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La bella y la bestia, más allá de Disney

Publicado el 21 diciembre 2019 por Tdi @RLIBlog

La bella y la bestia, más allá de Disney

La historia de La bella y la bestia es conocida mayormente por las interpretaciones de Disney (1991 y 2017), donde Bella, la protagonista, descubre que la Bestia, a pesar de su aspecto y su fría reacción inicial, es una criatura cariñosa capaz de concederle la libertad para que vuelva con su padre, aunque eso implique la posibilidad de que su maldición se vuelva permanente. Pero como ocurrió con La sirenita (1989) un par de años antes de la primera versión, se basaba en un relato clásico que fue convenientemente alterado.

Orígenes

La bella y la bestia, más allá de Disney

La bella y la bestia (1740) es una obra de la francesa Madame Gabrielle-Suzanne de Villeneuve, perteneciente a la segunda ola de escritores franceses de cuentos de hadas. El cuento fue publicado por primera vez en La jeune ameriquaine, et les contes marins, siendo influenciado por escritores de la primera ola, como Madame D'Aulnoy y Charles Perrault; Cupido y Psique en La Metamorfosis de Apuleyo, así como leyendas populares de bodas con animales. La historia trataba las preocupaciones femeninas de la época, como la crítica del sistema matrimonial donde las mujeres apenas tenía derechos legales (incapacidad de elegir esposo, de negar el lecho nupcial, de controlar su propiedad o de divorciarse). Frecuentemente, las novias tenían 14 o 15 años y sus maridos tenían varias décadas más. Además, las esposas insatisfechas se arriesgaban a ser encerradas en instituciones mentales o conventos lejanos. Las escritoras de cuentos de hadas de los siglos XVII y XVIII solían criticar claramente estas prácticas, promoviendo el amor, la fidelidad, el civismo entre los sexos. Sus historias reflebaban la realidad en la que vivían y sus sueños de un mejor estilo de vida. Las historias de esposos animales, por ejemplo, personificaban los miedos reales de las mujeres prometidas a extraños en matrimonio y que no sabían si encontrarían a una bestia o un amante en su lecho nupcial.

Con algo más de 100 páginas, La bella y la bestia de De Villeneuve fue publicada para lectores adultos. Sin embargo, a diferencia de la versión actual, el destino de Bella yace en las manos de su padre, quien la entrega a la Bestia para salvar su propia vida y sella así su destino. La Bestia es un personaje realmente feroz, no un alma amable oculta tras su pelaje, una criatura alejada de un mundo humano que había sido suyo por derecho de nacimiento. La historia enfatiza su transformación y su necesidad de volver a la esfera humana. Es un verdadero monstruo que es finalmente conquistado por el civismo, la magia y el amor sólamente cuando Bella la ama verdaderamente. En esta historia, la transformación final no ocurre hasta que Bella se casa con la Bestia, descubriendo al despertarse en su cama a un príncipe a su lado.

16 años después, la francesa Mme Leprince de Beaumont, gobernadora en Inglaterra, acortó la historia y la publicó en una revista para damiselas de buena cuna. Adaptó su versión a su público, suavizando las imágenes sexuales y la crítica implícita a los matrimonios concertados. También eliminó las retorcidas tramas de relleno de Villeneuve para acabar de manera menos adulta y subversiva, aunque más directa y memorable. En esta y futuras versiones, la historia es más didáctica. El énfasis pasa de la necesidad de transformación de la Bestia a la necesidad de cambiar de la heroina: aprender a ver más allá de la apariencia y reconocer el buen hombre que es la Bestia. Bella pasa a ser sincera, amable, dulce y sacrificada, es decir, un dechado de virtudes. Con el cambio, se alteró la crítica y rebelión de la historia a una edificación moral enfocada a lectores cada vez más jóvenes, ya que los cuentos de hadas se trasladaron lentamente de los salones adultos a las guarderías. Para el siglo XIX, el aspecto monstruoso de la Bestia es solo una especie de disfraz que lleva, sin ser una amenaza sexual para Bella.

La bella y la bestia, más allá de Disney


A principios del siglo XIX, la proliferación de imprentas extendió la versión de Beaumont en folletos y panfletos, a veces sin acreditar ni a Beaumont ni a Villeneuve. Betsy Hearne ( Beauty and the Beast, 1989) señala que en esta etapa se añadieron detalles del siglo XIX ausentes en versiones anteriores. En la versión poética de 1843 atribuida a Charles Lamb e ilustrada por las sucesivas ediciones victorianas, se presenta la idea del destino. Las acciones de Bella, como ir al castillo de la Bestia en el corcel de su padre, no se atribuyen simplemente a la obediencia ciega (de Villeneuve) o el honor (de Beaumont), sino a la aceptación de la heroina del destino predestinado que se encuentra ante ella.

En el siglo XX se volvió a alterar sutilmente la historia. En el 1909, el dramaturgo francés Fernand Nozier escribió y produjo una versión adulta de La bella y la bestia con un toque oriental. Su rendición humorosa tenía un distintivo matiz sexual y exploraba la dualidad de cuerpo y espíritu. En su versión, las tres hermanas se enamoran perdidamente de la Bestia. Cuando el beso de Bella lo convierte en un hombre, ella se queja: "¡Deberías haberme avisado! ¡Aquí estaba embelesada por un ser excepcional y de repente mi prometido se convierte en un distinguido joven ordinario!".

Este es un problema que ha afectado la mayoría de las representaciones de la leyenda. La Bestia es un personaje tan persuasivo que con frecuencia decepciona que vuelva a ser un príncipe. El problema es particularmente notable en la magnífica película La bella y la bestia (1946) de Jean Cocteau, que sigue siendo la mejor presentación dramática del relato. Se trata de una película en blanco y negro donde Cocteau mezcló fantasía con realidad, combinando planos del castillo encantado de la Bestia con las gallinas picoteando el suelo, entre otros detalles de la vida ordinaria. La película se hizo tras la Segunda Guerra Mundial, una época en la que había diariamente apagones y escasez de equipos, por lo que grabar una película de un cuento de hadas era visto como demasiado trivial. No obstante, Cocteau evitó la trivialidad entendiendo el material en el que se basaba, así como añadiendo una fuerte visión personal y una extensa atención al detalle y el diseño.

Versiones infantiles

La bella y la bestia, más allá de Disney

La bella y la bestia se adaptó en fantásticas ediciones ilustradas, como la de Edmund Dulac con textos de Arthur Quiller-Couch, publicadas originalmente en 1910, la edición de Walter Crane publicada en 1875 o la de Eleanor Vere Boyle del mismo año.

Interpretaciones modernas

La película televisiva americana de la década de 1976 con Walter C. Scott como Bestia apenas hizo ninguna mejora. Enfurecida, la escritora Robin McKinley respondió con Beauty: A Retelling of the Story of Beauty and the Beast (1978), donde, como Cocteau, basó la magia en el realismo y usó una prosa limpia, reflejo del foclore antiguo. En la novela extiende la longitud de la historia sin añadir paja, cambiando algunos detalles, como las hermanas de Bella que son empáticas,pero sin dejar de ser fiel a la obra original. En esta novela, Bella es una torpe pero inteligente joven amante de los caballos. La biblioteca del castillo de la Bestia además tiene obras del futuro, con autores como Browning y Kipling. Posteriormente, más experimentada, McKinley volvió a reinterpretar la historia de La bella y la bestia en Rose Daughter (1997).

Angela Carter publicó dos obras con reminiscencias a La bella y la bestia, The Courtship of Mr. Lyon y Tiger's Bride. En este último, un padre despilfarrador pierde a su hija en una partida de cartas, entregándosela a un acaudalado hombre enmascarado que se la lleva a una mansión ruinosa. En sus historias, la bestia mantenía su carisma.

Gioia Timpanelli traslada a La bella y la bestia a Sicilia en Rusina, Not Quite in Love, publicada en Sometimes the Soul (1998). En ella una pintora empobrecida se casa con un hombre rico pero horrendo físicamente para pagar sus deudas, descubriendo la belleza de su alma. La novela Beauty (1997) de Susan Wilson, aunque ambientada en Nueva Inglaterra, también presenta a una protagonista pintora.

Beauty, publicada en Roja como la sangre (1983), de Tanith Lee sitúa la historia en el futuro, donde la Bestia es un extraterrestre. Aunque sigue habiendo un pretendiente forzado, dos hermanas, un padre veleidoso y la rosa mágica, la transformación la sufre la protagonista al cambiar las ideas sobre sí misma y su vida. Posteriormente, en Beast, publicada en Ruby Slippers, Golden Tears (1995), ,mezcla la historias con elementos de Barbazul o La novia del bandolero. En Skin So Green and Fine, publicada en Silver Birch, Blood Moon, de Wendy Wheeler se incorpora vudú haitiano y posesión espiritual a la historia de la inocente hija de un panadero casada con un hombre misterioso y llevada a una aislada plantación de azúcar.


En el poema Beauty and the Beast: An Anniversary (1989), publicado por primera vez en The Faery Flag, de Jane Jolen se cuenta la vida sin hijos con la Bestia desde el punto de vista de Bella, años después de donde termina el relato original. La cantante June Tabor la interpretó en su disco Against the streams.

Donna Jo Napoli se basa en cuentos persas para Beast (2000), donde la Bestia es un príncipe islámico transformado en león por una maldición. Al huir de las tierras de su padre, se refugia en un castillo francés

Fuente: JoMA Archives


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