Con las elecciones catalanas calentando motores y el Parlamento ya disuelto, los políticos han tomado las calles intentando caldear el ambiente por cierto bastante gélido hasta el punto que las encuestas auguran que habrá por primera vez, en estas elecciones, más catalanes abstencionistas que ciudadanos vayan a votar.
La clase empresarial, repartida en diversos foros de representación y debate, escucha las propuestas de cada formación pero sin duda apuesta de manera decidida por apoyar la opción de CiU. Ello se constata en el nivel de participación que tienen los actos organizados por unos y por otros. Contar con la participación de Artur Mas en un acto te asegura el lleno.
Aunque la opción CiU cuenta con grandes posibilidades existe un riesgo cierto, que finalmente la representación ciudadana al Parlament sea tan heterogénea (en la actualidad hay siete partidos en el hemiciclo que podrían llegar a ser hasta nueve) que resulte ingobernable. Por eso Mas aspira a superar los 60 escaños (la mayoría absoluta esta en 68) que le llevarían a poder disponer de un gobierno fuerte y estable que aplica un programa de gobierno que gusta a los empresarios.
Su planteamiento es apostar por salir de la crisis como primera prioridad, relegando otros temas más patrióticos a futuros mandatos. En esta ocasión el vector izquierda- derecha tendrá mucho más peso en el voto del ciudadano catalán que el nacionalista. Mas sabe que salir de la crisis, crear empleo y apoyar a la empresa son conceptos sinónimos.
Como contaba recientemente un diputado nacionalista, rememorando el slogan de campaña de Bill Clinton en su día, “ahora toca hablar de economía, economía y economía. Y si queda tiempo, más economía”. Clinton era más directo: “it’s the economy, stupid!”.
Revista Economía
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