A L∴ G∴ D∴ G∴ A∴ D∴ U∴
En el Oriente de Bilbao, a 27 de febrero de 6019 (V∴ L∴)
Queridos Hermanos,
En fechas recientes, un libelo anónimo se ha dedicado a propagar medias verdades entremezcladas con embustes completos, juicios de valor, foto-montajes de dudoso gusto y fragmentos de documentos públicos y privados que, en suma, conculcan los derechos a la privacidad, la reputación y el buen nombre de algunos Hermanos, entre ellos un servidor, a raíz de nuestro legítimo ejercicio de la libertad ―en el derecho de asociación― en el seno de la Orden.
Soy un hombre corriente, de cuarenta y cinco años, con familia, compañeros de estudios, de trabajo, amistades y demás. Cuarenta y cinco años dan para mucho, especialmente si en alguna etapa se ha asumido el compromiso de arriesgarse a intervenir en la cosa pública.
Cuarenta y cinco años dan para aciertos y desaciertos, para la toma de decisiones con las que se puede estar de acuerdo o en desacuerdo. Bienvenidas sean siempre la libertad de conciencia, prensa y expresión, y el ejercicio de la crítica.
Ahora bien, entre Hermanos cabría esperar cierto sentido de la mesura, razón y respeto a unos mínimos indispensables para preservar la armonía y la convivencia entre iguales.
En toda mi vida masónica, jamás he dado un paso, ni he escrito o pronunciado una sola palabra con la intención de dañar injustamente a otro Hermano. Entiéndase mi estupor al observar actitudes que me resultan de todo punto incomprensibles, inesperadas e inimaginables.
Desde estas líneas suplico, por favor, una reflexión pausada a propósito del grado de importancia que otorgamos a nuestros objetivos, una reflexión acerca de qué estamos dispuestos a hacer para lograr esos objetivos y de qué formas alternativas podríamos alcanzar puntos razonables de encuentro a través de la palabra, con la mirada limpia y la mano tendida.
Apelo encarecidamente a nuestro sentido de la prudencia, a la buena educación, a nuestros Juramentos y, en especial, a no hacer a los demás lo que de ningún modo nos gustaría que nos hicieran a nosotros.
Al final, estos embates resultan estériles, crispan, deprimen y desplazan nuestra atención de los Trabajos que verdaderamente deberían ocupar nuestro limitado tiempo de vida.
Tendamos puentes, atrevámonos a optar por cauces justos para defender nuestros puntos de vista, incluso cuando estos entren en conflicto, desechemos sentimientos impropios de nosotros mismos. Jamás podremos llamar victoria a la total aniquilación del otro. Perdonemos, escuchemos, entendámonos.
A título personal, renuncio a emprender cualquier causa, masónica o profana, relacionada con estos hechos.
Honremos lo que somos,
construyamos entre Hermanos.
He dicho,
H∴ Jaume
Tomado del perfil público de facebook de Jaume d'Urgell, Q.·.H.·. y miembro de la G.L.E.