La gente de pasta está hecha de otra pasta.
Ayer me crucé con José Elías. Que le hacía mucha ilusión conocerme, me dice el tío. Me quedé con ganas de recordarle que el del avión privado era él, a ver si se había liado.
Me propuso quedar para comer.
¿Qué quiere de mí? Nada. ¿Qué quiero yo de él? Nada.
Y a la vez ambos queremos algo del otro. En mi caso, pasar un rato con alguien que tiene el tipo de cerebro que me gusta.
Eso es a lo que voy, que nadie quiere nada de nadie, incluso cuando quiere algo. Hablo de la gente de pasta.
Hagamos cosas juntos, o no. Lo que sea, porque no dependo de nadie. Es más, si pudieras cambiarme la vida y eso me hiciera dependiente de ti, saldría corriendo.
Mientras tanto, paso el día viendo a tiesos arrastrándose por un like. A la caza de alguien que los apadrine. Una entrevista, una inversión, un contacto, una mención en redes.
Una súplica por hacerse dependientes de otro y así no salir de la misma dinámica en la que llevan toda la vida.
Atiende.
Cada vez que puedas colaborar con alguién, exprímelo…
Pero nunca antes de haber desarrollado una voz tan única que seas independiente de todo y de todos.
Lo explico en el newsletter.
Aquí:
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