Revista Opinión

Haití, un país fallido, sin unión y sin fuerza.

Publicado el 02 diciembre 2019 por Solitarios Invisibles @belzinvisible

Haití, un país fallido, sin unión y sin fuerza.

Haití.. o patria de los sin techo de un gobierno auténtico que siguen durmiendo, anestesiados políticamente y muchos drogados por el simple ejercicio de olvidar su desgracia convertida en pesadilla, sin pensar en ellos mismos y sin apenas porvenir para seguir respirando sosegadamente.

Existen cinco clases de "animales" : mamíferos, pájaros, peces, reptiles, anfibios, y entre los mismos reconocidos se encuentran los salvajes, ya sean por domesticar y los "fieros haitianos", con columna vertebral para soportar su pesada carga de ser ignorado, adaptado y adoptado visceralmente desde una marginación ya en el diagnóstico prenatal, asumiendo una insensatez probada y supuesta maldad sin exorcismo religioso, que a buen seguro pudiera haber sido inoculada a través de los años sin mucha oposición, por parte de los esclavistas que todavía hoy recorren las rutas dominicanas, cargados de obreros " low cost " a partir de las cinco de la madrugada hasta bien entrada la noche, de lunes a sábados todos los días del año, incluso feriados.

Haití, un país fallido, sin unión y sin fuerza.

Cualquiera de los anteriormente "animales" citados ( es una expresión que no pretende ofender a los aludidos en su contexto ) pueden hacerte daño, aunque probablemente el reconvertido en mascota pudiera ser dócil y por una cuestión sentimental de quien le alimenta y acaricia, sin duda sería el de menor agresividad en comparación con los demás, mientras que los otros, por carecer de sentimientos transversales por su condición natural indómita o mermada para defenderse de un clima hostil lo son, mientras que el último ensamblado como " homo erectus ", podríamos decir que correspondería a un espécimen todo lo alejado de una vía de extinción paralela al consumo legitimo de la vida normalizada, en el que prevalecerían rasgos muy severos de su inconsistente adoctrinamiento social, marcado por una ley fija basada en su necedad como primer condicionante de ataque y defensa obstinado, con un eslabón de ruindad manifiesto e incontrolable de agresiva perversidad machista, aunque femenina haberla hayla también, como complemento de sus piernas, brazos y una cabeza algo "hueca" y alocada, que ante la falta de un cromosoma sensible, no ejercita ni por un casual la más mínima reflexión, y la poca que pudiera existir sigue deteriorada por una extraña fatiga mental genética inducida por el miedo, que progresivamente le empobrece, y le transporta a una vacía sala oscura acomplejada de la nada, en cualquier caso desvencijada de recuerdos, derechos, obligaciones y contribuciones por lograr avanzar en su presente más inmediato, convertido en la frustración de lo nimio y absoluto que se adereza de una mezquindad intolerable por la irritación que a diario recibe, que la asumen con estoicismo y naturalidad como un "valor" añadido, por su clásica aceptación del menosprecio como ser, portando un invisible rol de poseedor de todos aquellos caracteres despreciables, caprichosos y poco reivindicativos, que repudia una sociedad actual y tolerante, excesivamente permisiva con los "clientes" que entran y salen de un "cotolengo" anónimo de inverosímiles conductas y reacciones dolosas e inapropiadas.

Haití, un país fallido, sin unión y sin fuerza.

Haití, un país fallido, sin unión y sin fuerza.

El mundo haitiano se nutre de una gastritis crónica por su inmadurez cuestionada y una ansiedad como sustento emocional, siempre por alimentar la devoción a conseguir todo aquello que brille o aparezca dorado, que le recuerde al oro y al diamante, lo que le induce a "delinquir" a muchos, demasiados, por acumular y dominar, con mucha trampa y cartón, la apariencia bajo el paraguas de la utilización del embuste innecesario en su " modus vivendi", epidérmico y relleno de un tono empírico indescifrable, de todo lo que hace, tanto familiar como laboral dentro de un principio básico, de incredulidad y maléfico de su contrariada vida, inmersa en un disfraz de realidad victimista, sin faltar para lograrlo del todo, como el ejemplo burlesco de que los pantalones estén muy por debajo de los calzoncillos al andar con una gorra con visera al revés, creyendo ser protagonistas del origen amorfo de una actual forma de ser, atesorada por el ridículo de una fraudulenta creencia y hechizante magnetismo al que revisten con una música frenética, de todos y cada uno de sus sentidos para sustraer, sin cribar la perdida y el beneficio de su memoria, de todo cuanto toca y mira, sin descartar la nula experimentación de sus actos, no exentos de un derroche inconexo de dar mayor explicación a un cúmulo de adversidades buscadas y socorridas, por cuanto de alguna manera prolífica, hace que quienes se acerquen a ellos terminen tarde o temprano por arrepentirse, pues llegan a ser tan devastadores, demoledores y aberrantes sus simplezas, que ni siquiera son capaces de reconocer sus contradicciones para medir el perjuicio y la desconfianza que causan, no para si mismos, sino más bien para su entorno más cercano, haciéndolo dentro de una rutina que los distingue y a la vez les hunde en una esfera opaca, sin salida en la que incuban deformidades mentales y enfermizas pesadillas vengativas, con una intelectualidad "O" que cercena el reinicio de un mero aprendizaje educacional y ya sin ningún efecto placebo de corrección, ni siquiera modesto o humilde para aprender sobre el bien y el mal, lo correcto o lo impropio, el ser o no ser, sin olvidar las cuatro reglas para aprender a sumar, restar e imposible dividir, pues ni tan siquiera llegan a la conclusión de saber que existen otras respuestas y alternativas, tanto verbales como aritméticas, quizás debido a la sazón de haber sido concebidos por el hecho notorio y fortuito de un significado placentero casual de alto riesgo, por supuesto.. indisoluble del resultado de un coito fracasado en su experimento de procrear harto irresponsable, cuyo producto en casi todos los casos es repetitivo, ergo numeroso, que se envilece de una reseña inexacta de identidades personales con nombres y en la mayoría de las veces sin apellidos ni reconocimientos paternales, demostrando que por cada vuelta que dan las manecillas del tiempo, metafóricamente ellos, inconscientemente se aferran a las mismas para evitar frenar su evolución como personas pensantes, alejadas del " homosapiens" y mucho menos para saber el día, mes, año y hora que les tocan vivir igual que a los demás como seres de la creación, que pululan y no vegetan en este perro mundo como lo entienden ellos, confundiendo un vertedero con un jardín de flores, unos cubiertos para comer con unos utensilios innecesarios que podrían utilizarse como arma defensiva u ofensiva, dependiendo del ritual o de lo que puede resurgir de una imaginación y una mirada siempre impredecible.
Es muy triste comprobar y superar los riesgos de contacto con una raza lastimada, orgullosa, otrora esclava, que todavía no ha sabido desprenderse de sus cadenas, simple y llanamente por puro metabolismo anómalo fijado en esa merma neuronal que los envilece, que hace que lo cognitivo desaparezca creando un frente amplio de tentaciones comerciales, siempre en permanente oferta, que les domina y les reta a conseguir lo innecesario o lo inaccesible, demostrando que con la simpleza todavía se puede tirar para adelante, aunque el mañana después de la "adquisición" se convierta en un desierto de oportunidades, para poder alimentarse o deleitarse entre el sueño de alcanzar un mundo mejor que difícilmente podrán experimentar algún día.
Los haitianos, no todos por no confirmar la regla y es importante resaltar, resultan ser hipócritas y mentirosos, engreídos, pendencieros y violentos, incluso con quienes no les dan las "sobras" sin esperar nada a cambio, ni siquiera las gracias, siendo muy poco considerados con sus vecinos dominicanos, que por buena voluntad humana les siguen abriendo las puertas de la cortesía vecinal, para contribuir a paliar su hambruna y unas necesidades indispensables en cuanto a sanidad, que no mucho en lo que respecta a una costosa educación privada, resaltando por ello un escaso reconocimiento a la bondad ajena y una crítica constante, manifestando que ellos están más entrenados y entregados a soportar las calamidades, que son más fuertes, tenaces y más inteligentes que incluso los "blanquitos,"(sic) a los que les pueden dar la vuelta a ritmo de "kompa" por considerarles "gagá", lo que ha hecho que en Haití ya no quede ninguno, salvo ese uno por cada diez mil (1.100) de trashumantes oportunistas que viven asintiendo, protegiéndose con el revólver en la cintura o pistola en la sobaquera, aislados en sus fortines con entrada protegida a la playa, siguiendo atesorando en la banca dominicana sus pingües beneficios extraídos de la pobreza por el oligopolio forzado, dando soporte a un gobierno corrupto y mal nacido que mata, expolia y todavía se justifica y excusa en su precario sistema, como el país más pobre del área debido al terremoto de 2010, y del que constantemente desean obtener un rédito inconfesable.
Los haitianos, probablemente debido a su provocada "desnaturalización" bioquímica y cultural, salvo escasas excepciones, suelen ser carroñeros, ladrones en un alto porcentaje, torturadores, violadores de oportunidades y nunca dan muestras de arrepentimiento, lapidarios contagiosos en sus convicciones y no piensan más allá de lo que representan las opciones amparadas en las ventajas de lo que significan los puntos de inflexión, la sinceridad y el orden, las promesas y la justicia como primera etapa de la igualdad, que como cuñas paliativas, con o sin ellas, pudieran servirles para navegar, aunque fuese sin remos, motor y velas rotas por un mar seco y tormentoso de momento, pues las condiciones del cisma climático social pudieran cambiar si se percibiesen visos de predisposición para cambiar el rumbo incierto que han elegido los haitianos para consumirse entre sus propios fuegos, matanzas y descomposiciones familiares, nacionales y humanistas por conservar las colaboraciones recibidas por parte de la comunidad internacional, dentro de un marco de transparencia inexistente, que ciertamente hoy rayan la imperfección, el desbarajuste económico, la falta de respeto y una caótica situación degradante, al que se ven sometidos por la victoria de una hilaridad endemoniada, crítica y acérrima que los "diablos" utilizan habitualmente como medio de propagación masiva y negativa en un jardín repleto de tumbas al descubierto, que mañana se ampliarán con una guerra civil si no hay un ángel piadoso que lo evite, aunque tenga que teñirse de negro para pasar desapercibido y no ser el primero en caer, viendo antes de hacerlo como sus alas se han teñido de sangre inocente.

Adiós Haití, Orevwa Haití, el que hoy ni nunca más te vera se lamenta, sin más comentario que la insatisfacción recibida por no haber ayudado más a que tu sentencia fuese un halo de firmeza para luchar más y más, y no se convirtiese en este último epitafio: "No temas a la prisión, ni a la pobreza, ni a la muerte. Teme al miedo."

Haití, un país fallido, sin unión y sin fuerza.

Y en cuanto al reducto de unos hombres exiliados y cobijados en la Liga Haitiana Internacional (LIHAITI ) en República Dominicana, que aman y trabajan por hacer resurgir un nuevo Haití, únicamente podemos añadir desde esta ventana, que tanto su Presidente (Ocelouis Celestín) y Vicepresidente (Marc- Aurel Bonne-Anne), como haitianos ejemplares y hombres de fe, merecen el mayor respeto por nuestra parte, sumergidos en el pesar de no haber contribuido más a su causa, pero es indudable que sus planteamientos direccionales y escasos recursos, hacen que la lentitud de sus promesas y escasa coordinación logística no sea nuestra enseña y se hayan convertido en un lastre para quienes desde la cima del volcán, veamos que no hay remedio divino ni un guerrero arcángel, para avivar las llamas de la solución en materia de una cooperación muy necesaria y urgente, y que no esté en manos de una "mafia" brutal y despiadada, como la que está a punto de desembarcar, llegadas desde otras costas muy cercanas con acento chicano.

No hace esgrimir machete ni hacen falta los disparos para ahuyentar, atemorizar o herir al mensajero por la espalda, cuando se proponen que los casquillos se carguen con las balas de la cultura y un principio de la educación que reivindique un Haití sin llamas, que seguro acertarán en la diana del bien para lograr el proceso de la paz, la solidaridad y una sonrisa entre esos "niños" y adultos que hoy pertenecen a demasiadas generaciones perdidas, hundidas en un país triste, fallido y sin esperanza.


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