Revista Opinión

Gritos que piden justicia

Publicado el 27 septiembre 2013 por Franky
En estos momentos de fatiga e inquietud, todo hombre de bien ha de interesarse por la regeneración de la política y esforzarse en conseguir el bien común del pueblo; puede ser un auténtico programa político. El Papa Francisco recomienda insistente la idea del “diálogo, diálogo, diálogo” a los dirigentes de este mundo siempre que entablan contacto con él; es el pilar básico que les propone sobre el que construir la convivencia pacífica entre los pueblos, la sociedad y la familia; a los que ostentan el mando y poder político, cultural o religioso, les advierte, que el futuro exige “una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza”. Su locución, contra lo que algunos han apuntado, desde el principio, sigue la pauta de la doctrina social de la Iglesia, que recorre las encíclicas sociales de los dos últimos siglos; siempre la Iglesia ha condenado los abusos, las injusticias y los ataques a la libertad; ha instado a trabajar por la defensa y promoción de los derechos del hombre.

Francisco, que ya había expresado su concordancia con las aspiraciones de los jóvenes, hizo patente su repulsa tanto de la “indiferencia egoísta”, como de la protesta violenta, para abogar en cambio por el diálogo; su discurso ha coincidido con la línea maestra de algunas de las reivindicaciones de los colectivos, que han alzado sus voces de protesta en Brasil en los últimos tiempos. Los que manejan las pautas del poder tienen la obligación de aunar su compromiso social, especialmente con las nuevas generaciones; han de “responsabilizarse de su formación, para que sean capaces en los asuntos económicos y políticos y firmes en los valores éticos”.

Es preciso que la sociedad reaccione y cortando por lo sano tome las riendas, para instar la rehabilitación de la política, que el futuro reclama, pues, sin duda, la política es una de las más altas formas de practicar la caridad, solidaridad y entrega al prójimo. Es preciso trabajar, para que a nadie le falte lo necesario; el temblor de la incertidumbre lacerante recorre hoy nuestras calles con la carga de nuestros miedos y problemas, con nuestros sufrimientos más profundos del paro. Francisco se une a todas las personas que sufren hambre en un mundo que cada día tira toneladas de alimentos; se une a quien es perseguido por su religión, por sus ideas, o, simplemente, por el color de su piel; en la cruz, nos puede dar: la certeza del amor indefectible de Jesús, ese amor será el que asegure a ”todos la dignidad, fraternidad y solidaridad”; es el camino que conduce a acabar con “los gritos que no cesan de pedir justicia”.

Hay que regular adecuadamente la financiación de los partidos, para evitar que se produzcan casos escandalosos corruptelas como los de FILESA, Banca Catalana, Mercasevilla, ERE andaluces, Gürtel, Pallerols, Palau, Campeón, ITV o tesorería del Partido Popular. Igual hay que hacer con la financiación de los Ayuntamientos, para impedir las manipulaciones de los planes de Urbanismo, a las que recurren los municipios para financiar la gestión de los servicios municipales y facilitar el lucro de ediles y partidos. Es preciso reducir el número de empresas públicas, que son innecesarias, deficitarias y exentas del control de interventores y Tribunales de Cuentas. Finalmente, conviene recortar el régimen privilegiado de la casta política, las inmunidades e incompatibilidades en el campo jurídico, las dietas, pensiones, consejos de administración y otras prebendas y canonjías en el económico y los sobresueldos, bonus y blindajes de la oligarquía empresarial, que resultan obscenos, hoy y siempre. Urge superar la crisis de valores existente, recuperar la ejemplaridad y lograr un cambio de mentalidad que permita la regeneración ética de la política y de la economía.



C. Mudarra


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