Revista Cultura y Ocio

Juego Olímpicos de Berlín en 1936

Por Joaquintoledo

Juego Olímpicos de Berlín en 1936

Introducción y preparativos
Cuando Adolfo Hitler asumió en el poder en el año 1933, no veía con buena cara las Olimpiadas. El Führer, dada su naturaleza ideológica, la consideraba sólo un modo innecesario de hacer valer la paz entre naciones que se odiaban y entre las cuales aún quedaban “deudas que saldar”. Pese a todo eso y con el fin de valerse de dicha hipocresía para restablecer buenas relaciones con las potencias occidentales y darle una nueva imagen en el mundo a Alemania, Hitler peleó para que su país sea la sede de los Juegos Olímpicos de 1936. Finalmente ganó a Barcelona, la única competidora, para los Juegos Olímpicos de verano e invierno, que se llevarían a cabo en Berlín y Garmisch-Partenkirchen respectivamente. El mundo también consideró apropiado que las Olimpiadas se lleven a cabo en Berlín si eso contribuí a acercar a los países y a suavizar la política del régimen de Hitler.
Empero la controversia estaba a la vista. La discriminación de los judíos no estuvo exenta del ámbito deportivo y muchos atletas del mundo entero, vieron la actitud de los nazis con cierto cinismo. Las cosas no quedaron allí, pues muchas delegaciones o deportistas que no estaban de acuerdo con que se llevaran a cabo las Olimpiadas en Berlín, sencillamente se negaron a asistir. Inclusive por poco y se llevan a cabo unas Olimpiadas Populares en paralelo en la derrotada Barcelona, pero con el inicio de la Guerra Civil Española, esto se hizo imposible.
Se inician los preparativos
Lo gracioso e irónico fue que el régimen nazi, antijudío hasta entonces hasta el último rincón, cambió radicalmente su posición y empezó a tolerar a todo lo considerado “judío”. No más maltratos, destrucción de tiendas, persecuciones, asesinatos, discriminaciones, atentados contra edificios, etc. La Alemania nazi debía actuar como un régimen que buscaba impulsar la paz. Por si fuera poco una deportista de origen judía fue incluida en la delegación con el fin de esconder todo “supuesto” odio racial o religioso contra esta etnia. Pero si eso no fue lo llamativo, mucho antes de estrenados los Juegos Olímpicos, todo Berlín fue prácticamente inundado con banderitas con la esvástica. En realidad, no había un solo lugar en la ciudad que no tuviese el tan mentado símbolo. Por si fuera poco, las esculturas diseñadas para la celebración, no dejaban de exaltar a la raza aria y su supuesto potencial superior sobre las otras. Quizá uno de los descontentos de Hitler con respecto a las actividades previas en el evento, fue el no haber tenido un estadio olímpico más grande que el de Los Ángeles. El Führer siempre quiso demostrar su imponencia y superioridad mediante obras arquitectónicas gigantescas e impresionantes, y el proyecto de March y Speer, era todo lo contrario a ello.
Inauguración
El 1 de agosto de 1936, la XI Olimpiada fue inaugurada cuando llegó la llama olímpica. El dirigible Hindenburg hizo su aparición sobre la ciudad. Hitler por supuesto hizo una imponente aparición en público rumbo al estadio donde se hallaban más de 100 mil personas para ver la ceremonia y el desfile de las delegaciones. Esa fue hasta el momento la Olimpiada que consiguió congregar a más países que cualquier otra realizada antes, sumando en total unos 49. Hitler hizo su entrada triunfal y se cantó el himno alemán con la famosa estrofa de “Alemania, Alemania, sobre todos en el mundo”, así como el himno del partido y el himno olímpico. Una vez dentro empezaron a pasar una por una, las delegaciones participantes, muchas de las cuales realizaron el famoso saludo fascista al Führer, británicos y estadounidenses fueron uno de los pocos que se negaron a hacer esto. Esta y otras anécdotas no dejan de hacer ver a Berlín, como una de las Olimpiadas más pintorescas.
Las anécdotas

Juego Olímpicos de Berlín en 1936

Jesse Owens fue uno de los casos más sonados en la historia de las Olimpiadas. El mismo, era un deportista estadounidense afroamericano, que para el fin de la competencia había ganado cuatro medallas de oro. La primera la ganó en salto de altura, y el segundo día obtuvo la de oro en cien metros planos. La primera vez Hitler se retiró del estadio, y después de ello evitó dar más saludos a los deportistas laureados. Los periódicos alemanes, sin vergüenza alguna, no tardaron en calificarlo como “esclavo de los americanos”. Era obvio el desconcierto del régimen y de la prensa nacional socialista, pues el deportista negro estaba tirando por la borda la teoría de superioridad racial impulsada por Hitler. En cuanto a Jesse Owens, sus dos triunfos siguientes fueron la carrera de 2 mil metros planos y la carrera de relevos. Por fortuna para el Führer, los atletas alemanas, donde no estuvo Owens, obtuvieron importantes victorias en casi todas las disciplinas, llegando a acumular 33 medallas de oro, 26 de plata y 30 de bronce. Fue seguido por los Estados Unidos con 24 de oro, 20 de plata y 12 de bronce. Otra de las grandes anécdotas que dejaron los Juegos Olímpicos fue el partido de futbol entre Perú y Austria. El primer equipo terminó ganando por un resultado de 4-2. Sin embargo el Führer alegó que el partido se repitiese, aparentemente por el ataque a un jugador austríaco de parte de los “numerosos aficionados peruanos” que habían asistido al evento, tiempo que fue aprovechado por el equipo peruano para sacar dos goles de ventaja. Presionado, el comité olímpico exigió que se repita el encuentro a puertas cerradas. Empero esta vez, Perú sólo optó por retirar a toda su delegación de la competición, totalmente ofendidos por semejante ultraje, a toda vista de connotación racista.
Algunas cosas buenas
La pompa y el lujo desbordaron en las festividades deportivas, pues Hitler se obsesionó con pretender mostrar a los demás países, que lo peor para Alemania había quedado atrás. A pesar de que la situación era otra, pues Alemania aún padecía de inflación y carecía de una producción de bienes primarios a causa de que toda la industria estaba volcada a la fabricación de armas, los esfuerzos nazis dieron buenos resultados y tanto británicos como franceses se mostraron sorprendidos por el lujo. Por otra parte las trasmisiones por radio fueron efectivas y se llevaron a cabo en casi todos los países participantes. También fueron los primeros juegos en ser emitidos por televisión, a pesar de que esto se limitó sólo a la capital alemana. En las Olimpiadas de Invierno, Alemania no quedó primera, sino segunda y consiguió tres medallas de oro y tres de plata, siendo superada sólo por Noruega.


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