![La Casa de las Serpientes - Clark Carrados [Libros] La Casa de las Serpientes - Clark Carrados [Libros]](http://m1.paperblog.com/i/374/3747134/casa-serpientes-clark-carrados-libros-L-JG2UZq.jpeg)
FRAGMENTO DEL LIBRO—¿Y bien? ¿Qué te ha parecido la fiestecita?Antes de contestar a la pregunta de su amigo Ken Owens, Alan Russendyll encendió un cigarrillo. Owens guiaba el coche en que habían viajado los dos hasta la residencia de la sacerdotisa de Madre Pythonia. Russendyll exhaló la primera bocanada de humo y, a su vez, hizo una pregunta:—¿Cómo fuiste a parar a ese antro, Ken?—Por curiosidad —respondió Owens—. Cierto día, recibí un prospecto ciclostilado, en el que se hablaba de ganar la felicidad y la prosperidad, a un bajo costo y mediante ciertas ceremonias, absolutamente inofensivas, que se celebrarían en determinado lugar.«La verdad, en aquellos momentos, hice muy poco caso. Pero a las pocas semanas, me encontré con un amigo, que me dijo acababa de ganar una importante suma en una operación de bolsa. Todo se lo debía, me dijo, a Madre Pythonia, que le había inspirado la compra de aquellas acciones. Encontré sumamente raro que una superstición hiciese ganar dinero a una persona, cuando se trata de una serie de actos en lo que si algo interviene es la inteligencia, el estudio del mercado, la situación nacional e internacional y hasta la buena fortuna, si me apuras. Pero, vamos, que una serpiente hiciese ganar varios miles de dólares a mi amigo, me pareció disparatado.—Y entonces decidiste asistir.—Sí. Fue una sesión parecida a la de hoy, aunque sin sacrificio humano, por supuesto.—Es que no ha habido tal sacrificio, Ken.—Lo sé. Pero ¿pensarán los otros igual? Todos, estimo, son gente tan crédula como morbosa. Estoy seguro de que han sentido escalofríos de terror, al ver esa gigantesca y falsa serpiente pitón; pero, al mismo tiempo, han disfrutado enormemente viendo a la muchacha que se dejaba deglutir por el monstruo de guardarropía. Y no temas, ninguno dirá una sola palabra... esperando, tal vez, en la próxima ocasión, ver cómo se repite el numerito.—Y luego, a la salida, dejar doscientos dólares, cifra mínima, en la caja con tapa de terciopelo negro que hay junto a la puerta. Levanté un poco la tela y vi dos billetes de mil —dijo Russendyll.—Sí, algún agradecido especialmente a Madre Pythonia —rió Owens—, En fin, Alan, ¿qué piensas hacer?Russendyll se recostó en el asiento.—Realmente, no se trata de una estafa. Es una nueva secta, y su sacerdotisa pide donativos, simplemente, cosa absolutamente permitida por la ley. Tampoco se ingieren ni se distribuyen drogas, ni alcohol...—¿Qué me dices de los pebeteros?—Algo de polvo de magnesio, situado sobre un encendedor eléctrico, que actúa mediante un interruptor. La chispa eléctrica inflama el magnesio y éste, a su vez, el incienso que hay encima, y cuyo aroma lo invade todo en pocos segundos. Es posible, también, que haya algunas astillitas de sándalo... Escenografía pura, para incautos, Ken.Owens asintió.—Creo que tienes razón —murmuró.—De todos modos, la chica que se dejó «devorar», me parece conocida.—¿Tú crees?—No estoy seguro. Tendré que esforzar mi memoria —contestó Russendyll—, De todas formas, es preciso reconocer que la escenografía está muy bien realizada. Resulta muy impresionante, en efecto. Sobre todo, los espectadores enmascarados y con las ropas blancas...Continua...
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