Revista Cultura y Ocio
Uno necesita desenredar con violencia
Atiborrarse un órgano invisible con
estremecedores ungimientos
Uno necesita destrozarse hasta contemplar
el ripio de todas las preocupaciones
Al menos hay que intentar un ineludible
lance contra los vestigios
Treparse por donde se pueda hasta el mismo
reflejo que quedó suspendido en el aburrimiento
Porque uno se va cansando de vivir, de
aguantar un día tan incapaz de ser otra cosa
Para ser compasivos, para meterse los
remolinos de lodo que emergen en el tedio
Uno a veces perdona, o sea, uno se conforma
a no explicar, a tragarse entero el miedo
Así es como se envejece.
Otros luchan, claro que ensayan su
estallido y el desenfreno de llevar una tumba con neones
Pero es la misma historia salvo por los
visajes que hace el viento entre los derrumbes
Uno es un pedazo de sobra pensando en medio
de la nada
Y sucede que uno no es insignificante a
pesar de esta revelación
Uno tiene ligaduras, el infinito se vuelve
tan pequeño a veces
Que todo se reduce a sentir que la vida
tiene un propósito
Al
final uno se desenreda violentamente
El
órgano explota hastiado de unciones que no dan tregua
Uno se
destroza necesariamente y entre los escombros hay quienes ven que todo era
ansiedad
Quienes
lo intentan han quedado con los nudillos enganchados en las ruinas
Uno
rescata del azogue más insular del repudio la última esperanza: el reflejo
cansado, el asco
Porque
uno sabe que está hastiado de soportar la redondez del mundo
Entonces
uno se consuela, se hace al lado de cualquier pasión y se ahoga arrastrado por
la culpa
Pero
uno a veces absuelve, o sea, se exime de preguntar y maldecir: son los días del
vómito
Así es
como se rejuvenece.
Otros
se pudren, y por supuesto que intentaron un encandelillamiento pero nadie los
nombra
Esas
son por así decirlo las historias que pueblan el desastre, lo que produce la
normalidad
Uno es
una nada en medio de un pensamiento roído
Pero
resulta que esa nimiedad produce el universo
Uno tiene
relaciones con lo improbable, así es como se rompen los límites
Todo
se ordena, se va creando un nombre y nace aquello que susurra el destino
Al final
Uno golpea con violencia,
La recién aparecida realidad,
Y todo, como por milagro, se desenreda.
