Revista Deportes

Héroes en el barro

Publicado el 23 junio 2015 por Squadraeterna @squadraeterna

Héroes en el barro

"Escribe sobre amor", dijeron. Al principio se hizo un silencio casi incómodo, no entendía la temática dada la situación, pero entonces culminó su frase, "sí, sobre Esteban y Diego Cervero". No pude negarme, claro. Acepté cual novato, eso sí, con toda la ilusión del mundo.

Un héroe en el barro no tiene que tener el regate de Leo Messi, la potencia de Cristiano Ronaldo o los reflejos del mejor Iker Casillas. Un héroe en el barro tiene que jugar con sentimiento, como si cada minuto en el club que ama fuese el último. Un héroe en el barro es Diego Cervero. Es cero técnica, pero pura entrega. Grita, lo deja todo en el campo y sufre cuando no van bien las cosas. Ama el club, el escudo y como todo aficionado, quiere que su equipo llegue a lo más alto. Un héroe en el barro también es Esteban. El Oviedo se le quedaba pequeño y se fue buscando un mejor futuro. Siempre sintió que tenía una deuda con quien le llevó al fútbol profesional, y la saldó el pasado verano. Expliquemos más a fondo qué es ser un héroe en el barro. Nuestros héroes en el barro.

Esteban tuvo que partir mientras hacía una promesa, volvería a su club, al igual que hacen otros muchos, si, pero a diferencia de otros, él cumplió esa promesa, porque él es un hombre de palabra. Cuando llegó dijo que lo hacía para subir al equipo a Segunda, y así ha sido. No le pesaron los anillos y decidió cambiar el Bernabéu, el Camp Nou o el Sánchez Pizjuán por jugar contra el Tropezón, el Marino o el Atlético Astorga. Le daba igual, él está a gusto en su casa.

Algunos decían que volvía a Oviedo para retirarse, pero quien le ha visto entrenar alguna vez puede negarlo con rotundidad. Tiene 39 años, pero por la ilusión con la que trabaja, parece un chaval que no llega a los 20. Esteban es humano, lógicamente falla. Sin embargo se trata de superar en cada entreno para no cometer los mismo errores. Otros decían que venía para jugar el partido contra el Cádiz, sí; pero también para jugar en el barrizal de La Eragudina y salvar la victoria con una parada espectacular en los últimos minutos.

Héroes en el barro

Pero aquel 31 de mayo no importaba nada. Daba igual si teníamos un portero que había jugado en el Sevilla o el Atlético de Madrid, o si habíamos hecho una temporada casi de récord. Había que ganar. Esteban lo sabía, por eso hizo un partidazo. No hizo un partidazo porque salvara al equipo en los últimos instantes con una mano salvadora. Hizo un partidazo, entendió lo que debía hacer a las mil maravillas. Salió a calentar animando a su afición, haciendo gestos, calentando a la grada local. Alentando. Saludando a la grada delante de los ultras del Cádiz. Posiblemente esto no tuvo nada que ver con el resultado, pero ahí se empezó a ganar el partido. A ascender.

Qué importante fue tenerle en el campo durante el encuentro. Transmitía una tranquilidad pasmosa. Y el colmo fue a partir del 0-1. Cada vez que recogía un balón, la temperatura del partido bajaba unos grados. Y el final, qué brutal. Esteban Andrés Suárez tirado en el suelo, llorando. Lloraba igual que aquel joven guardameta que en 2001 vio como su equipo descendía a Segunda. Tan solo había dos diferencias: ahora las lágrimas eran de alegría, aquel día Luis Aragonés no podía consolarle.

Y Cervero, qué vamos a decir de él. Él fue el hombre que marcó los goles en el barro, en ese fútbol que pocos jugadores pueden soportar. Cuando la pelota no se despegaba ni con espátula, él ponía la bota y con toda la fuerza del oviedismo sacaba el balón para alojarlo en la red. Porque él es la representación del oviedismo en el campo. Es poco técnico, pero pura pasión. Él estuvo ahí cuando el equipo caía derrotado contra el Atlético Arteixo o el Caravaca en las fases de ascenso a Segunda División B. Él lloraba como un ñiño cuando no se conseguían esos objetivos. Él tiene mucha culpa de que hoy estemos celebrando un ascenso.

La octava temporada de Diego en Oviedo, la 14/15, se puede considerar una de las peores de su carrera en cuanto a números, pero posiblemente haya sido la mejor. No sé quién dijo que el fútbol era sólo números, pero se equivocó. Si nos centramos en números, para un delantero seis goles parecen pocos, más aún sí hablamos del tercer máximo goleador de la historia del Real Oviedo. Sin embargo, el fútbol, al igual que la vida, se mide por momentos, y ahí el asturiano gana por goleada. Tres de sus seis goles tienen un valor grandísimo para el oviedismo: uno de ellos certificó matemáticamente que fuese campeón de grupo en Segunda B, algo que no se había logrado nunca. Los otros dos merecen una explicación más extensa.

Héroes en el barro

Vamos a retroceder poco a poco en el tiempo. 10 de junio, tarde fría y lluviosa en el Tartiere. No era un día cualquiera, el Oviedo jugaba su primer partido en casa tras lograr el ascenso. Era la vuelta de la eliminatoria de campeones contra el Nástic. Para muchos esto parecía un mero trámite, pero para Diego Cervero era un partido especial, al igual que los otros tantos que ha disputado con la elástica azul. Tal y como había sucedido a lo largo de la temporada, Diego empezó el partido desde el banquillo. Mediada la segunda parte saltó a calentar, intensísimo como siempre. Los minutos pasaban y se iban haciendo los cambios, las dudas sobre la posible no salida de Cervero aumentaban. ´Run run´ en la grada, pese a ir 2-0 el juego del equipo no estaba siendo todo lo bien que le parecía a la afición. Llega el minuto 82. Sergio Egea llama a Diego, este lo escucha y corre, corre mucho. Va a salir. Se marcha Linares -ovacionado- entra el mito. Ruge el Tartiere, los decibelios suben de forma descontrolada, la hinchada le corea. El partido seguía igual, pero Cervero estaba sobre el campo.

Apenas un minuto sobre el verde y recibe un balón en el punto de penalti. Exactamente en el mismo sitio donde marcó el gol en la ida de la fase de ascenso a Segunda B contra el Mallorca B. Sin embargo no estaba para recordar nada, quería vivir el presente, quería marcar gol. Controló el balón, amagó con toda tranquilidad, se perfiló, chutó y se paró el tiempo. Ahí sí se le vinieron a la cabeza todas aquellas tardes en Tercera, luchando contra todo para que el Real Oviedo siguiese con vida. El balón rodaba, el portero rival no logró atajarlo y, de pronto, la grada estalla. Como si fuese el gol de la final de Champions. Todos le abrazan, él se deja querer. Le ovacionan, la afición le canta su canción. Él, mientras, se toca el escudo.

La historia estaba escrita años atrás. Sí, Diego, debías ser tú. Tenías que salir en el 76', tenías que resucitar una grada que se iba enfriando con el paso de los minutos, una hinchada que volvió a creer cinco minutos después gracias a ti. Aquel centro de Borja Valle a la altura del punto de penalti que cabeceaste con el alma, con la fuerza de todo el oviedismo. La pelota entró, por fin. Lo celebraste sin aún creértelo, te golpeabas la cabeza y pagaste esa rabia que tenías dentro con el césped. El partido acabó con 1-1 y aún quedaba visitar el Carranza, pero ahora sabíamos -aunque estuviésemos con el corazón a mil pulsaciones en el partido de Cádiz- que este era el año. Porque tú marcaste el gol. Ese gol que nos hizo creer que se iba a ascender, al igual que esos goles que marcaste en los barrizales y que nos hacían soñar con que algún día saldríamos del pozo. Porque sí, Diego, tú y tus bemoles nos sacasteis del barro.

Y oigan. Gorka Magunazelaia, David Fernández, Jonathan Vila, Sergio Sánchez, Charlie Dean, Nacho López, Dani Bautista, Manu Redondo, Jon Erice, Franck Omgba, David Generelo, Héctor Font, Néstor Susaeta, Borja Valle, Eneko, Sergio García, Dioni, Miguel Linares; Sergio Egea y todo su equipo. Gracias por lo que habéis logrado. Gracias a toda la afición y a Symmachiarii, sin ellos hubiese sido imposible. Carlos y Arturo, gracias por apostar por el club.

Justicia para los 155 de Cádiz.

Héroes en el barro


Volver a la Portada de Logo Paperblog