
Antes de calcular, conviene estimar.
En la enseñanza de las matemáticas aplicadas, obtener un resultado mediante un procedimiento correcto no siempre es suficiente. También es importante preguntarse, antes de comenzar: ¿aproximadamente cuánto debería resultar?
Consideremos un ejemplo sencillo:
Una persona compra tres paquetes de materiales con un precio de $198 cada uno. Antes de efectuar la multiplicación, puede redondear el precio a $200 y realizar la siguiente estimación:
$200 × 3 = $600
Entonces puede afirmar: "El resultado debe ser aproximadamente $600", o incluso puede ser más específico: "El resultado debe ser poco menos de $600".
Después calcula el importe exacto:
$198 × 3 = $594
El resultado es razonable y podemos verificarlo porque se encuentra muy cerca de la cantidad estimada. En cambio, si se obtuviera un valor como $5,940, la comparación permitiría advertir inmediatamente que probablemente se cometió un error en las operaciones o en la escritura de la cantidad.
Estimar antes de calcular ayuda a comprender la situación, anticipar las características del resultado y elegir una estrategia. Comparar después la respuesta con la estimación inicial permite verificar si tiene sentido dentro del contexto.
La estimación no sustituye al procedimiento matemático, solamente lo orienta y permite comprobar el resultado.
