
Ganando un Tour
Dos que jugaban a ser ciclistas
Ya lo dice siempre Perico Delgado en las largas tarde del julio (y septiembre) francés (y español): hay que jugar, de vez en cuando, a ciclistas. Y lo cierto es que, como siempre, Perico acaba teniendo razón.
El ídolo segoviano utiliza esta expresión, jugar a ciclistas, para referirse a ese tipo de momentos imprevistos, fuera de guión, que nadie espera y que parecen no ser del agrado de muchos. Movimientos en descensos, ataques de lejos, ofensivas tácticas apoyadas en el equipo o mi preferido, los ataques en los avituallamientos. Jugar a ser ciclistas, en suma, ya que todas estas cosas están permitidas y han sido usadas profusamente a lo largo de la historia de este deporte.
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Pensemos por ejemplo en el ataque en el avituallamiento, algo que hoy en día nadie se plantearía siquiera intentar por temor a ser tachado de antideportivo. Hoy los avituallamientos son, pese a los nervios por las posibles caídas, los tramos más tranquilos de una etapa, ya que en ellos se establece una especie de pacto tácito de no agresión entre los grandes. Sin embargo, los que piensan que atacar aquí es antideportivo no tienen en cuenta que quien lo hace también arriesga mucho, entre otras cosas porque como poco y a desmano, y por lo tanto queda expuesto en su organismo a una caída de fuerzas brutal. Guimard, siempre Guimard, era el maestro de unos ataques en avituallamientos que fueron llevados hasta sus últimas consecuencias por su alumno Fignon en su victorioso Tour de 1984, con nada menos que diez etapas contemplando ataques de este tipo. Pero pensemos en los riesgos que tomaba el parisino, incapaz de comer con el cuidado y la precisión necesaria. No…un ataque en un avituallamiento es una maniobra arriesgada tanto para quien la sufre como para quien la realiza…como debe de ser toda maniobra en el deporte del ciclismo.
Viene esto a cuento por la última etapa de Dauphine Libere, donde varios ciclistas jugaron a serlo, que diría el gran Perico, y obtuvieron una enorme recompensa por su valentía. Talansky hizo algo poco habitual en los tiempos que corren, que es arriesgarse a una escapada en grupo de más de 100 kilómetros auxiliado por su equipo, y tuvo el merecido premio de la victoria final, como Van den Broeck lo tuvo del pódium o Mikel Nieve de la victoria parcial.
