Revista Opinión

La Blasfemia Asediante del bosque Breheimen

Publicado el 12 julio 2019 por Carlosgu82

«¿Y si la vida es una pesadilla de la cuál escapamos con la muerte?» 

            – Saint

Con manos temblorosas intentaré describir los horrores qué , mis ojos, testigos mudos presenciaron en aquel maldito lugar sinónimo de blasfemias, cosas que ningún ser humano debería ver, presencié, oh cuanto me arrepiento de haber sobrevivido a tal desventura, y cuanto envidio la muerte de aquellos quienes en vida fueran mis compañeros y sé qué por esto podrían odiarme por no valorar el regalo de la vida pero créanme después haber visto eso prefería mil veces estar muerto pero mi cobardía por no tener el valor de quitarme la vida me hacer ser el más cobarde de los cobardes. No estamos preparados para eso y más bienaventurados son aquellos quienes su existencia fue arrebatada por mano propia o por tal aberración que nosotros quienes la ignorancia nos permite vivir bajo un supuesto estado de seguridad ignorando tal temor primitivo que existe desde los primeros tiempos de la existencia misma.
El invierno apenas estaba iniciando aún se podía oler el otoño y sus hojas cayendo ondeando sobre lo que parece una alfombra de vegetación agonizante víctima de la siguiente estación , la brisa helada de Breheimen empapada aún por las corrientes matutinas del Mar del Norte acariciaba los rostros de aquellos visitantes aventureros.
<¡Por fin llegamos! >,  exclamó Lurst luego de suspirar aliviado.
Lurst graduado de meteorología en la Universidad Bergen, amigo mío de la infancia y compañero de estudios hasta que el clima se convirtió en su obsesión.
Yo me encontraba descargando la camioneta junto con quien fuera mi guía Adolf un señor robusto en sus sesentas de poco hablar diría que huraño; me parecía más bien veterano de guerra retirado que busca relajar recuerdos sangrientos de una guerra pasada que un guía y su hijo mayor Ben, ambos ya veteranos en lo referente a la caza y senderismo, conocían el lugar porque se criaron cerca del lago o río Visa muy cerca de donde estamos.
<¿Qué tan grande es este bosque?>, le pregunté a Adolf con un tono más de cansancio que de curiosidad.
<Alrededor de 1500 km2, semanas de terreno a pie>, aseveró Ben interrumpiendo el silencio de su padre.
<Por suerte estamos seguros con ustedes>, respondí tratando de darme tranquilidad a mi mismo
A lo que sólo la mirada de ambos con un aire misterioso me correspondieron.


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