Revista Opinión

Instalados en la hipocresía

Publicado el 13 abril 2016 por Elturco @jl_montesinos

Publicado en HeraldPost.es

Vivimos instalados en la hipocresía. En un país donde al que no paga impuestos le llama antipatriota uno que no quiere factura del fontanero y hace las obras en su casa sin solicitar la preceptiva licencia. Para no pagar tasas, evidentemente. En un país donde todos los partidos llamados a formar gobierno marcan líneas rojas contra lo corrupción de los de enfrente mientras en mayor o menor medida son o han sido investigados por financiación ilegal. En un país lleno de interfectos que proclaman que nuestra sanidad pública y de calidad es una maravilla hasta que la sufren y piden la ejecución en plaza pública de una enfermera, mal pagada y hastiada por ese mismo sistema, tan público y cualibérrimo, y que pasaba por allí en un mal día. En un país, este nuestro, donde todos quieren ser como Dinamarca, Suecia y Noruega, pero eso sí, subiendo el Salario Mínimo Interprofesional o manteniendo nuestra rígida estructura de despidos, sindicatos y convenios colectivos, que son a los mercados laborales de los países escandinavos lo que Ozzy Osbourne y Keith Richards a la abstinencia.

Vivimos instalados en la hipocresía porque yo no veo porno. No me voy de putas. Nunca he tomado drogas. Y no bebo. No bebo nada, bueno, un carajillo en el almuerzo. Y un chupito después. ¿Vino en las comidas? Claro. Pero nada más que eso. Y algún chintònic. Y por supuesto que nunca conduzco pedo. Y menos después de drogarme. La puntita nada más. Y los documentales de la dos. Ese es mi rollo. Nada de follar a pelo.

Salgamos de una vez del armario. Gays. Yonkis. Borrachos. Puteros. Votantes del PP y de Podemos. Del PSOE y de Ciudadanos. Incluso votantes de la antigua Convergencia, se llame ahora como se llame. Digamos con orgullo que queremos que ganen los míos porque cuando ganan los otros parece que no pillo nada.

Yo quiero tener una empresa en Panamá. Es perfectamente legal. Quiero pagar menos impuestos en España. Pedro e Imanol pudieron cumplir su sueño. La hermana del rey. Y tantos otros. Hasta ahora tenía un colchón y una hucha cerdito, que son el refugio fiscal de los pobres. Pero aspiro a más. Y lo digo con orgullo. No quiero ser un hipócrita que dice que todo el poder está corrupto mientras reclama más poder. Más intervención. Más gobiernos. Y más corrupción por lo tanto.

No quiero ser uno de esos gobernantes que reclama a sus ciudadanos que paguen impuestos mientras trata de esconder su dinero en otro lugar, porque paga menos. Quiero ser de los que baja los impuestos a tal límite que ni mis compatriotas ni yo mismo sintamos la necesidad de llevar la fortuna a cualquier otro lugar.

No quiero pertenecer a un partido que acusa a otro de financiarse ilegalmente mientras sigue chupando de los presupuestos generales. No quiero ser de esos que obligan a los que piensan distinto a mí a pagar por los carteles de mis campañas. Quiero que el podemita pueda jactarse de que Irán y Venezuela pagan sus facturas. Quiero mostrar con honda satisfacción que los donantes de mi campaña son Fulano, Mengano y la Asociación de Vecinos de Alfara del Heteropatriarca. Y que quien me vote, lo sepa.

Quiero que Almodóvar pueda decir con la frente bien alta que en España se paga demasiado por nada, que se fue a Panamá porque la pasta se la ganó honestamente, currando o trincando del BOE y del mercadeo de la ceja, pero oye, todo legal, y que cuando vio el sablazo que se le venía encima, se lio la manta a la cabeza y ancho es el canal. Cristalino. Pedro salió de Calzada de Calatrava, Ciudad Real, y cumplió su sueño. Y todos vosotros, hayáis salido del agujero que hayáis salido, hubierais hecho lo mismo. Largaros a Panamá, a las Caimán o a Gibraltar. Si lo dice algún día, que lo pregonen, que paren las rotativas y lo pongan en la portada. Que los digitales le dediquen chorros y chorros de gigabytes. Y si además añade que le gustaría que todos pudiéramos hacerlo, o mejor, que no tuviéramos necesidad porque se pagan los mismos impuestos en España que en Panamá hoy en día, además de lo anterior que sepa que tiene una cerveza y una tapa de rabo de cerdo pagadas en el Bar La Plaza de Benimaclet. Calle Murta, 11. Al fin y al cabo, hay más alegría en Ancapia por un progre que se cae de la burra que por noventa y nueve libertarios que publican en noventa y nueve blogs y columnas de opinión.   

Vivimos instalados en la hipocresía. Y la hipocresía es legal. Si la hipocresía fuera ilegal viviríamos instalados en la hipocresía, pero el mundo implosionaría con casi total certeza. Nos habríamos ganado la extinción a pulso.


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