Ciencia Ficción, I Concurso Equinoccio Ecuatoriano de Ciencia Ficción.

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Daniel F. Benavides Cornejo. Ha sido escritor en casi todas los formas del catálogo, desde corresponsal extranjero para Agence France Presse hasta copywriter para Coca-Cola. En medio de eso, ha escrito y dirigido para cine y televisión, destacando su película La Rompecuellos y la serie Secretos de Ecuavisa. Actualmente se encuentra realizando un Master en Escritura de Narrativas Transmedia, con el fin de crear videojuegos narrativos.

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Un torrente incontrolable castiga con furia los elevados techos de la ciudad. Es una lluvia amarillenta, oxidada. Cuando atraviesa el prisma de esa infinidad de luces artificiales, se transforma en una aurora boreal de neón. Con un clima tan inestable el mundo entero pareciera estar ubicado en medio de la irrespetuosa línea ecuatorial.

El abrigo largo fue la elección correcta para esta noche, aunque lo habría usado de todas maneras. Era una vieja moda, convertida en hábito. Sus pasos son rápidos, de largas zancadas, desde lejos, pareciera que busca escapar de la lluvia, encontrar un refugio, pero se equivocarían al pensar eso. Siempre se movió con velocidad y ahora no puede evitarlo, aunque ya no tenga urgencia de llegar a ningún lugar. Al menos no la tenía hasta hoy. Esta noche su andar apresurado tiene una razón, un destino.

El barrio al que se adentra solía ser uno de los más duros y con mayor movimiento, tanto de día como de noche. Lo visitó muchas veces, aunque nunca fue bienvenido. Cuesta reconocer el lugar, han pasado los años pero se ve más joven e inocente que antes, no queda rastro ni de prostitutas ni traficantes, ni un ligero rastro de ese olor a perfume barato y sangre con el que siempre asoció ese barrio. Se detiene y da una mirada en ciento ochenta grados, reconstruyendo memorias, la mayoría violentas, pero no por eso desagradables. Era un nido de ratas, infectado por los peores vicios, reinado por seres destructivos que no les importaba ni siquiera ellos mismos. Le da un poco de vergüenza sentir nostalgia por esa basura. Se esfuerza por disminuir el paso, quiere darse el tiempo de recrear escenas, de recordar rostros. Pero mejor no, para sumergirse en su cabeza y pescar memorias a contracorriente ya tendrá el resto de la noche. Su ansiedad por moverse le da un toque eléctrico para que camine de nuevo, además, nunca es recomendable quedarse parado en un mismo lugar por más de un minuto.

El hotel Gran Dragón está al final de la calle. Es uno de esos enormes edificios que ha sido testigo de la historia de la ciudad, la ha visto quemarse y renacer muchas veces. Fue construido durante el primer apogeo económico, por eso su diseño ostentoso y descomunal. Cuanto más hay, más se gasta. Ahora está abandonado y se erige como una verruga gigante en medio de tanta estética minimalista. No tardarán en deshacerse de él, ya no hay espacio para cosas inútiles y peor aún si son feas. La lluvia se detiene justo cuando llega a la entrada. Si creyera en la suerte, habría pensado que la tiene mala. La puerta principal parece cerrada, pero al darle un vistazo de cerca encuentra que la enorme cadena de seguridad ha sido cortada con un tajo limpio. Al parecer llega atrasado. Culpa a esos malditos recuerdos que lo distraen. Solo espera que funcione el ascensor, son cerca de treinta pisos para llegar al restaurante Techo del Mundo y sus rodillas ya no están para sacrificios innecesarios. Le gusta pensar que todavía podría hacer el esfuerzo si fuera necesario. Esa reflexión siempre lo alivia.

Mientras los cables oxidados del ascensor resoplan por elevarlo sin causar un desastre, piensa que este lugar no debería tener energía eléctrica. En otros tiempos, habría hecho algo luego de esa deducción, reaccionar, investigar, pero ahora solo le pide a su mente que lo deje tranquilo. Como le ha enseñado la experiencia, debe haber una respuesta más obvia y corriente de la que imagina, pero imaginar también era parte esencial de su trabajo.

El restaurante se mantiene intacto, como una fotografía antigua, polvoriento pero reconocible. La poca luz que ilumina el lugar proviene precisamente de la que fuera su mesa favorita cuando iba a cenar como civil, pero esos no son recuerdos agradables.

Ahí está, esperándolo. Se asegura que su máscara esté puesta y se acerca. Toma asiento. Por un largo momento ambos sujetos se quedan sentados frente a frente sin decir nada. El abrigo de Espectro gotea, creando un charco a sus pies. La gabardina de Bassarav El Caos está seca e impecable. El silencio continúa, no debe ser fácil hablar con tu enemigo mortal como personas civilizadas.

Bassarav: Mal clima.

Espectro: Me sorprende que este lugar no se caiga a pedazos con las tormentas.

B: A mí no. Antes las cosas estaban construidas para permanecer en pie.

E: ¿Lo dices por nosotros?

B: Si fuera así, habrías subido por las escaleras.

E: No creo que tú lo hayas hecho.

B: Puedes pensar lo que quieras.

E: Vinimos aquí a decirnos las cosas, no a pensarlas.

Pero ambos piensan, imposible no hacerlo. Recuerdan al unísono la última vez que se vieron, aunque sus versiones distan mucho la una de la otra. Para Espectro son recuerdos agradables. Había machacado una de las piernas de Bassarav con sus propios puños y su enemigo se arrastraba hacia una alcantarilla para escapar de la captura mientras él daba un monólogo sobre porque la justicia había ganado la batalla final. Bassarav siente un ligero picor en su pierna y frunce el ceño debajo de su máscara. Pero es verdad lo que dice Espectro, vinieron a hablar, no a pensar más. El villano saca de su gabardina una pomposa botella de brandy con adornos dorados sobre el cristal.

B: Traje esto, tal vez ayude.

E: No voy a preguntar de donde lo sacaste.

B: Creo que conoces su procedencia. Viene directamente del escritorio del gobernador.

E: Junto con mucho de su dinero y su hija.

B: Ciertamente. Pero tranquilo, ese crimen ya claudicó. Puedes beber sin culpa.

E: Nada que haya ocurrido en esa época claudica, los tratan como crímenes de guerra.

B: Y puede que la mayoría los sean, pero vamos, no este. El muy cerdo tenía cientos de botellas ahí, aun cuando ya habían prohibido la venta al resto de gente.

E: Casi matas a la chica mientras huías…

B: Corrección. La policía casi mata a la chica, tratando de matarme. Solo saqué de casa a la niña de papá por unas cuantas horas.

Espectro no había llegado a tiempo a esa persecución y solo pudo ver la cacería luego por televisión, había sido impresionante la forma en que Bassarav escapó, debía reconocerlo. Todos los cuerpos de seguridad de la ciudad dejaron lo que sea que estuvieran haciendo y se volcaron a rescatar a la hija del gobernador. Después de unas horas la encontraron colgada de cabeza sobre el puente que cruza el río, justamente donde se sospechaba que la policía lanzaba vivos a los criminales capturados. Ahora que lo piensa, Bassarav había sido más generoso que ellos con la vida de la chica. Aunque siempre tuvo una debilidad por las mujeres lindas.

E: Ahora la chica se convirtió en fiscal. Su mano de hierro comienza a ser legendaria.

B: Pues nunca me agradeció por el test vocacional… ve por los vasos.

E: No recibo órdenes de nadie y peor tuyas. Salud.

B: Te has vuelto extrañamente confiado.

E: Jamás me matarías con un método tan poco vistoso.

B: Las cosas cambian.

E: Las cosas sí, las personas no.

B: Todo cambió. Este barrio… solo faltan los autos voladores y sería una película del futuro.

E: ¿Hace cuanto no venías?

B: Deben ser unos veinte años.

E: Entonces ya es el futuro.

Hubo un tiempo en el que Bassarav era el rey de ese barrio y de muchos otros igual de tóxicos. A pesar de su aspecto misterioso, no era un solitario. Como un buen megalómano necesitaba seguidores y esos barrios eran el semillero ideal para conseguirlos. Esto no quiere decir que fueran sus amigos, como buen megalómano no necesitaba de amigos, solo de fieles admiradores. Eran sus siniestras mascotas, sus perros de ataque. Cabe decir que hubo un tiempo en que Bassarav consideraba esos barrios su hogar y precisamente de eso se acordó en ese instante con un dejo de melancolía.

E: Si alguien me hubiera mostrado una foto de lo que sería este lugar hoy en día me habría reído en su cara.

B: Eso quisiera verlo, que yo recuerde nunca fuiste muy propenso a reír.

E: Reía para mis adentros… cuando rompía los brazos de alguna escoria.

B: Los brazos de mis muchachos. Pero no lo critico, esa era tu marca, aunque muy de otra época, incluso para la nuestra. Pero los huesos se curan, yo siempre preferí métodos más permanentes para acabar con la escoria.

E: Acabar con inocentes, querrás decir. Eres un maldito sicópata asesino, eso no hace falta que me lo cuentes.

La tensión crece hasta volverse eléctrica. No es una sensación nueva para ninguno de ellos, es exactamente lo que se siente antes de que alguien descargue el primer ataque en un pelea uno contra uno. Ese hormigueo creciente en la mano donde se lleva el arma, hasta que por alguna señal divina, se descarga el disparo, golpe o corte, según la herramienta de la que se disponga. Esta noche al parecer solo cuentan con sus lenguas para atacarse. No son armas de las que están acostumbrados a recibir descargas.

E: Me prometí no juzgarte esta noche, pero cuida como dices las cosas.

B: Está bien, no perdamos la diplomacia tan temprano. Pero tampoco hace falta que me vendas esa postura de superhéroe.

E: Es lo que soy.

B: Tal vez en nombre. Pero yo te he visto en lugares que otros no. Eres más brutal que la mayoría de criminales, solo que elegiste jugar al policía y no al ladrón.

E: Elegí pelear por una causa justa, por la gente.

B: Y al final del camino fue una gran elección. Por eso los dos terminamos igual, escondidos como ratas.

E: La represa se rompió y nos arrastró a todos, mezclándonos como ratas, pero eso no me convierte en una. Sin importar cuanta mierda se haya regado afuera, nunca fui como tú.

B: La memoria es frágil, con los años, se rinde a las ilusiones.

E: No es el caso.

¿O si? Muchas cosas se mezclan en su memoria, fragmentos de todo tipo que no calzan del todo unos con otros, formando recuerdos mutantes y amorfos. Según ha leído, es un síndrome común en los soldados que estuvieron en el frente de batalla. También le ocurre a los boxeadores luego de retirarse. Demasiados golpes en la cabeza y experiencias de extrema violencia, pueden joder la cabeza de alguien. Espectro tuvo una buena dosis de ambas durante su carrera.

B: Está bien, como digas, aunque por algo existía la leyenda de que eres un engendro que pactó con el demonio.

E: Era algo divertido de esos días, las explicaciones sin lógica alguna, le daban un sabor especial al mundo. Hoy hay explicación oficial para todo. Pero irónicamente, en mi caso, la leyenda tenía su parte de verdad ¿Recuerdas los programas de alteración genética del ejército?

B: No me digas que fuiste el único sobreviviente, eso sí es novedoso. Siempre sospeché que no eras normal, en más de un sentido.

E: En eso tienes razón. Deben haber sido al menos otros cien muchachos y me dieron por muerto como a los otros. Técnicamente estuve muerto. Solo recuerdo sacar mi mano de una fosa común en el medio de la nada. Nunca entendí que me salvó, por qué no morí como el resto. Tampoco me acerqué al ejército a preguntar, ni he vuelto a morir para saber qué pasaría.

B: Si esa fuera mi historia, hubiera ido por los sujetos y los habría enterrado en la misma fosa con sus experimentos fallidos.

E: Tal vez habría sido lo justo… si fuera un asesino como ellos o como tú. En todo caso, el experimento funcionó parcialmente conmigo. Nada de volar o lanzar rayos por los ojos, pero un cambio suficiente como para marcar una diferencia.

B: Y entonces dijiste: Desde mañana voy a ser un superhéroe. Mírenme, mírenme.

E: No seas imbécil. Nadie que se metiera en esto lo hizo por ser una monja de la caridad o una celebridad. Bueno, tal vez un par.

B: ¿Un par? En un cierto momento había docenas de idiotas con trajes y nombres ridículos. No solo desde tu lado, también desde el mío.

E: Dejar de ser un tipo corriente, diferenciarse del resto, es un gran incentivo para cualquiera. Al menos lo era. Aunque no fuera la razón adecuada para entrar a esto.

B: Y según el gran superhéroe ¿Cuál es la razón adecuada?

E: Sabes que si entras a esto, en algún momento te va a salpicar la mierda de la que está compuesta. Así que más vale que tengas razones más profundas que la vanidad, porque las vas a necesitar para seguir adelante.

B: Supongo que con mierda te refieres a los tipos como yo. Al menos ya admitiste que tenemos algo en común.

E: La diferencia está en el fondo, yo elegí entrar a las cloacas para limpiarlas desde adentro.

Las cloacas no son una mera metáfora para Espectro. Tuvo que entrar ahí en diversas ocasiones, sumergirse en las aguas negras para cazar a algún fugitivo. No importaba que pusiera debajo de su máscara, el olor siempre penetraba. Mientras más sofisticada se volvía la ciudad en su superficie, más inmundo era su sistema digestivo. Más de una vez pensó en quedarse afuera, al fin y al cabo, que peor castigo para un criminal que pasar un periodo ahí abajo escondiéndose. Pero siempre entraba y se quedaba todo el tiempo que hiciera falta hasta encontrarlo. Luego pasaban días sin que pudiera quitarse la peste, no podía ni siquiera comer por el asco que le daba el olor de su cuerpo. Odiaba las cloacas tanto como a los criminales. Cuando se juntaban, realmente se esforzaba por darle al capturado un castigo ejemplar por haberlo hecho entrar ahí.

B: Mejor sigue con la historia.

E: En resumen, había alguien poderoso a quien tenía que cazar desde hace mucho y ahora podía hacerlo.

B: Déjame adivinar: ¿Padres asesinados? ¿Novia violada? ¿Familiar inculpado injustamente? Sorpréndeme.

E: Un sujeto, amigo de mi padre, lo estafó y se llevó todo su dinero. Como bonus, el socio también se va con su esposa. Al poco tiempo mi padre ya no aguanta más la humillación que siente adentro y se cuelga en la sala de la casa. Al verlo, mi hermano mayor pierde la cabeza y va a matar al sujeto, por supuesto esto era predecible. El sujeto tenía nexos con la policía y ya lo estaban esperando Mi hermano murió asesinado en prisión poco después. Mi madre se volvió loca luego de eso y terminó en un psiquiátrico sin poder pronunciar palabra alguna. Así que un poco de todo en realidad.

B: Y tú te metiste al ejército antes de que te borren del mapa también. Que gracioso.

Espectro lanza su mano abierta y la aferra contra el cuello de Bassarav hasta romper su tráquea pero no se detiene ahí. Sigue aplastando y aplastando hasta que se encuentra con la columna cervical, hace un esfuerzo más y lo decapita. No. Por más que quiera hacerlo ya no tiene sentido. Mejor contar hasta diez y dejar de imaginarse cosas.

E: ¿Te parece divertido?

B: No, me parece gracioso que nuestras historias se parezcan. Yo también tuve que convertirme en Bassarav El Caos para ocultarme de gente que buscaba eliminarme, cuando solo era un tipo común. Aunque nunca lo supieron, esos asesinos luego terminaron trabajando para mí. Hasta recibieron balas por mí.

E: Antes la gente hacía eso. Estaban dispuestos a morir por alguien más.

B: No fue hace mucho. De un momento a otro pasamos de vivir en la humanidad que siempre conocimos, matándonos unos a otros, a esto.

E: Lo llaman utopía.

B: Me recuerda más a los muertos vivientes, sin ofender. Entonces, de ahí viene el nombre Espectro.

E: Necesitaba algo simple, que cualquier idiota pueda recordar y pasar la voz. No es de lo más original pero funcionaba.

B: La primera vez que escuché de ti, el sujeto que me lo contó, te decía Espíritu. Aunque no destacaba por su inteligencia.

E: Bassarav… el asesino de Vlad Tepes, el que traicionó al mismísimo Drácula.

B: Traté de hacerle honor al nombre. Aunque nunca fui un traidor, siempre preferí matar a mis enemigos de frente y preferiblemente en público.

E: Recuerdo cuánto me jodió cuando te sacaron en la portada de la Rolling Stone como si fueras una maldita celebridad.

B: La gente ama a los villanos en el fondo. Los héroes están muy lejos de ellos, demasiado perfectos.

E: Eso fue lo que me dijo ella ¿Lo sabías?

B: Nunca hablábamos de ti. Era un acuerdo tácito.

E: ¿Y nosotros vamos a hablar de ella?

B: Si te sirve de algo, podemos hacerlo.

E: ¿Por qué?

B: Tú ya lo dijiste. Pero en sus propias palabras: La hacías sentir como un parásito.

E: ¿Y tú? ¿Cómo la hacías sentir?

B: Pensé que esta conversación podría ponerse incómoda en algún momento pero no creí que sería por Amanda.

Dos de los sujetos más temidos que haya conocido esa ciudad están frente a frente en una mesa y siguen siendo malditamente intimidantes. Pero por debajo de sus máscaras ambos sienten una punzada al escuchar ese nombre. Se dice que las personas que han perdido un dedo siempre quieren tocárselo de manera inconsciente, sienten constantemente un cosquilleo donde estuvo el miembro amputado que nunca pueden aliviar. Algo similar ocurre con el corazón de ellos dos en ese momento.

E: Amanda. Nunca supe su verdadero nombre. Nunca quise saberlo.

B: Eso no importó demasiado ¿cierto?

E: ¿Qué quieres decir?

B: Nadie creyó que ella no sabía quién eras realmente. Te dejaste ver con ella muchas veces ¿Qué mierda pensabas que iba a pasar?

E: Siempre traté de proteger su identidad.

B: Eres un hijo de puta sin vergüenza. Nunca hiciste nada de eso y quieres seguir mostrándote como un héroe.

E: Ella se metía en problemas, yo la rescataba.

B: Es tan fácil no hacerte cargo de las responsabilidades cuando hay tanto ego que te recubre de ellas.

E: Bajo mi cuidado, nunca le pasó nada. Creo que no puedes decir lo mismo.

Un golpe bajo que penetra hasta las entrañas de Bassarav. Una bajeza por parte de Espectro. Pero una cosa es saldar cuentas sobre muertes y huesos rotos, y otra arreglar los cabos sueltos de un amor compartido.

B: No eras mi único enemigo, ni yo el tuyo. Pero sí que teníamos enemigos en común.

E: Ocelote.

B: La secuestró para que revelara tu identidad, tus refugios, tus armas, cosas útiles. Pero lo único que Amanda podía decirle eran las ridiculeces que una chica dice sobre su amor platónico. Entonces comenzó a torturarla.

E: ¿Y dónde mierda estabas tú para detenerlo?

B: Podría decirte lo mismo. O acaso solo la protegías cuando se acostaba contigo.

E: ¡Maldita basura! ¡voy a matarte!

B: Inténtalo. Así nos habrás matado a ambos. Supongo que es lo que querías después de que te dejó.

E: Jamás pensé eso. No tenía ira en ese momento. Tal vez algo similar a la decepción, pero una decepción conmigo mismo. Saber que alguien como ella me ponía a un nivel más bajo que tú…

B: ¿Y por eso no hiciste nada para rescatarla?

E: Nunca supe que estaba secuestrada.

B: Preferiste mirar hacia otro lado.

E: Sí.

La verdad duele mucho más cuando es uno mismo el que se da cuenta de ella. Reconocerla no representa ningún alivio, al contrario, luego de hacerlo queda claro que uno es un peor ser humano del que se pensaba hace un minuto atrás.

E: Ella no era ningún soldado para resistir torturas. Si hubiera tenido algo de información, la habría dicho. Ocelote no era estúpido, debió darse cuenta de eso.

B: Seguro se dio cuenta.

E: Si no le servía ¿Por qué no te la entregó?

B: Por supuesto que me la entregó. La dejó destrozada en la puerta como un ángel luego de su crucifixión. Tuvo el detalle de no matarla en su sala de torturas, la mantuvo agonizante para que muriera exactamente cuando llegara a mis brazos.

E: Y ahí empezó la guerra que bañó de sangre la ciudad.

B: ¿No habrías hecho tú lo mismo? Aunque fue bastante difícil encontrar a alguien que Ocelote quisiera para poder eliminarlo.

E: Venganza tras venganza. Fue el detonante para que se aprobara el Acta Violencia Cero y los programas de vigilancia.

Un río de sangre no alcanza para aplacar la sed de venganza de dos asesinos. Espectro no puede dejar de pensar que tiene mucha más responsabilidad en lo que pasó con el mundo de ahí en delante de lo que había creído. Cómo un amor puede traer tanta violencia. Cómo una pequeña irresponsabilidad, como haberse dado el lujo de querer a alguien con su máscara puesta, puede borrar los logros de su misión de vida. Durante esa guerra entre Bassarav y Ocelote sin duda murió más gente de la que él protegió en todos los años anteriores. No se diga de la que desapareció después producto del Acta Violencia Cero. Sus manos pueden no estar manchadas de sangre, pero su corazón sí.

B: Y nadie sabrá jamás que el destino de este mundo cambió tan radicalmente por la muerte de una chiquilla despechada, que se metió con la gente equivocada por darle celos a su ex novio.

E: Estaba pensando justamente en eso.

B: De todas las heridas horrorosas que recibí, ninguna se compara al odio que sentía cuando Amanda leía a escondidas noticias sobre ti.

E: Creo que es suficiente de ese tema.

B: Verdad.

E: No debí haber entregado a Ocelote cuando lo capturé.

B: Fue mejor así. Lo derivaron a un psiquiátrico de máxima seguridad y lo torturaron durante años, tratando de curar sus supuestos síndromes. Por supuesto no había nada que curar, simplemente amaba la violencia. Cuando me infiltré para matarlo y vi su miserable existencia, supe que la muerte sería un favor que no merecería.

E: Por Amanda.

B: Por Amanda.

E: ¿Qué ocurrió con los otros?

B: Todos desaparecidos, algunos murieron en su ley y a otros solo se los tragó la tierra ¿Por tu lado?

E: También. A algunos les ofrecieron amnistías y puestos de oficina en el gobierno central, pero solo fueron carnadas.

B: Tú continuaste.

E: No supe darme cuenta que no había hacia donde continuar, pero en ese entonces seguía creyendo que era indispensable.

B: Entre tanta muerte uno debería saber que nadie lo es.

E: Con el tiempo dejaron de haber muertes. El Acta lo cambió todo… pero lo que hacían era terrorismo de Estado contra su propia gente, aunque en ese momento no lo supe ver así.

Para Espectro el terrorismo es causar miedo permanente en la población. Es contra lo que siempre combatió. Su misión en la vida fue que la gente estuviera tranquila en las calles. Siempre pensó que la única causa de esto, eran los criminales como Bassarav. Jamás creyó que el Estado pudiera hacer lo mismo, pero eso fue lo que hicieron, disfrazado de protección. Les enseñaron a tener miedo por su propio bien, para que estén tranquilos. Aquella contradicción era algo que aún no lograba entender del todo. Si habían logrado que la gente viviera tranquila por qué sentía que había algo realmente malo con eso.

E: Uno puede regresar a ver el inicio del camino pero nunca sabe donde va a terminar.

B: ¿Cuándo decidiste dejarlo?

E: Fue poco a poco, cada vez había menos por hacer y más persecución policial. Pero lo que terminó todo fue la mirada vacía de una niña.

B: Una niña mató al implacable Espectro, la habría contratado desde un inicio.

E: Ya no recuerdo cuál era la posible amenaza de la que quise rescatarla, solo me acuerdo de sus ojos. Me miró con tanta extrañeza, sin entender porque usaba una máscara y porque estaba interviniendo en su vida perfecta. Por primera vez alguien me hizo sentir ridículo. Miré a mi alrededor, y luego de veinte años de estar en las calles, me di cuenta que ya nadie quería que lo rescaten. Cuando uno vive obsesionado por algo, piensa que a los demás también les importa tanto como a ti. Nunca me di cuenta que ya solo estaba cazando fantasmas… que yo mismo era uno de ellos.

B: Todo monitoreado, todo resguardado. La última vez que traté de cometer un crimen, escapé antes de llevarlo a cabo. Sabía que iban a capturarme. La única esperanza de vivir, era desaparecer.

Por primera vez en la vida, Bassarav sentía empatía por Espectro. Un sentimiento complejo que no está acostumbrado a tener. Siempre sus pensamientos hacia él habían sido más simples: Odio, frustración, rivalidad. Ahora ve a un hombre al que le quitaron el asiento en este futuro perfecto. Un millonario convertido en vagabundo, que debe ver la función desde afuera, cuando fue él quien comenzó a construir el teatro con sus manos desde los cimientos.

B: El mundo se fue a la mierda cuando dejó de creer en superhéroes. Quemó sus ilusiones. Ahora todo es una enorme habitación blanca.

E: Terminamos desapareciendo como las malditas hadas.

B: Transformados en criaturas mitológicas.

E: En animales extintos.

B: ¿Piensas que nos borrarán de la historia?

E: Ya lo hicieron, nuestra historia solo existe ahora mismo y en esta mesa.

B: Este sería un momento famoso si lo hubiéramos hecho cuando a alguien le importaba.

Los enemigos, declarando que el partido ha terminado, intercambiando camisetas como en los deportes de otros tiempos. Se quitan las máscaras y se las entregan mutuamente. Qué viejos están sus rostros, tiene sentido que quieran cerrar el pasado e ir a morir en el olvido. De todas maneras, no les queda otra opción. Pero mucho de lo que dijeron es verdad. Esta versión de la humanidad está perdida, cayó en un espiral que ya no puede detenerse. Convertidos en esclavos de un miedo que ya no saben ni como se siente porque se convirtió en Lo Normal. Y sin miedo tampoco hay vida.

E: Por cierto ¿Cómo lograste encontrarme? Pasé años sin que nadie pueda localizarme y espero que se mantenga así.

B: Estaba por preguntarte lo mismo.

E: Tu carta.

B: La tuya.

E: Creo que no estamos solos esta noche.

Los rápidos pasos de botas pesadas suenan como una marcha de guerra que entra al interior del restaurante. Soldados, muchos de ellos. Héroe y villano se devuelven las máscaras y se quitan los abrigos. Sus trajes, aunque desgastados, están listos para ser usados, siempre lo estuvieron.

La verdadera identidad no es con la que se nace sino con la que se elige vivir.


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