Revista Opinión

Hepatitis C, ¿y los derechos de quien lleva una vida sana?

Publicado el 10 febrero 2015 por Javiersobrevive

Hepatitis CHay muchas veces que no escribo artículos porque son muy políticamente incorrectos y no estoy muy seguro de que yo vaya a ser capaz de explicarme todo lo bien que quisiera y por otro lado tampoco estoy muy seguro que vaya a ser demasiado bien entendido, sobre todo mal entendido a propósito que también lo hay. Eso me pasa hoy con este artículo sobre la hepatitis C, no estoy seguro de ninguna de las dos cosas, pero lo voy a intentar.

Yo he sido fumador muchos años y, aparte de la información en las cajetillas de tabaco, los altos impuestos que acarrean los paquetes de tabaco son también, en teoría, por motivos de financiación sanitaria. Esto es, ya que todos sabemos que el tabaco es malo y acarrea problemas de salud va usted a pagar por adelantado su propio tratamiento aunque después finalmente no lo necesite.

La mayor parte de los enfermos por hepatitis C, aunque después venga alguien corrigiendo son la mayor parte, personas que han sido drogadictas y que se han contagiado por diferentes motivos, principalmente por usar una jeringuilla compartida. Después puede haber varias causas más, aunque son las menos, transfusiones de sangre e incluso el propio bebe de una enferma. Es decir el principal motivo del contagio de la hepatitis C lo acarrea la drogadicción.

Una persona comienza a fumar, normalmente, de una manera voluntaria, comienza a beber, también normalmente, de una manera voluntaria y comienza a drogarse, normalmente, de una forma voluntaria, ya se que hay excepciones, pero son eso excepciones. Hace unos días vi en el programa “Territorio Hostil” un documental sobre el tráfico de drogas en Colombia en el que un drogadicto que había vivido en España advertía del peligro que corría la gente que empezaba con el porrito, su frase literal fue: “no os engañéis, yo también empecé con el porrito y mirad como estoy.” Estaba comiendo en un centro de caridad, tenía veintitantos años y parecía que tenía sesenta, hecho un asco.

El porrito en España, no nos equivoquemos, está muy bien visto, es más está mal visto aquel que lo critica, como voy a hacer yo y no es que sólo esté bien visto, es que quien lo fuma presume continuamente de ello. Yo no digo que todo el que fume porros se va a acabar drogando, pero también digo que si no empiezas a subirte al árbol ya es imposible que te caigas de él. No entiendo esa defensa numantina que mucha gente hace del porro cuando lo mejor siempre es prevenir.

Ahora imaginemos a toda esa gente que, en su inmensa mayoría, han dado todos los pasos de la drogadicción de una forma voluntaria hasta el punto de acabar hechos un asco, o como en el caso que nos ocupa infectados por una enfermedad, la hepatitis C. Existe un tratamiento para esa enfermedad que es carisísimo y esos mismos que antes luchaban por su libertad individual para comenzar a fumar te exigen, como sociedad, que se lo pagues y que no les dejes morir. Yo no quiero que se deje morir a nadie, pero por otro lado no se que decir cuando alguien se busca sus propios problemas, cuando hace uso de su libertad. ¿Pero que pasa ahora? Que todos esos que hicieron uso de su libertad están apoyados por los miembros de una determinada ideología política, es decir, seguro que consiguen que entre todos les paguemos el tratamiento.

¿Y entonces por qué a los demás no? ¿Por qué no me pagan a mi y a quien lo necesite el dentista? ¿Por qué no se pagan los tratamientos por enfermedades raras? Nadie enferma a propósito, pero la mayoría de los enfermos de hepatitis C juegan con el riesgo de enfermar, estaban siempre en el filo de la navaja. A ellos si y a los demás no, o más fácil todavía, ¿por qué tengo que pagar yo las irresponsabilidades de otros? Tan sumamente irresponsables y desconsiderados que tiraban sus jeringuillas en cualquier sitio y cualquiera se podría haber infectado, sobre todo niños. Y ahora lo tengo que pagar yo.

Pues si lo tengo que pagar yo entonces yo pido algo, que se prevenga desde ya y que se informe del peligro de los porros desde pequeños. Mis dos hijos mayores tienen 15 y 13 años, cuando yo dejé de fumar les dije que con la paliza que me habían dado para que lo dejara que ahora no empezaran ellos. Se rieron y me contestaron, no te preocupes papá, ni eso, ni porros que es lo que más se fuma en mi clase.

Lo primero que tiene que hacer cualquier persona es asumir sus propias responsabilidades y no echarle la culpa de sus problemas a los demás.


Volver a la Portada de Logo Paperblog

Revistas