Mi hermana todavía se acuerda de aquella época en la que practicaba Ho’oponopono en el jardín de la casa de Villaverde. Definida como una técnica ancestral de perdón y auto cuidado, consiste en repetir de forma más o menos mecánica cuatro frases: “Lo siento», «perdóname», «gracias» y «te amo”. Parece una tontería, pero ¿cuanto hace que no te hablas a ti mismo? ¿Cual fue la última vez que te pediste perdón por algo? ¿Y que te agradeciste un detalle, aunque fuera insignificante? Rellenamos lo que nos pasa con cosas, a veces intentamos que pase pronto para olvidarlo y entonces… tarda mucho más en pasar. Yo siento todas las veces que lloré por alguien que no lo merecía. Me he pedido perdón mil veces por aguantar silencios, reproches o castigos innecesarios, fruto de la rabia o de la propia inseguridad proyectada en el otro. Me digo “gracias” por ser fuerte y seguir intentando siempre ver el lado con luz de la vida, gracias por cada día que me rio, que aprendí algo nuevo o me siento más lejos de la malo y más cerca del perdón para disfrutar de lo bueno. Y me amo, estoy aprendiendo a amarme por encima de que alguien me ame o me haga sentirme querida porque lo que de verdad he echado mucho de menos es quererme yo. De eso se trata.
