Hayao Miyazaki acrecentó ayer su leyenda al acudir por primera vez a Estados Unidos para recibir un Oscar, ese mismo premio que le fue otorgado en 2003 por El viaje de Chihiro y que no quiso recoger porque el país que se lo entregaba había bombardeado Irak. Anoche la ocasión lo merecía: la hermética industria de Hollywood premiaba toda su carrera, lo cual ya es noticia tras años y años de olvido solo roto en los últimos tiempos por alguna nominación (y el premio mencionado) gracias a que Disney se metió de por medio en su distribución.
Desde el primer momento, las imágenes que nos llegaban de Los Angeles (fotos, porque recordemos que este acto no se televisó, ni siquiera por parte de la propia Academia) eran de un Miyazaki de aspecto cansado (probablemente del largo viaje, no olvidemos que es una persona de 73 años) y realmente no transmitía mucho ánimo. Pero también es normal, al estar en un ambiente que no es el suyo y sin controlar el idioma.
Hayao Miyazaki llegaba a la alfombra roja con su amigo y gran benefactor en Estados Unidos, el resposnable de Pixar, John Lasseter.
Antes de la entrega del premio, alguien le sacó una foto a traición que no sé si refleja lo que pasó, pero que sin duda llamó la atención: Miyazaki sentado en una mesa, solo, mientras detrás se ve a gente hablando. Probablemente foto fortuita y anecdótica, pero llamativa.
Y, por fin, el reconocimiento. El propio Lasseter se encargó de introducir al premiado director japonés:
"El primero es Walt Disney; el segundo es Hayao Miyazaki""Cada vez que veo una película de Miyazaki, aprendo algo nuevo sobre el arte de la cinematografía""Miyazaki-san es el cineasta más original que ha trabajado en nuestro medio"
Tras las palabras de John Lasseter (en mi opinión, no muy afortunadas colocándole en segundo lugar tras Disney, no era el momento para comparaciones aunque su intención fuera alabarle), se entregó el premio al fundador de Studio Ghibli, y se proyectaron imágenes de su trabajo y sus películas, que fueron ampliamente ovacionadas en el auditorio.
Finalmente Miyazaki tomó la palabra:
"Mi esposa me dice que soy un hombre muy afortunado"
Después reivindicó el arte de hacer animación con lápiz y papel, volviendo a incidir en lo afortunado que había sido por haber podido hacer cine de esa forma durante más de 50 años; para finalmente comentar que lo mejor de la noche para él había sido conocer a la mítica actriz de Hollywood Maureen O'Hara, también premiada, lo que arrancó las risas del público. Breve y conciso.
Tras los pertinentes agradecimientos, Miyazaki posó con el resto de premiados: el actor Harry Belafonte; el guionista Jean-Claude Carrière; y la actriz Maureen O'Hara.
Es cierto, puede que los Oscar no sean los premios más significativos en cuanto a criterio cinematográfico, pero sin duda son los que consagran a los cineastas en la historia del séptimo arte a nivel mundial. Puede que él no lo necesitara, puede que nosotros, los que seguimos y disfrutamos con su trabajo tampoco, porque su obra habla por sí sola.
Pero anoche Hayao Miyazaki hizo historia. Y es algo que, independientemente de todo lo demás, nos debe alegrar como admiradores de su cine y difusores de su reconocimiento. Enhorabuena.
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- Fotos de The Academy, Variety, Anne Thompson
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