Revista Cultura y Ocio

La belleza de las armas

Publicado el 01 noviembre 2013 por Javiermoreno
Todo un descubrimiento el de este autor estadounidense, Robert Bringhurst. Felicidades a Kriller71 y a los lectores que se hagan con él. Os dejo un poema a modo de cata:
La belleza de las armas
DEMÓCRITO I Tener hijos es aún más peligroso, dijo Demócrito, que comprar un espejo, aunque extrañamente esa riqueza surja con facilidad — una cama y dos libros, pan y fruta y un par de zapatos duraderos. A pesar del mal gobierno hacía buen tiempo, pero después del corazón, lo primero en agriarse es el agua. La residencia de verano del demonio es el alma. 
II
Lo que es no es más que lo que no es; el es, sin avance sobre el no-es. El es es no-es con ritmo. Al tocar y girar, el no-es es el es. No ser es fundamental. Así como el silencio es, el no-es, es — durante, antes y después del sonido. El no-es está en todas partes. En ti. Afuera. La presencia no es más que la ausencia que marca el tiempo.
III
Aquello que se despega de lo que no tiene bordes, tiene bordes. Se seca hasta ser luz, se enciende hasta ser fuego. Juzgo que fuego y mente son redondos, aunque el conocimiento sea siempre asimétrico, como las hojas del olmo. Nariz, ojos, orejas, lengua y dedos son dedos — todos los dedos que tantean en busca de huellas en el aire intermitente.
IV
Somos esos gigantes y con tanto esfuerzo estamos aquí, meros contornos en el polvo y nuestras sordas manos gritan tan alto. La sangre diáfana, el hueso diáfano, y tan pequeña se hace la verdad mientras se desmenuza y nada dentro y fuera de los intestinos, flotando a través de la red de la oreja, la red del ojo, el tamiz de la palma de la mano.
V
Un hombre tiene que estar siempre listo para morir, así como el sonido tiene que estar siempre listo para el silencio. Hay, por supuesto, anhelos opuestos, llamados información y música, pero llámenlos risa o llámenlos beatitud,  un buen chiste es lo máximo que se puede pedir.
VI
Los ritmos incontables mundos  incontables — más en algunos sitios que en otros. El movimiento, al examinarlo más de cerca, se revela limitado a la reverberación y a la caída.  Nunca mires hacia abajo sin volverte. Nunca vivas de espaldas a las montañas. Nunca cosas una red de espaldas al mar.
VII Así la tierra migra hacia el sur cada verano. La mente cambia de plumaje en el norte como un pato silbador y resurge, cazando o pastando, en otoño, cabalgando el vendaval, la mancha de la voz como una impresión de la mano a intervalos en el cordaje desatado.
VIII
Casualmente, observarás, dijo Demócrito, que el águila tiene los huesos negros.

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