Revista Coaching

Joder, Caperucita, ¡cómo cambió el cuento!

Por Kheldar @KheldarArainai

La Vida es Fluir va a cumplir siete años en apenas una semana.

Quién lo diría cuando abrí un WordPress gratuito por primera vez…

Este sitio representa una de las relaciones más largas en mi vida, solamente superada por algunas amistades y por las artes marciales.

Es una suerte de testigo de los cambios en mi relación conmigo mismo y con mi vida. Y en muchos sentidos está reflejado un tránsito que todavía me sorprende ver.

Algunos son más banales y otros hasta me preocupan. Así que te hablaré de todo esto, ya que me ha saltado a la vista. Vente conmigo y recuerda tiempos distintos (quién sabe si mejores).

Esta entrada, por ejemplo, la voy a publicar sin justificar el texto.

Hace unos seis años, un tipo me dijo que eso era lo correcto cuando uno escribe textos largos y me cuajó la idea. Quizás porque leo muchos libros al año y tengo la costumbre de ver el texto justificado yo mismo.

Hoy en día hay quien se da el lujo de dictarte cómo debes hacer los párrafos y todo eso. Supuestamente para impactar más a quien te lea, y que no se pierda en la concatenación de ideas. No puedes volverte un Kant ni un Tolkien con tu bitácora personal, so pena de que no te lea ni tu propia madre… O eso dicen.

Y no es lo único que ha pasado por ese tamiz…

Veo cada vez más sitios web construidos todos de la misma manera, probando todos las mismas estrategias y buscando todos diferenciarse del mismo modo. Cada vez más personas que quieren vivir de su pasión (lo cual es perfectamente legal y loable, según los medios empleados) hasta que puedan vivir del cuento.

Esto es, de venderle su lifestyle a otros, contarles cómo lo hizo y tal vez dar con la tecla que se lo permita a ellos. Pero todavía no he visto a nadie hablar de todo lo que no mola, salvo que la historia sirva de catapulta.

Y si no funciona el asunto, ya que desgraciadamente no vale con quererlo y con seguir o modelar a cualquiera que lo hizo funcionar, siempre lo hará ese mecanismo mental que nos hace sentirnos a gusto cuando vemos a otro hacer algo que nos gusta. Y tendremos fuelle para seguir a lo nuestro.

Dentro de lo dicho, me parece perfectamente digno que utilicemos buenos recursos cuando los conocemos. Al fin y al cabo, para eso están.

Yo utilizo WordPress desde que Blogger se me hizo infumable con tanta historia en su día (hoy está mucho mejor, así que si lo usas da gracias por ello). Y estoy bastante de acuerdo con las ventas de afiliación si se hacen de una manera honesta (de hecho, yo mismo tengo unas cuantas ahí a mano, para quitarme los costes del sitio web de mis gastos presupuestados).

Y hoy en día, la moda está en meterle Genesis Framework a tu WordPress. Y de ahí, montarte tu landing principal y las de tus productos o servicios. Por supuesto, no pueden faltar los pop-up y algún que otro scroll que te inviten a recibir un regalo para entrar en los embudos de la muerte o en la newsletter donde te cuentan lo que te quiera contar el susodicho. Puedes ver su vida, obra y milagros o puede que te tragues sus correos con muestras de que está bien relacionado y haciendo de todo con tal de posicionarse.

Bueno, eso si los abres siquiera. Porque pasamos de los teaser de entradas o las publicaciones completas a las correspondencias digitales. Al menos en apariencia. Son un gran experimento del remitente, para ver a qué parte de su lista le cala un cierto mensaje y cómo puede segmentarla para meterles su nuevo afán comercial.

Y de nuevo, no me parece mal mientras uno sea honesto y abierto al respecto. Te deja libertad total para decidir cómo te sientes y si quieres prestarte a ello.

Pero también sucede que, en muchos casos, ¡no puedes salir de los embudos de la muerte por más botones de dejar de seguir que pulses!

Suerte que algunos no cuesta nada encontrarlos, pero para otros debes mirar mejor que cuando estás buscando a Wally (o a Carmen Sandiego, para el caso). Aunque si después de borrarte de sus listas te van a seguir mandando correos de recaptación, en los que para colmo te añaden que “no puede ser considerado spam si contiene un medio para darse de baja”, que no se extrañen si algunos empezamos a pensar un poquito en su árbol genealógico.

Cuando yo era un niño nuevo en el barrio del bloguero, las ventas eran más directas y sencillas: “Tengo tantas plazas, y tienen este precio. Puedes pagarlo a plazos si quieres.

Luego empezaron a llegar los infoproductos, en los que por primera vez incluían la ya famosa promesa de comprarlos y recibir actualizaciones de por vida sin cargos posteriores. Y cuatro cosillas más de regalo para aumentar el valor de tu inversión (“y me estás quitando el pan de la boca, ¡que lo sepas!“).

Una estrategia que cuajó y empezó a educar a los compradores y su demanda. Me gusta menos en función de lo que se venda y del modo en que se haga.

Lo habitual ahora es calentar el terreno haciendo una serie de publicaciones en tus plataformas que abran la puerta a eso que quieres clavar. Ésta sería una estrategia que mezcla push y pull, ya que al mismo tiempo intentas atraer a quien le interesa lo que vas a ofrecer como nuevo seguidor y metérselo también por el gañote a quienes ya te siguen.

Siete años después de mudarme al barrio, veo que los talleres, workshops, cursos intensivos, retiros y seminarios se van normalizando en nuestra sociedad hispana. Y me alegra, ya que la formación para la vida necesitaba meter el cazo en este puchero de una vez. Estos formatos no están ni con mucho tan integrados como en el mercado angloparlante (ni tan bien recompensados, dicho sea de paso, porque se apuesta menos por este tipo de experiencia que por las formaciones de moda en el momento)… Pero es un comienzo.

Y ahí también me quería dirigir: a la venta que se hace y a la percepción que se tiene sobre las formaciones. Al menos en España, que es lo que más cerca me toca.

Esto es lo primero que diré al respecto: no es obligatorio saber de todo. Hay cosas que no nos hacen falta, y eso también está bien.

El otro día, estando en una charla sobre la salida como pedagogos al mundo de la formación para empresas y profesionales, me vino una señora muy simpática diciéndome que si quería triunfar en lo mío tenía que formarme y titularme en Coaching, Programación Neuro-Lingüística, Mindfulness y seis o siete cosas más. Que sería obligatorio. A tomar por culo lo de que podría serme interesante o edificante.

Yo puse mi mejor sonrisa mientras dejé que acabara su discurso…

Y por dentro pensé un sonoro ¡por mis cojones!

No creo en hacer las cosas al bulto, ni en buscar formarse en ciertos campos ni con “los mejores oferentes”, por moda o porque lo diga el vecino. No lo haría ni aunque me pagasen íntegro el curso que quieren que haga.

Comprendo, aunque no me cabe en la cabeza, que la gente quiera decirle al mundo “mira, este es mi linaje y vengo de esta escuela“. En cierta forma es una seña de crédito, siempre y cuando reconoces el nombre que te dan como referencia y sabes de qué va la vaina por esos lares.

Y esto aplica lo mismo para cualquier posgrado universitario que para la oferta más tentadora de formación en profesiones emergentes, venga de donde venga.

En algunos casos, me descojono por la incongruencia de la gente. Me parece irónico que me traten de vender algo para que me centre en el momento presente, en el hoy o en el ahora (un método, una técnica, un estilo de vida)… Porque lo hacen tratando de llevarme a pensar en lo guay que será mi vida a partir de ahora si me formo en lo que me ofrecen.

Tiene sentido, ya que fue el mensaje de invertir en tu futuro lo que ha hecho crecer la formación​ universitaria los últimos veinte o treinta años… Pero lo pierde muy pronto.

La formación es algo que se agradece, pero no sirve para nada si no tienes fundamentos ni eres capaz de transferirlo a tu vida. Si no te genera valor ni te ayuda a generarlo para otros, como dirían por ahí, ¿entonces para qué hacerlo?

No tiene sentido seguir el mismo camino que todos, cuando lo que quieres es tener tu propio estilo y tu propio impacto. Lo suyo será que te aclares y que tomes decisiones conscientes, que te crees un itinerario definido y te des el tiempo necesario para completarlo. Y por necesario me refiero a que cabe cagarla, o necesitar descansos. Quítate la presión innecesaria de los hombros y disfrutarás mucho más de la experiencia.

Hay niveles para el sacrificio y el esfuerzo, y nadie te exige que las pases putas para reconocer tu valía (y si alguien lo hace pídele que se revise primero, porque ahí tiene trabajo pendiente).

Siempre he creído en el valor de la educación aunque haya renegado​ de los medios. Yo fui el amigo puñetero, la mosca cojonera, el que dejó el instituto antes de terminar la Secundaria Obligatoria y al que le decían que sin títulos no podría hacer nada con su vida… Y mira dónde estoy.

Prácticamente graduado en Pedagogía, y dominando desde hace años unas competencias que no se aprenden en las aulas. Descubriendo, a través de mis prácticas, que sé mucho más de lo que creía y que hay mil formas de hacer lo que ya conozco.

Con esto lo que busco es agitar conciencias y continuar mejorando lo que tenemos a nuestra disposición. Evitar el estancamiento y el conformismo. Y evitar destrozos con lo que vaya surgiendo a partir de ahora, o por usar algo que se haya estropeado y no quieran cambiarnos.

Que si, que no hay que arreglar lo que funciona. Pero hay que actualizar lo que se deba y mantener los principios que lo hicieron funcionar, revisando cuanto sea oportuno cuando sea pertinente.

Y una gran parte de aquello que deberíamos revisar hoy se compone de las formas de vender y de las costumbres al comprar. Que parece que no recordamos esa lección básica de economía del bachillerato: con cada decisión y transacción le decimos a esta gente cómo pueden sacarnos mejor la bolsa y la vida.

Todo ese párrafo anterior se puede sintetizar en esto:

Si no te gusta que te vengan con cuentos tales como que si no compras ahora lo pierdes para siempre, aunque sepas que luego a la semana te llegará un correo más con la repesca (y cito: “última oportunidad para quienes querían estar y se quedaron fuera”)… No les compres.

Si no te gusta que te vengan con prisas para que te apuntes, ni que pongan precios que suben cada pocos dias para generar urgencia… No les compres.

Si no te gusta que te vengan con el cuento de que están tirando la casa por la ventana por venderte algo que “vale 3.600 euros” (o los que les apetezca decir) por 200 y pico, o cualquier cantidad acabada en 7… No les compres.

Cómprale al que te venga de cara, de frente, alto y claro. Dale tu dinero y tu tiempo al que te ponga el precio real y definitivo en la primera línea del texto, y luego te cuente de qué va lo que te ofrece, para dejarte juzgar si te parece buena la oferta. Aunque no te mande “recordatorios” del fin de las inscripciones en sus servicios. Aunque se le pase avisarte del inicio si no estás pendiente porque gestiona su correo personalmente, sin agregadores.

Ya tendrás tiempo de ayudarle a optimizar sus procesos cuando seas su cliente. Pero dale tu energía a ese que te da lo que buscas, joder. No se la des a aquellos de quienes te quejas por sus técnicas de venta (y de vez en cuando, por no lograr impacto alguno a pesar de lo que cobran).

Es lo que hice yo desde mis inicios en la blogosfera. Y con inversiones mínimas, me he visto metido en formaciones por valor de 100.000 dólares americanos. Porque mi implicación y mis aportes me hacían más valioso que soltar billetes, ya que generaba interacciones (engagement, para los modernos) y fidelizaba a los recién llegados.

Allá por abril de 2014 me sugirieron crear un curso de inteligencia financiera. Y no lo hice. De esos hay actualmente a manos llenas. Vayas donde vayas verás alguien que te enseña a invertir o a gestionar presupuestos.

Yo me habría ido por otra banda.

Habría hecho lo de siempre: un trabajo con la identidad que me obligase a mí (y a los participantes) a revisar mis (nuestros) hábitos de consumo. ¿Qué mejor que sacarles el poco sentido que puedan tener y tomar decisiones más conscientes?

Pero pasé del tema. Por lo menos de forma individual. Aunque se ve que no pasé tanto como para que Daniel Afanador (amigo, vecino bloguero desde hace muchos años y miembro de mi Comunidad) me invitase a dar mi opinión en su tesis de maestría sobre hábitos de consumo. Me​ resulta muy instructiva, por cierto. Hay mucha tela que cortar en ella. La tuve que leer en portugués en su día, eso sí. Es fácil encontrarla, ya que creo recordar que él mismo la compartió en su blog.

En serio, somos malísimos compradores. Mucho peores que vendiendo. Y de hecho, a bastantes nos da reparos vender, porque vemos prevalecer lo deshonesto y no queremos caer en lo mismo.

Este mes de marzo estuve en un evento para emprendedores digitales, donde se hablaba de pasar del inicio del proyecto a las ventas. Me lo plantearon desde tener la idea hasta explotarla, pasando por crear imagen de marca, audiencias y canales de comunicación. Hicimos preguntas a los ponentes y luego nos presentamos entre todos, durante lo cual reaccioné un poco raramente cuando me preguntaron de qué va tu proyecto y no quién eres tú.

¡Cuando puedes tener idea de lo que hago si me conoces directamente!

Allí ya dije que una de mis metas es ayudarte a ti, si es que tienes algún proyecto que deseas hacer despegar, a sacarlo adelante sin que te cueste tu humanidad. Ya hablaremos sobre eso más adelante.

Otra de las cosas que dije fue que formo parte de los que hacen menos caso a la marca personal y esas estrategias de comunicación que a la huella que dejas con tus actos en general.

Y si me vienes, poniendo un ejemplo real sin dar datos, con una cosa tan esperpéntica como una “oferta de trabajo” en la que me cuelas un curso obligatorio para optar al puesto, no sólo me reiré en tu cara y te pondré de vuelta y media en cuantos sitios y momentos me parezca oportuno.

También me bajaré del carro, dejaré de apoyarte y no volveré a darte mi confianza mientras no te redimas por querer tomar el pelo a tus seguidores. Y espérate no perder también mi amistad si la tenías, según la gravedad de tu ofensa.

Porque no tienes que tratar de colarnos una mierda ILEGAL para dedicarte a la parte que más mola de tu proyecto mientras otros lo mantienen vivo. Porque no es lo mismo hacer eso que vender un curso desde el principio, sin doblajes, y dar como bonus final a los que más se impliquen y mejor lo hagan la posibilidad de ser contratados para trabajar contigo.

Pero es lo que tienen los ascensos meteóricos. Que la falta de costumbre y el oxígeno enrarecido de las alturas hacen patinar el frontal más de la cuenta. El ser un celebrity de Internet se sube demasiado a la cabeza. Como dicen por ahí: el dinero no cambia a la gente, sino que revela como es realmente. Y otra más, que estoy en racha: puedes comprarte una imagen pero no puedes comprarte clase.

En resumen: que no te duerman con cuentos.

Te lo remarcaré con un título:

NO HAY UNA FÓRMULA CORRECTA. Usa tu creatividad y observa profundamente tu identidad para dar con la tuya.

Búscate los medios para hacer lo que deseas hacer con tu vida de una forma que realmente te represente. Algunos prefieren, e incluso necesitan, las jerarquías, estructuras y plazos rígidos que suelen acompañar al trabajo en oficina. Y eso está bien.

Otros prefieren trabajar desde un Starbucks con su unicorn frappucino al lado, y eso también está bien… Bueno, quizás no por la cantidad de azúcar que se meten en vena con esa bebida. Pero allá cuidados, que no es mi salud, sino la suya.

Otros intentan abrir sus propios negocios, y lo hacen bien afincándose o bien a la locura de ser oferentes de servicios itinerantes… Y eso también está bien.

Haz lo tuyo y alégrate por los éxitos que consigan los demás haciendo lo suyo… O pasa de ellos por completo, que también está permitido. No es necesario tanto benchmarking.

Aporta a quienes hagan cosas leales y enriquecedoras, y aparta al resto. O sé el amigo de todos. Ahí la elección siempre es tuya.

Así pues, y por cerrar aquí este texto, me gustaría decirte que muchas gracias por haberme dado siete años maravillosos. Gracias por haberme permitido llegar a donde estuve y estoy ahora. Gracias por haberme acompañado, por vuestro interés y vuestra amistad.

Y aquí acaba este viaje. Dejo de escribir para siempre.

¡JA! ¡Y una polla! No voy a parar ahora, con lo divertido que me resulta.

Voy a seguir en la brecha, haciéndolo tan humano y natural como me gusta. Continuaré creando contenidos, ofreciendo mis servicios, montando productos y acogiendo en mi Comunidad a quienes vengan porque es su momento y porque resuenan con lo que aquí se hace.

Pronto volveré a lanzar mi curso sobre Fluir. Será virtual en principio, pero si veo interés habrá ediciones en vivo. Vendrá con dos meses de apoyo desde la Comunidad, para mantener mi promesa de unificar mis servicios. Costará 150 euros, aunque me planteo bajarlo a 147 porque mi pareja dice que es bueno según el Feng shui. También son un par de desayunos menos para mí, así que ya veremos.

Pronto lanzo un podcast con Diana Garcés de Hablando de Sexo, así que al tanto. Vamos a dar mucho de que hablar.

Y esto es todo por ahora. Si se te ocurre algo que te apetezca debatir o dialogar, tienes los comentarios para ello.

Recuerda mantenerte amigable, porque en estos temas se nos puede ir a todos un poquito la olla en momentos así. Sobre todo cuando nos tocan nuestras creencias, o cuando nos señalan a nosotros o a nuestros favoritos por las acciones más cuestionables y menos cuestionadas del mundo (hasta ahora).

Si aportas, te leeremos todos. Y si no, el filtro de spam te aparta. Todos contentos.

Saludos y buena vida.

Sergio Melich (Kheldar)
Autor: Sergio Melich (Kheldar)
Pedagogo al 90% y subiendo. Comunicador y mentor por vocación (y pronto, más cositas). Autor de las webs La Vida es Fluir & Play it Sexy!, Aventurero y Heartist (persona comprometida a vivir, crear y obrar con cabeza, corazón y conciencia). Escribo sobre el Buen Vivir: autoaprendizaje, estilo de vida, habilidades sociales, relaciones y más.

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