Revista Diario

La alegría de vivir

Por Drajomeini @DoctoraJomeini
La alegría de vivir
Hace ya la friolera de trece años, cuando era una joven Médico de Familia recién terminada la especialidad, acudí a un Taller de Terapia Familiar Breve, impartido por un docente de esos que se te meten bajo la piel llamado Miguel Ángel Real Pérez, en el que nos enseñaba a afrontar y manejar de forma adecuada los problemas que se crean en las relaciones interpersonales de nuestros pacientes y que afectan, de alguna forma, a su salud. Decir que ese taller me impactó es decir poco. Por primera vez, después de seis años de carrera y tres de especialidad, alguien me hablaba de empatía y de relaciones humanas. Alguien me enseñaba a afrontar la realidad con algo que no fueran pastillas.  Una de las técnicas de la Terapia Familiar Breve es "la pregunta del milagro". Esto es: "¿cuál sería la visión de tu vida si no existieran tus problemas?". Hace poco, en la Consulta de Dolor Crónico, me acordé de las enseñanzas de Miguel Ángel con Mercedes. Mercedes es una paciente con fibromialgia y un síndrome de espalda fallida. Tiene controlado su dolor, después de mucho trabajar con ella. Pero la sonrisa nunca le sube a los ojos. Ha perdido la alegría de vivir.  - Mercedes - le digo, acordándome de "la pregunta del milagro"-, imagine que, por un momento, durante la noche ha ocurrido un milagro y se han resuelto todos sus problemas. Al despertarse, se da cuenta de que ya no están. ¿Qué es lo que haría, entonces?  Mercedes no lo duda ni un segundo. - Me iría a la playa. Y, luego, al volver a casa, me daría una ducha y me pondría a pintar.  La playa le vendría de vicio. En lugar de eso, Mercedes permanece en casa día tras día, sentada en un sillón viendo la tele, sin levantarse salvo para hacer los ejercicios que yo le he prescrito.  - Y...¿por qué no lo hace?- le pregunto. Mercedes duda antes de contestar. - Me da miedo que me dé el dolor en la playa. Y dejé de pintar porque la gente del grupo al que iba se peleaban entre ellos. Y querían que yo me pusiera de parte de uno o de otro.  Miro al marido de Mercedes, que la escucha, resignado.  - ¿Usted la llevaría a la playa? - Claro -responde él.  - Vamos a hacer una cosa. Como parte del tratamiento, tiene usted que ir a la playa una hora tres veces por semana. Sólo esa hora. Así si le da el dolor, puede echar mano del tratamiento de rescate y volver a casa. Y va a desempolvar las pinturas para pintar un cuadro para esta consulta, que está muy fea.  Mercedes se ríe y, por primera vez desde que la conozco, la risa sube a los ojos. Mira a su marido como la niña que no sabe bien si su padre aprobará su comportamiento. Él también sonríe y asiente.  - Lo voy a intentar.  - No - le contesto - No lo intente, hágalo.  Al salir de la consulta, dándole vueltas a la idea y rogando para que saliera bien, me topé con el cartel de la Autopista. El que pongo sobre estas líneas. Y pensé: "Si me levantara mañana y todos los problemas desaparecieran, ¿qué estaría haciendo yo?". Y, como a Mercedes, la contestación me salió sin dudarlo: "Escribir".  Tal vez, tenga que trabajar para que mi día del milagro sea realidad. Tal vez, mi ideal actual no sea idea mía. Tal vez, sea el momento de replantearse todo. O no. No lo sé. 

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