He intentado comprar empresas, y he comprado.
He intentado vender empresas, y he vendido.
Y te voy a contar el principal motivo por el que muchísima gente nunca venderá sus empresas, por más dinero que les ofrezcas.
Porque no saben hacer otra cosa.
Y dirás, «Ofrece más.»
Primero, cabeza de ratón, no puedes ofrecer todo el dinero del mundo para comprar otra empresa. Segundo…
No cambiaría nada.
El problema no es la pasta, sino en perder un juguete con el que pasearse cada día, una frase que soltar cuando le presentan a una tía maciza, una razón para discutir con el cuñado en nochebuena, un motivo para que le regalen una entrada con la que ir a un evento en el que poder beber cerveza gratis con otra gente a la que le gustan los eventos aborratados de gente a la que le gusta la cerveza gratis.
Te diré más.
Cuanto más importante, más grande y más transcendente es una decisión, más emocional es.
Más cuestión de ego, de amor, de sepso.
Tu caso es diferente, tu cliente, tu sector, tus competidores.
Esos comparan, hacen hojas de cálculo, se juegan mucho, tienen departamentos de compras, organizan licitaciones y un montón de hombres con corbatas con pollitas pequeñitas se reúnen para votar.
Si piensas así no quiero ser yo quien rompa tu burbuja. Sigue siendo feliz chupando esas pollitas.
Para el resto, en el newsletter enseño cómo explotar esa irracionalidad a nuestro favor.
La furia, la ira, el ego.
Para convertir a un cliente potencial en cliente real y apóstol de marca.
Te apuntas aquí:
Acepto la política de privacidadLa entrada Intento comprar a un competidor y la cosa se pone fea se publicó primero en Luis Monge Malo.
