Revista Cultura y Ocio

Gota fría – @ASorginak

Por De Krakens Y Sirenas @krakensysirenas

Paseando por la calle, con el cuerpo dolorido por las agujetas producidas por un exceso de baloncesto, me dedico a observar a la gente en su rutina, viendo cómo actúan, cómo hablan, cómo reaccionan a los estímulos externos, o cómo, sin venir a cuento, toman decisiones que pueden cambiar sus vidas, o las de otros, en un momento determinado.

El calor es asfixiante y el sol golpea de pleno contra mí. Creo que no sudo más porque no queda más líquido en mi cuerpo. La camiseta se me pega a la piel y se me empañan incluso las gafas de sol.

Hay gente sentada en los bancos, a la sombra, gente que camina de prisa, gente que cruza la calle sin mirar a ambos lados antes. Hay gente que grita a sus niños que juegan en el parque. Gente que conversa animadamente botellín en mano. Gente que fuma. Gente que mira. Incluso gente que camina con expresión ausente y mirada vacía.

Estoy seguro de que todos ellos tienen una historia, un algo en su mente. Bueno. Malo. ¿Quién sabe? Y, es más, ¿qué importa? Al fin y al cabo todos necesitamos ese algo, esa chispa que nos impulse a vivir. Esa motivación para levantarnos cada mañana. Algunos lo llaman “objetivos”. Yo prefiero llamarlo “ilusión”. Y sin esa ilusión, cualquier esfuerzo es vano, inútil y carente de sentido. No importa cuánta fuerza tengamos en las piernas para caminar, si no sabemos hacia dónde hacerlo. No importa.

Me paro a observar a una mujer. Mayor. Rondará los 55-60 años. Camina apoyándose en una muleta, y porta un vestido típico de su edad, largo hasta debajo de la rodilla, con cuello cuadrado y estampado de flores verdes y azules. Acaba de despedirse de una amiga de más o menos su misma edad, que se ha metido en su portal, y ella camina lastimosamente de regreso a su casa. Pero algo hace que me fije en ella, que pose mi mirada en lo que hace. De pronto se para, y, como si le fuera la vida en ello, se pone a arrancar todos los carteles que hay pegados con cinta adhesiva a la farola. Quizá por ese gesto, a aquel le cueste más alquilar la habitación, o a aquel otro vender su plaza de garaje. Pero eso no es lo importante. Lo importante es… ¿por qué?

¿Qué ha motivado que esa señora se ponga a arrancar los carteles? No creo que le molesten, la farola no está frente a su casa, ya que no hay ningún portal frente a la farola. Tampoco creo que piense que son estéticamente incómodos, y estoy seguro de que no es por tener la ciudad más limpia, ya que ni siquiera se preocupa en tirar a la papelera lo que va arrancando… Los arranca con una mano, y los va dejando caer al suelo, llenando toda la acera de carteles rotos.

Vuelvo a lo mismo de antes. Son motivaciones. Siempre hay un porqué para todo.

Llevo muchos años diciendo que no creo en la casualidad, si no en la causalidad. Causa – efecto. Todo sucede por algo. Todo ocurre porque tiene que ser así. Porque algo lo ha suscitado. Porque es la consecuencia de algo. Siempre, siempre hay un porqué.

Y estos días, estoy dándole muchas vueltas a ese porqué. A muchos porqués.

¿Por qué hay gente que tras meses de desaparición se empeña en volver a entrar en tu vida, devolviéndote una chispa de ilusión, para acto seguido, volver a salir de ella? ¿Por qué las cosas nunca suceden como las planeamos, si no de la manera diametralmente opuesta a lo pensado? ¿Por qué cuando menos te lo esperas el azar te guiña un ojo, pero no acaba de ser una sonrisa completa? ¿Por qué nunca ha parado de llover? ¿Por qué…?

Y ahora diréis… ¿cómo que nunca ha parado de llover? Siempre que ha llovido, ha escampado. De hecho, ahora mismo no llueve, lo cual, quiere decir, que la última vez que llovió, paró. Así que sí, ha parado.

Os voy a trasladar a otra situación. Supongamos por un momento que estáis, en este preciso instante, en mitad de una gran tormenta. No ha parado de llover, pues aún sigue lloviendo. Y claro, lógicamente rebatiréis con un: “Ya parará”. ¿Por qué estáis seguros de ello? “Porque siempre que ha llovido, ha escampado.” Bien, de acuerdo. La experiencia nos dice que siempre que llueve acaba parando. Pero, ¿quién o qué os asegura que esta vez también va a ser así? Ahora mismo llueve, y lo único que podemos asegurar con total certeza es que llueve. No que vaya a parar. Es cierto que siempre ha parado, pero siempre hay una primera vez para todo. Y, ¿si esta fuera esa vez en la que ya nunca más escampe? ¿Y si la tormenta no cesara jamás?

Solo es una posibilidad. Remota, pero posibilidad.

En mitad de esa tormenta, estoy yo. Lleva mucho tiempo cayendo a plomo contra mis cansados huesos, y yo trato de aferrarme a que en algún momento escampará, pero… Puede que se trate, esta vez, por primera vez, y como vez definitiva, de la tormenta que no cesa…

Visita el perfil de @ASorginak


Volver a la Portada de Logo Paperblog