Revista Cultura y Ocio

Kafka y la muñeca viajera

Publicado el 24 abril 2015 por Useenbooks @Naialma

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Un año antes de su muerte, Franz Kafka vivió una experiencia muy insólita. Paseando por el parque Steglitz, en Berlín, encontró a una niña llorando desconsolada: había perdido su muñeca. Para calmar a la pequeña, el autor de «La metamorfosis» se inventó una peculiar historia: la muñeca no se había perdido, se había ido de viaje, y él, convertido en cartero de muñecas, tenía una carta que le llevaría al día siguiente al parque.

Impresión:

Kafka y la muñeca viajera

Conozco la anécdota desde hace unos años pero no fue hasta hace unos días que supe de la existencia de este libro, gracias a esta entrada de Cris Q. Y el otro día lo vi de pura casualidad en una visita no planeada a la biblioteca y no dudé ni un segundo en cogerlo prestado.

No había leído nada del autor. Había escuchado su nombre en multitud de ocasiones pero no recuerdo si bien, mal o ambas cosas. Sé que ha escrito chopocientas obras muy variadas (desde libros infantiles hasta biografías musicales) y he de decir que esta presentación me ha gustado y mucho. Dicen que es un libro infantil-juvenil pero dado su vocabulario y la forma de contarla, no creo que los niños entiendan todo lo que explica.

Me gustó mucho pasar un rato de este viernes inmersa en un libro de apenas 150 páginas, divido en cuatro partes, las letras del abecedario como título de los capítulos y las ilustraciones de Pep Montserrat.
La forma en la que está narrada la historia me pareció bastante tierna, sin llegar a ser cursi (no lo hubiese soportado.) Te transporta a tu infancia, a esa época donde se es tan inocente y crédulo como Elsi. Esa época en la que no te cuestionas las cosas como lo hace un adulto y en las que un adulto se puede ver en un aprieto porque ya no recuerda como se las cuestiona un niño.
Además te hace sentir – aún- más cariño por Kafka, aunque sea un Kafka fictio, ya que nadie sabe cómo fue de verdad esta historia, desconocida para todos hasta que Dora (su última pareja) lo contó. Klaus Wagenbach buscó a esa niña durante años sin éxito; lo que me lleva a pensar en si ocurrió realmente ¿por qué? pues porque:

· Kafka ya estaba muy enfermo. Podrían ser alucinaciones producidas por la fiebre. Dora nunca fue con él al parque. O, simplemente, una forma que tenía de evadirse un rato de la realidad. Escribir esas cartas le daba un motivo para salir a la calle.

· ¿Qué ocurrió con la niña? ¿Dejó de ir al parque? ¿se mudó? De aquellas, él no gozaba del renombre que obtuvo tras su muerte y, aunque así fuese, ella era muy pequeña para saberlo pero unos años después tuvo que escuchar hablar de él. Quizá no quiso fama, quizá había perdido las cartas, o no relacionó al Cartero de Muñecas con Franz Kafka. Quizá cuando estalló la Segunda Guerra Mundial siendo ya adulta, tuvo que irse de Berlín… podrían ser mil cosas.

Como con tantas otras historias, nunca sabremos qué ha pasado y en este caso poco importa. Si de verdad ejerció de portavoz de aquella muñeca, me parece un gesto bonito. Y bonita también me ha parecido la dedicatoria del libro:

dedicatoria

Puntuación: 7/10


Archivado en: opinión Tagged: 2015, Jordi Sierra i Fabra, Kafka y la muñeca viajera, libros, Pep Monsterrat
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