El otro día mientras hacía la compra en el supermercado pensé que era un buen momento para regalarme unas flores. Asi que elegí el ramo que mas me gustó y me lo llevé. Hace unos años no habría podido hacerlo: habría esperado a que alguien lo hiciera por mi. Y entonces empieza el círculo vicioso de proyectar en el otro lo que tu mismo quieres para ti. Ese: para quererme necesito que me quieran.
Aprendí hace mucho tiempo que puedo comprarme flores yo misma. Ir al cine sola. Tomar café mirando hacia la calle sin mirar el móvil. Bailar sin que nadie me vea. Hablar conmigo misma durante horas. Nadie me va a querer mejor de lo que me puedo querer yo.
