Revista Libros

La camarera

Por Clochard
La camarera
Hoy tras la barra no estaba La camarera.
En su lugar un joven rumano
deslizaba su cansada sonrisa
entre la urgencia del café de primera hora.
No he necesitado preguntar
se me ha adelantado el viejo parroquiano
que ha intercalado conmigo su tristeza.
Ya no trabaja aquí.
Una de esas frases cotidianas
que la gente acostumbra a soltar
ajenas a su condición de bomba racimo,
a la evidencia del cuchillo traspasando el corazón.
Me doy cuenta de que ni siquiera sabía su nombre,
pero era, sin duda, lo mejor de mi día.
Lo mejor de mis días.
Solo deseo que al menos exista una buena razón;
que contra toda estadística cruel
esta vez la locutora de la radio si dijera su número.
Que sorteara amaños y ganara por sorpresa
ese concurso literario.
Que por lo menos la recuperación económica
tampoco pudiera resistirse a sus ojos de castaño incendio,
y le regalara un trabajo acorde a sus estudios.
Que no se haya enamorado de cualquier gilipollas.
No sé, que le vaya bien, joder, solo que le vaya bien.
Que a ella, a La camarera, sí le vaya bien.


Volver a la Portada de Logo Paperblog