Revista Ciencia

La alargada sombra denialista

Por F.guiral - S.pérez

Elena F. Guiral

Denialism, how irrational thinking harms the planet and threatens our lives, de Michael Specter, llegó a mis manos de forma curiosa, como premio a un concurso anti mitos OMG a través del blog http://www.biofortified.org/, que recomiendo encarecidamente.

En esta obra Michael Specter, periodista científico de The New Yorker, define e identifica a esa especie cada vez más común conocida como denialista: “todo aquél que ve el progreso de la ciencia como una guerra contra natura”.  Según Specter, los denialistas no son los menos cultos. No se trata de un problema de ignorancia, sino de actitud. Les resulta demasiado duro admitir la velocidad a la que avanza el progreso y prefieren mantenerse en la confortable mentira de que las cosas deben seguir como están. Es decir, si los hechos no encajan con su idea preconcebida sobre un tema, simplemente los ignoran.

La alargada sombra denialista
La hipótesis de Specter encaja al 100% con el rechazo de cierto sector de la población a los alimentos transgénicos, y a los movimientos anti vacunas que han adquirido cierta relevancia especialmente en Estados Unidos en los últimos años. Ellos piensan que están haciendo lo correcto al oponerse al progreso científico y para ello buscan los necesarios argumentos en investigaciones sacadas de contexto o de no probada fiabilidad.

Sin embargo, los argumentos y técnicas de ayer no sirven para los problemas de hoy y de mañana. En este sentido Specter cita a Norman Borlaug, padre de la Revolución Verde en su capítulo dedicado a la agrobiotecnología: “Combina el aumento de la población con altos niveles de pobreza, no les des acceso a los avances tecnológicos y el resultado será hambre y muerte”.

Pero resulta complejo mostrar al público general, el mismo que se deja buena parte de su sueldo en Whole Foods, gigante americano de la comida orgánica, que la ecuación lo más artesanal/tradicional/el pasado= lo mejor no es correcta. Es la ciencia y el progreso la que ha permitido que hoy nuestra esperanza de vida casi se duplique en EE.UU. y Europa respecto al siglo XIX. Y es que el progreso no está exento de riesgos y de prueba y error, pero sin intentos y fracasos no hay éxito.

Teniendo en cuenta que el cambio es duro de aceptar, y especialmente duro el cambio que se produce sin una razón aparente es tarea de científicos y divulgadores respetar los temores y dudas de la opinión pública y tratar de darles una respuesta honesta. De lo contrario, es la ciencia la que deja el terreno abandonado y abonado al denialismo.

Pero el tren del la ciencia y el desarrollo seguirá su travesía, más rápido en algunos países que en otros… porque como Michael Specter concluye en su obra: “el progreso ofrece esperanza y no hay nada más arrollador que la esperanza”.

 


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