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Holocausto animal

Publicado el 25 mayo 2010 por ArÍstides

HOLOCAUSTO ANIMAL
HOLOCAUSTO ANIMAL

NO TRATES DE VIAJAR MÁS DEPRISA QUE EL TIEMPO, QUE VA A UN SEGUNDO POR SEGUNDO

El sol saldrá a las 5,53h. y se pondrá a las 18h.

Su vida termina cuando nacen. Son enjaulados, marcados, numerados y sometidos a controles dietéticos en establos de encebamiento. Estamos hablando de la cría de animales destinados a la matanza, con controles dietéticos destinados a la producción de la máxima cantidad de carne, al menor costo y en el más corto tiempo posible. De esta forma, los animales pierden esta consideración para pasar a ser productos de consumo, sin reconocer que son seres vivientes que precisan de espacios vitales y de unas necesidades biológicas en consonancia a su ser.

Habrá quien piense que si en el mundo no se respetan los derechos humanos cómo se espera hacerlo con los de los animales. De la misma manera hay quien se puede llegar a interrogar qué tipo de enbrutecimiento puede tener una persona que se acostumbra a ver animales enjaulados en las llamadas granjas intensivas sin que se pregunte sobre el particular. Lo cierto es que lo único importante es sacar el mayor rendimiento económico de los animales sin velar por el sufrimiento de estos y la calidad del producto que llega a los consumidores. De esta manera, es habitual el engorde por medio de piensos ricos en proteínas a los que se les puede añadir antibióticos, hormonas y medicamentos con el fin de conseguir un rápido engorde.

Podemos entender que, gallinas enjauladas en celdas de castigo permanentemente iluminadas o cerdos entre rejas en una penumbra constante, son presos condenados a perpetuidad. Lo triste es que ellos no comenezaron ninguna guerra, sufren el castigo por las reglas de un mercado que antepone los sentimientos nobles del ser humano al del beneficio del capital.

La explotación intensiva constituye una desgracia para millones de animales y debe hacernos reflexionar sobre la base de qué derechos se puede encerrar a seres indefensos y transformar su vida en un martirio dentro de unas jaulas o enrejados en los que no pueden ni moverse. De la misma forma cabe interrogarse qué tipo de respeto se puede esperar de quienes son capaces de alimentarlos con unos piensos pensados para el engorde a los que se les añaden productos farmacológicos para evitar enfermedades.

En realidad, en muchas granjas, se podría hablar de un holocausto de animales para la vergüenza de quienes la practican y la desidia de quienes consumimos sus carnes sin preguntarnos de cómo llegó a nuestro paladar.


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