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Her (2013), de spike jonze. un real romance virtual.

Publicado el 25 febrero 2014 por Miguelmalaga
HER (2013), DE SPIKE JONZE. UN REAL ROMANCE VIRTUAL.Aunque se supone ambientada en un futuro cercano, la sociedad que nos presenta Her es totalmente reconocible para los occidentales de hoy día. Paseando por la ciudad se puede observarse a numerosas personas atendiendo obsesivamente su teléfono móvil, como si la auténtica realidad estuviera en la pantalla a la que dirige fijamente su mirada, y no en la calle por la que va circulando. La noticia de un sábado por la tarde sin servicio de wasap supone una auténtica tragedia para millones de personas que no pueden informar al mundo de sus banalidades cotidianas y llueva o haga sol, todo es bueno para ser comentado en twitter. Las redes sociales han traído ventajas, pero también esclavitud y dependencia. Uno de los mejores análisis de este futuro en el que nos encontramos ya inmersos lo encontramos en Sociofobia, del profesor Rendueles, libro de lectura imprescindible para comprender hacia donde caminamos.
A Spike Jonze le ha bastado con dar una pequeña vuelta de tuerca a lo que los próximos años nos van a ofrecer. Está claro que continuará el proceso de aislamiento individual para, paradójicamente, estar conectado con el máximo número de personas. Pero pronto no serán solo personas las que entrarán en esta ecuación. La inteligencia artificial tendrá mucho que decir. Theodore, el protagonista, (un Joaquin Phoenix dando lo mejor de sí mismo, como de costumbre), arrastra un reciente fracaso sentimental. Vive solo y su mundo prácticamente lo ocupan los ordenadores: los del trabajo y los de casa y esto parece ser suficiente para arrastrar su existencia. Un día decide comprar una aplicación que se presenta como revolucionaria: un sistema operativo dotado de inteligencia artificial, que va conociendo poco a poco los gustos de su dueño y (se supone) que le irá haciendo la vida más fácil. Theodore decide que tenga voz femenina y pronto esta voz se convierte en su principal amiga y confidente. Porque Samantha, como se llama esta inteligencia artificial, que comienza funcionando como una ayuda muy útil para organizar la agenda y los archivos de Theodore (reconozcan que no estaría mal que alguien tirara todo el correo inútil que atesoran en sus cuentas de gmail) termina siendo una presencia imprescindible en su vida, hasta el punto de enamorarse de ella.
¿Se puede uno enamorar de lo que en el fondo no es más que un electrodoméstico? Se puede, a tenor de lo que nos cuenta Jonze. Si la premisa para que triunfen ciertas tecnologías es crear adicción y el amor es la adicción suprema, es lógico que pueda haber personas que se enamoren locamente de una voz que les conoce mejor que ellos mismos, siempre está disponible y es complaciente en cualquier circunstancia. Es como la fantasía oculta de mucha gente, de tener a alguien dedicado por entero a su adoración (en cualquier caso lo que buscan los adictos a twitter y facebook es atención las veinticuatro horas del día) y que se adelante a los propios pensamientos. Una idea retorcida y que algunos podrán estimar absurda, pero que en el mundo de Her está mucho más generalizada de lo que el propio protagonista sospecha. Es el concepto de Love Mark llevado hasta el extremo. Porque - recordemóslo en todo momento mientras vemos la película - Samantha es un producto. Un producto que la empresa que lo comercializa presenta como un milagro que resuelve de un plumazo todos los problemas de esta vida (¿y que empresa no intenta presentar así sus productos?), pero que, como todo lo que proviene del mundo informático, puede quedarse colgado de vez en cuando y pronto - lo que es más grave - ser un producto anticuado.
Her es una especie de fábula que nos advierte que el hombre está perdiendo a pasos agigantados algo que ha poseído a lo largo de la historia: la autenticidad de sus relaciones humanas. La vida produce dolor y desde siempre padecer ciertas desgracias y superarlas ha fortalecido al hombre, ya se logre con ayuda de otros o en solitario. Lo que propondrá la tecnología de aquí a pocos años es la felicidad perpetua, pasando de la realidad de este mundo, si es preciso. ¿Es esto bueno o malo? Tendrá su lado positivo, indudablemente, lo que sucede es que seguramente será un eslabón más de la cadena que poco a poco nos va atando a una dependencia a ciertas multinacionales a las que ya no solo ofreceremos nuestro dinero y nuestra privacidad, sino que terminaremos otorgándoles sin pestañear nuestros pensamientos más íntimos a cambio de una felicidad virtual a la que no querremos renunciar. Sin desmerecer en absoluto a Orwell, Aldous Huxley fue el auténtico profeta de nuestro tiempo. Y Spike Jonze ha sabido verlo perfectamente en una película cuidada en todos sus elementos y que consigue hacernos pensar en lo que se nos viene encima, porque, pensándolo bien, lo verdaderamente importante no será nuestro auténtico nivel de felicidad, sino conseguir que los demás crean que somos perfectamente felices.

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