La ostentación vacía de la opulencia me molesta ética y estéticamente. Pero no tengo nada contra el enriquecimiento proveniente de fuentes legales y por el esfuerzo, ingenio o capacidad del individuo. El gobierno cubano asume una postura hipócrita al pretender, por una parte, evitar a toda costa el enriquecimiento personal de esa capa incipiente de emprendedores privados, sometiéndolos a limitaciones e imponiéndoles desmedidos impuestos, y por otra, no solo nunca ha vivido ninguna de las limitaciones que padece el ciudadano, sino que además ahora pretende atraer capitales frescos (formados en sus lugares de origen gracias a la ausencia de reglamentaciones restrictivas como las que impone al interior del país) y pretende también atraer a ese turismo de ricos y famosos de los que ya hemos visto algunos desfilar por Cuba.
