Revista Comunicación

Gilgamesh

Publicado el 17 febrero 2019 por Universo De A @UniversodeA

Imprescindible viaje a los inicios de la narración

Cartel de la obra

Sinopsis y ficha técnica

El pueblo de Uruk tiranizado por el Rey semi legendario  Gilgamesh, pide a los dioses que envíen un salvador que libere a los habitantes  del dominio del caudillo. Estos crean a Enkidu, un ser igual en fuerza a Gilgamesh. Aunque Gilgamesh es vencido por Enkidu, se hacen inseparables  amigos y emprenden un viaje en busca de la gloria, en el que se enfrentan a criaturas mitológicas, desafian el designio divino. Los dioses deciden castigarles, así  enferman a Enkidu.  Gilgamesh solo y aterrado ante la idea consciente de su propia mortalidad emprende un viaje en busca de su antepasado Utanapisthim, quien sobrevivió al diluvio, con el fin de que le revele el secreto de la inmortalidad.

Género:  Drama
Duración: 95 minutos
Reparto: Ángel Mauri, Alberto Novillo, Alfonso Luque, Macarena Robledo, Irene Álvarez
Dramaturgia y dirección: Alex Rojo
Asistencia de dirección: Mariana Kmaid Levy
Espacio escénico: Alex Rojo y Alberto Romero
Iluminación: Carlos E. Laso
Música original: Alex Rojo
Diseño de vestuario y ambientación: Alex Rojo y Alberto Romero
Con la colaboración de Casa Árabe

Comentario previo

Encontré la atención al público aceptable, y el programa de mano, pese a sus lógicas limitaciones de espacio, sumamente bueno, de hecho, probablemente, uno de los mejores que haya editado el Fernán Gómez.

Y ya que comienzo hablando del teatro, me gustaría comentar que el programador tiene claras tendencias o intereses en la cuestión LGTB+, pues sólo hay que ver como han cambiado las obras en cartel de las que había hace unos años, y que, esa cuestión se ha empezado a tratar, de manera más o menos explícita, en una buena parte de lo programado (esta obra de la crítica inclusive, aunque en principio no se prestaría para nada a ello; sin embargo, el convertir la hermandad entre los dos héroes protagonistas en una relación amorosa homosexual, los semidesnudos masculinos -el trabajado cuerpo de Ángel Mauri, a pecho descubierto toda la obra, no parece haber sido escogido por casualidad- y en cambio no femeninos… etc, hacen la cuestión más que evidente). Ello, de momento, no tiene nada de bueno o malo, abrir la programación a diversas cuestiones y gustos siempre está bien, pero un abuso de ello podría condenar al teatro, puesto que tendría un componente sectario y adoctrinador de lo más desagradable que puede poner a gente en contra. Dicho de otro modo, abrir nuevos horizontes, sí; dar la mano y coger el brazo, no.

Y dicho esto, paso al objeto principal de este artículo que es la….

Crítica

Cualquiera que haya leído textos antiguos (Ovidio, la Biblia… etc) sabe lo inmensamente complicado que es (quizás, algunas buenas ediciones actuales de filósofos clásicos se libran un poco de eso), e incluso, aunque en estos casos solemos leer traducciones (y por tanto, el traductor ya se ha ocupado de refinar el lenguaje y acercarlo a nuestra época; aunque bueno, eso siempre depende de las decisiones del editor, ya sabemos que hay ediciones críticas con notas que son más largas que el propio texto original, que se ha dejado casi tal cual en todo lo posible y por tanto hay que aclarar casi cada palabra) que siempre es más sencillo que leer originales (probad sino a leer, por ejemplo, en nuestro castellano, el “Cantar del mio Cid”… y este texto no tiene miles de años encima, es sólo de la edad media), lo cierto es que sigue si ser una tarea fácil, lo cual se debe a muchas razones: 1, el lenguaje: que es totalmente distinto al nuestro, la lengua evoluciona constantemente (sólo hay que ver los cambios que ha introducido la RAE desde que hemos estudiado hasta ahora), y tanto la gramática, como incluso el vocabulario, cambian enormemente, estructuras sintácticas o palabras muy comunes en el pasado, hoy nos resultan simplemente inimaginables o desconocidas; 2, la forma de la narración: todos hemos escuchado historias de la Biblia o de otras mitologías, pero, cuando vamos a las fuentes originales, podemos descubrir con decepción que no son lo mismo, no hay descripciones, la estructura narrativa no es la clásica, los personajes están mal definidos y en general suele resultar caótico y con muchos cabos sueltos; en definitiva, está totalmente alejado de lo que conocemos y de cómo estamos acostumbrados a que nos cuenten historias, pues sus incoherencias y faltas de cohesión, además de la dificultad del texto en sí mismo, debido las características antes mencionadas, hacen de esta lectura todo un esfuerzo. Sin embargo, a pesar de todo lo antes comentado, sí diré que en esta cuestión, como en todo lo que merece la pena en la vida, hay que tener paciencia e ir acostumbrándose a ello, y una vez que se consigue, ya se logra una mayor fluidez y facilidad para alcanzar una buena comprensión de estos textos.

Por todo ello, considero que Alex Rojo hace un trabajo maestro, de tomar nota y coger como referencia, a la hora de adaptar el poema épico que se considera la obra literaria más antigua del mundo. El único defecto que podría achacársele es no haber mantenido la versificación, pero, francamente, me parece peccata minuta en comparación con todas las virtudes que tiene su texto, las cuales demuestran una gran inteligencia y versatilidad. Así, Rojo navega en todo momento entre hacer una obra contemporánea, comercial y accesible al público, con mantener la esencia del original, y la verdad, sale totalmente triunfante.

Ciertamente, el texto de Rojo no trata de cambiar el original y adaptarlo a la narrativa clásica para que sea más accesible, sino que mantiene sus inconexiones, estructura narrativa tambaleante, superficialidades, personajes apenas esbozados, los diálogos no son complejos ni profundos (no es necesario, ello se tiene que buscar en la esencia de la historia)… etc, pero a la vez, le da el necesario toque teatral y de accesibilidad para el público de hoy día.

Si a eso le unimos su sabia dirección, nos encontramos que sentimos como si estuviésemos haciendo un viaje en el tiempo y fuésemos uno de esos sumerios a los que les transmitían la historia oralmente. Ciertamente, Rojo en esto se toma concesiones, como el incorporar varios actores (cinco en total) para que el traspaso a  la escena dé resultado y que no aburra al espectador contemporáneo, pero, igualmente, tenemos ese gozoso sentimiento de vuelta al pasado.

También debo destacar las muy salientables escenas de acción (no numerosas pero sí llamativas), algo, la verdad, muy poco habitual en el teatro, que le da a esta obra un extra de originalidad y unicidad, y aumenta la verosimilitud del relato.

En definitiva, Alex Rojo hace un trabajo absolutamente brillante y prueba un gran talento. Me parece casi imposible adaptar mucho mejor la epopeya de Gilgamesh; sin duda, este es un montaje de referencia.

Por lo demás, la puesta en escena es extremadamente simple y básica, aunque, la verdad, tampoco se necesita que sea de otro modo, puesto que si no se anularía la magia de la evocación de la narración oral, el medio más antiguo de comunicación de masas que existe. Sin embargo, una vez más, hay concesiones, como los múltiples cambios de vestuario que ayudan a evocar distintos personajes y a situar mejor a un público contemporáneo, y que, una vez más, no se busca un vestuario espectacular que deslumbre al espectador, sino uno sencillo, incluso pobre, que se pudiese transportar de lugar en lugar, de modo que se evoca mejor lo ya antes comentado. Lo mismo pasa con los elementos de atrezo, que bien podrían haberse usado en la época para contar la historia. Verdaderamente, hacen un portentoso trabajo optando por esa simplicidad intencionada, estudiada y claramente simbólica (posiblemente también forzosa, pero, francamente, han sabido hacer de la necesidad una virtud. En definitiva, lo que vemos en el escenario, en nada desentona (o al menos no de forma evidente) con el mundo y la época que se quiere evocar, y eso, verdaderamente, está muy bien hecho.

Sólo queda hablar de los actores, todos los cuales están muy bien (quizás Alberto Novillo es el que queda peor, tiene varias escenas dramáticas que desaprovecha bastante, además de que, al estar un poco fofo, desentona con el protagonista) y tienen gran posibilidad de lucir su talento, debido a que, excepto el actor principal, todos ellos interpretan distintos personajes, tarea en la que les encontré sumamente versátiles, pues aprecié muy bien como cambiaban gestos, voces, movimientos entonación… en definitiva, hacen un magnífico trabajo (por otro lado, teniendo en cuenta la calidad del trabajo de Rojo, antes analizada, estoy seguro de que también es un excelente director de actores). Quiero destacar de entre todos ellos especialmente a Ángel Mauri, en el papel de Gilgamesh, que consigue recrear totalmente el personaje gracias a un físico y un talento dramático que se combinan a las mil maravillas (aunque confieso que, según empezó la función y lo vi, pensé: “vaya, otro musculitos que se cree que sabe actuar”, por supuesto, no demasiados minutos después, tuve que retractarme por completo de esas palabras).

Por otra parte, desgraciadamente, la publicidad diseñada para la promoción de esta obra no le hace justicia: ni el cartel ni las fotos reflejan lo suficientemente bien lo mucho que merece la pena la experiencia de acudir a esta producción; aunque, la verdad sea dicha, es una obra muy difícil de publicitar. Tal vez debieron haber elegido usar obras de arte para el cartel, creo que hubiese dado mejor resultado y creado más intriga.

En definitiva el “Gilgamesh” que se presenta en la sala pequeña del teatro Fernán Gómez es un esencial de la cartelera teatral madrileña, una oportunidad única que no debería dejarse escapar. Bien es cierto que, a pesar de la magnífica adaptación de Rojo, no deja de tener su complejidad y nos pide que hagamos un esfuerzo para comprenderla, pero realmente vale la pena entrar en el juego, dejarse llevar y participar en él… de verdad que sí. Concluyendo, creo que es la clase de producto cultural de obligatorio visionado, porque, independientemente de que nos guste más o menos, aportará mucho a nuestro bagaje cultural, y, por otro lado, como ya he dicho, la hora y media que dura, será como subirnos en una máquina del tiempo a varios milenios atrás.

Escena de la obra
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Gilgamesh
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