Revista Cine

Habitación en Roma: deseo y realidad

Publicado el 18 mayo 2010 por Evagp1972


Habitación en Roma no es “una película”. Es una obra de arte que va a herirnos con su belleza y su capacidad, inagotable, de sentido(s). Alba y Natasha (para siempre Natasha-ssssha) empiezan su relación desnudándose. Se observan con detenimiento. Se ven distintas, pero iguales. Quizá una diferencia: la experiencia de una, la iniciación de otra. Otra, convencida que puede acercarse a la llama, y no arder.

No están desnudas, sin embargo. Han caído los vestidos, pero el ocultamiento persiste, porque persiste el miedo. Inventaré mi nombre y mi pasado, tomaré prestadas las vidas de otros, verás tan solo un reflejo de mí. Escucharé tu historia, mas no dejaré que me roce. ¿Por qué debería sufrir?
What’s in a name? That which we call a rose with any other name would smell as sweet. Shalkespeare lo dijo; Alba y Natasha lo demuestran. Ante el llamado del deseo, qué importa el nombre. Un puñado de letras, nada más. Qué importa el pasado. Un puñado de recuerdos, inútiles. La orgullosa identidad esconde su rostro llena de vergüenza. La vida es aquí y ahora. El reto es dejarse llevar.
Natasha empieza su iniciación llena de prejuicios. Cree que está viviendo una situación anómala, un juego de niñas que podrá mantener bajo control y en secreto -keep it in the closet -y que en unas horas regresará a su vida. Y, por supuesto, en su ignorancia está convencida de saber exactamente qué le complace.


Ja. Pobre rusita.No contabas con el placer, Natasha. No contabas con el cuerpo. Pensaste que tus largas piernas podrián llevarte lejos, tan lejos. Y sin embargo...Contemplad sus ojos después de experimentar, por vez primera, su primer orgasmo con otra mujer: Sorpresa. Descubrimiento. Ah, Natasha.


Poco después, en la voz y en la mirada de ambas, anidará el miedo. En primer lugar, el miedo a enamorarse. Saberse al borde del abismo, y sin embargo... Pasar la frontera que separa la entrega de un mero reflejo  a la entrega total de [email protected] [email protected] En segundo lugar, el miedo a someterse a una fuerza que nos sobrepasará hasta el punto de cambiar nuestro futuro. Quizá para arder gloriosamente un instante, y caer. 


Decía al principio que Habitación en Roma no es “una película”. Tampoco es un dramón. Porque lo fácil hubiera sido eso. El romanticismo ñoño de un Romeo y Julieta. O el porno que [email protected], confesadlo, estábais esperando. Pero Medem huye de lo fácil, porque la facilidad es la antesala de la banalidad, y por tanto del fracaso. Esto es arte. Aquí hay intensidad, belleza, poesía en imágenes. Hay una flecha clavada y agua ensangrentada que os harán saltar las lágrimas. Recuerdo esa flecha y me estremezco aún, cuánta belleza.


Nada tienen Alba y Natasha contra los hombres, pero – oh, escándalo- tampoco necesitan que las penetren. Ni siquiera un triste consolador. Necesitan sus piernas, sus dedos, su lengua y sus labios. Necesitan la piel, entera. La piel y el agua; libera la primera, limpia y regenera la segunda. Una vez liberadas por obra y gracia del cuerpo, han de pasar el bautismo del agua. Alba y Natasha se duchan, por separado primero, juntas después, entrelazadas más tarde en la bañera. Como el Papa se humilla limpiando los pies de sus obispos una vez al año, así se humilla Alba besando los delicados pies de Natasha tras la ducha compartida. Ambas se limpian, la una a la otra, de toda la carga emocional que llevan consigo. De los antiguos prejuicios. De los secretos de familia. De la culpa propia, y la que para siempre compartirán. Su abrazo no les da sólo placer: también les da consuelo. Son dos seres nuevos, renacidos no por casualidad en la capital del Renacimiento.


Son de fuego, mas...¿será su llama incombustible? Lo que ha florecido oculto en el silencio de la noche, en el huerto cerrado de esa habitación en Roma ¿resistirá la luz del mediodía? El mismo móvil cuya llamada nos une hoy es el mismo cuya llamada nos recuerda, al amanecer, la existencia de un mundo real, ahí fuera, que nos exige a diario la traición al ideal. El móvil de Natasha, precisamente. Ella es la que duda, porque tiene -eso cree - más que perder. 


La duda y la elección. El riesgo o la seguridad. Exponerse a ver atravesado el corazón, o la asepsia. En algún lugar del mundo, [email protected] tenemos [email protected] [email protected] [email protected] esperándonos en otro hotel. En el  lado de la luz. El que teme a las sombras. La vocecita en nuestro móvil interior que nos susurra, bienintencionada, que la locura es pasajera, que no hay buenas razones para arriesgarse y sufrir. En algún lugar del mundo, sin embargo... sigue existiendo un balcón donde ondea por [email protected] una bandera blanca. 


Web oficial de Habitación en Roma
Primeras imágenes de Habitación en Roma
Banda sonora Loving strangers


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