Revista Cultura y Ocio

Hay más de un futuro posible

Publicado el 23 octubre 2019 por Revista Pluma Roja @R_PlumaRoja

Siempre que hablo con niños y jóvenes intento contagiarles de aquel viejo espíritu que dominó a la juventud de antaño, ese que les permitía soñar y creer que el mundo puede ser un lugar mejor si todos ponemos un poquito de nuestro esfuerzo. Hace años un profesor me dijo que el problema de la juventud actual es que ya no tienen utopías. Otro de mis profesores me dijo que el problema de la sociedad actual es que está compuesta por individuos que nacen desesperanzados, con la certeza de que cada vez el mundo ha de ser un lugar más hostil y que nosotros sólo podemos ser testigos de eso, pero no agentes de cambio. Un filósofo rockstar de nuestros tiempos, Slavoj Žižek, parece estar sorprendido de vivir en un mundo donde a la gente le resulta más fácil creer en un apocalipsis que en una acción concreta que los humanos podríamos llevar a cabo para mejorar nuestra calidad de vida. Todo parece mostrarnos, desde hace muchos años, que es más cómodo rendirse, que si todo ha estado mal por tanto tiempo no tenemos posibilidades de cambiar, pues eso requeriría mucho esfuerzo.

Frente a este panorama de desesperanza y decepción, yo no dejo de maravillarme ante la hermosa casualidad de encontrarme con seres humanos que nadan a contra corriente, que creen en algo y luchan por hacerse escuchar y contarles a todos que la tristeza y el desgano no son las únicas formas de vivir. Hace unos días compré varios libros de Chimamanda Ngozi Adichie y recobré esa esperanza en la vida humana, esa confianza en todas las formas de vida de las que tengo consciencia. Las palabras de esta increíble mujer llegaron a mis oídos hace ya muchos años, pero esta es la primera vez que pude hallar sus libros. Por suerte, en esta era digital no debemos esperar mucho tiempo para recibir noticia por parte de aquellas personas que pueden iluminarnos, pues basta con algunos clicks para llegar a cualquier parte. Con esto quiero decir que, si alguien aquí no puede acceder a los libros, siempre puede acceder a internet. Ya no hay excusa para dejar de ignorar, por tanto, quien tenga ojos (y haya previamente desarrollado la habilidad de leer) que lea.

Más allá de comentarles los contenidos de los libros, cuyos títulos y links dejaré al final de este artículo, quiero que sepan que Chimamanda Ngozi Adichie es una autora extraordinaria y una ciudadana ejemplar. Ella nació en África para hablarnos a todos desde el margen, desde más allá de la frontera, sin acusarnos por nuestra indiferencia, sino más bien para acariciarnos con su sabiduría. No me pidan que no utilice palabras halagadoras porque lo cierto es que yo la admiro muchísimo y no se debe dejar de lado los sentimientos cuando éstos son puros y necesarios para la transmisión de un mensaje. Me interesa leer a Chimamanda hoy, sobre todo por lo que mencionaba al abrir este artículo: yo muchas veces siento miedo de vivir en un mundo donde ya nadie quiere ocuparse por nada más que sí mismos y sus circunstancias. Las palabras de Chimamanda llegan a mi vida para atenuar ese miedo, para recobrar la esperanza, para continuar hablándoles a los niños y jóvenes desde la ternura y el deseo de dibujar otro sendero por el que podamos transitar menos ciegos. El hecho de que el mundo parezca haber tomado un rumbo y que yo sea parte de ese mundo no significa que deba seguirlo sin cuestionar; no significa que esté prohibido estar en desacuerdo y manifestarlo. Chimamanda parece comprender muy bien eso y nos permite, a los que hemos mantenido la utopía viva, encontrar formas de conectar con el mundo desde otro punto de vista: el desertor, el de la eterna búsqueda.

Es de suma importancia encontrarse con autoras que nos muestren que la única derrota posible es la flojera, el desdén y el egoísmo. Si esas tres características prevalecen, perdemos todos porque la lucha no es individual, nadie puede soñar con un mundo mejor solo para sí mismo sin considerar a su comunidad. Los niños de hoy en día no nacen distintos que los de antaño, no nacen más malos, menos empáticos; somos nosotros, los adultos, quienes estamos enseñándoles y permitiéndoles a los niños a ser de ese modo. Si los niños de hoy fueran más malvados que los de antes, no mostrarían ningún interés cuando se enteran de personas como Malala, Greta Thunberg, Chimamanda; no acariciarían animales, no abrazarían ni buscarían el amor. No son ellos, somos nosotros. Creamos este problema cuando dejamos de soñar, cuando nos resignamos a perder, cuando nos conformamos con tener algo de dinero para comprar. Cuando dejamos que nos impusieran la fe en el dios Economía. Pero, sobre todo, cuando nos dejamos seducir por la idea de que la destrucción es el único futuro posible.

Libros de Chimamanda:

Todos deberíamos ser feministas

Disponible también como vídeo en TED Talk:

El peligro de la historia única

Disponible también como vídeo en TED Talk:

Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo

Por Cristal


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