La verdad es que en el fondo soy un nostálgico de esos que todavía notan en falta la tradición aquella de Todos los Santos en la que ponían el Tenorio por la tele, visitábamos las tumbas de nuestros seres queridos (con la oculta esperanza de no vernos allí el año venidero) y comíamos pastelillos de boniato
(que ricos estaban los que hacía la abuela). Eran otros tiempos, ahora, con eso de la globalización nos hemos traído la costumbre aquella de los pequeñajos disfrazados de espantajos con lo de “Truco o trato” y las calabazas que resulta que servían para algo más que hacer buñuelos. Pero bueno es lo que tiene y despreciar la costumbre diciendo que “son cosas extranjeras” no nos vale porque, como me dijeron el otro día, olvídate de cosas como Semana Santa porque Jesucristo no era de Burgos. Al final este año me he apuntado a la fiesta pero teníais que haber visto las caras de los enanos que aparecieron por mi casa cuando les abrió la puerta El Comendador don Gonzalo de Ulloa ofreciendo trocitos de pastelillos de boniato. Se espantaron y ni siquiera comieron ni uno.
Pero la verdad es que por estos andurriales lo del Halloween ha perdido toda la emoción. Este año más todavía. Nos ha sabido como desustanciado, después del espectáculo terrorífico que 
En este país ya andamos curados de espantos, sin necesidad de calaveritas y fantasmitas. No necesitamos que vengan niños a darnos sustos, ni siquiera nos hacen falta los payasos asesinos que 
Pero, la verdad, el verdadero Halloween puede llegar en magnitudes planetarias el próximo día 8 cuando llamen a la puerta abramos y nos griten “¿Trump o Hillary?” Entonces yo gritaré “¡pastelitos de boniato!”.
Os dejo (por si os da un “algo”) con el Don Juan Tenorio de Estudio 1 (RTVE) y en gran Paco Rabal.

