Revista Cultura y Ocio

Italo calvino

Por Ada
ITALO CALVINOEl escritor italiano Italo Calvino (Santiago de las Vegas, La Habana, 1923 – Siena, 1985) pasó los dos primeros años de su vida en Cuba. Redactó una tesis sobre Joseph Conrad. Autor de las novelas El sendero de los nidos de araña (1946), Los jóvenes del Po (1951), El vizconde demediado (1952), El barón rampante (1957), La especulación inmobiliaria (1957), La nube de smog (1958), El caballero inexistente (1959), La jornada de un interventor electoral (1963), El castillo de los destinos cruzados (1969), Si una noche de invierno un viajero (1979) y Palomar (1983), escribió asimismo importantes volúmenes de cuentos, como Los años difíciles (1970) o Las ciudades invisibles (1972).
Un relato breve:
EL RELÁMPAGO
Me ocurrió una vez, en un cruce, en medio de la multitud, de su ir y venir.
Me detuve, parpadeé: no entendía nada. Nada de nada: no entendía las razones de las cosas, de los hombres, todo era insensato, absurdo. Y me eché a reír.
Lo extraño para mí era que nunca antes lo hubiese advertido. Y que hasta ese momento lo hubiese aceptado todo: semáforos, vehículos, carteles, uniformes, monumentos, aquellas cosas tan separadas del sentido del mundo, como si hubiera una necesidad, una consecuencia que las uniese una a otra.
Entonces la risa se me murió en la garganta, enrojecí de vergüenza. Gesticulé para llamar la atención de los transeúntes y “¡Deteneos un momento!”, grité. “¡Hay algo que no funciona! ¡Hacemos cosas absurdas! ¡Este no puede ser el camino justo! ¿Dónde iremos a parar?”
La gente se detuvo a mi alrededor, me observaba, curiosa. Yo estaba allí en medio, gesticulaba, me volvía loco por explicarme, por hacerles partícipes del relámpago que me había iluminado de golpe: y me quedaba callado. Callado, porque en el momento en que alcé los brazos y abrí la boca, fue como si me tragara la gran revelación y las palabras me hubiesen salido así, en un arranque.
-¿Y qué? –preguntó la gente-. ¿Qué quiere decir? Todo está en su sitio. Todo marcha como debe marchar. Cada cosa es consecuencia de otra. ¡Cada cosa está ordenada con las demás! ¡Nosotros no vemos nada de absurdo ni de injustificado!
Yo me quedé allí, perdido, porque ante mi vista todo había vuelto a su lugar y todo me parecía natural, semáforos, monumentos, uniformes, rascacielos, rieles, mendigos, cortejos; y sin embargo aquello no me daba tranquilidad sino tormento.
-Disculpad –respondí-. Tal vez me haya equivocado. Me pareció. Pero todo está en orden. Disculpad –y me abrí paso entre miradas ásperas.
Sin embargo, todavía hoy, cada vez que no entiendo algo (a menudo), instintivamente me asalta la esperanza de que esta vez sea la buena, y que yo vuelva a no entender nada, a adueñarme de aquella sabiduría diferente, en un instante encontrada y perdida.
ITALO CALVINO
Relato incluido en el libro La gran bonanza de las Antillas (Tusquets; Barcelona, 1993). Traducción: Aurora Bernárdez.
Imagen: leerxleer.wordpress.com

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