Cantad, cantad, malditos.
¿Una serie sobre unos adolescentes americanos, miembros del coro del instituto, que se dedican a cantar por los pasillos del centro a la vez que practican imposibles coreografías? Por el amor de Dios, ¡que venga alguien y me arranque el corazón con sus propias manos para evitarme tan magno sufrimiento! Algo tal que así debía ser lo primero que me pasó por la cabeza al oir hablar, de esta serie, por considerarla, en un primer momento, un intento a la desesperada de seguir exprimiendo la fórmula que tan buenos dividendos dio con High School Musical. Evidentemente, como suele ser costumbre en mi persona, una vez más, estaba equivocado porque esto es otra cosa. Esto es glee.


La serie arranca cuando el profesor de español del instituto se hace cargo de las riendas del club de canto al cual perteneció en su época de estudiante. A pesar del entusiasmo inicial, el tutor rápidamente se dará cuenta de que los tiempos han cambiado y que en lo que antaño era un club lleno de gente molona actualmente no pasa de ser un reducto de parias sociales. La cosa cambiará debido, en parte, a dos motivos esenciales: el ingreso del capitán del equipo de fútbol americano, el tipo más popular del instituto y pareja de la animadora jefe (que a su vez es la presidenta del club de castidad de la escuela) y el ingreso de tres de las animadoras, con la oscura misión de sabotear el club desde dentro obedeciendo órdenes de la entrenadora de animadoras, a quien le han quitado parte de la subvención anual en beneficio del club glee.

Precisamente el personaje de Sue, la malhumorada entrenadora de las animadoras, y probablemente el mejor de toda la serie, nos sirve para entender como funciona la creación de personajes, pues no deja de ser un personaje clásico y estereotipado hasta la médula, pero que, en este caso, han optado por exagerar hasta el extremo, lo que acabará provocando las situaciones más cómicas (especialmente potenciadas con su guerra particular contra el club glee en general y su tutor en particular). A partir de aquí se va completando el elenco: el capitán del equipo de fútbol de bueno es tonto, la estrella del club es una niña creída que se sabe una estrella en potencia (su concepción de la vida es: " hoy en día ser desconocido es peor que ser pobre "), la psicóloga de la escuela (perdidamente enamorada del profesor de español) tiene un evidente desorden obsesivo con la higiene, el entrenador de fútbol americano es lo más parecido que se pueden encontrar a un saco de patatas y, evidentemente, la jefa de las animadoras es terriblemente malvada y calculadora. Suma y sigue. Es cierto, nada nuevo bajo el sol, pero las caricaturas en las que se acaban convirtiendo funcionan, y mucho.



