Revista Opinión

La corrupción es normal

Publicado el 29 mayo 2018 por Carlosgu82

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Los casos de corrupción en España son extensos y los costes son altos. A veces da la sensación de que tenemos una sociedad malvada y es necesario que aparezcan políticos nuevos y honrados para que la situación mejore. Una persona que haga las cosas bien de acuerdo con las necesidades de la población, alguien que desee dar su vida por el pueblo y restablezca a la sociedad en la buena dirección. Lamentablemente el deseo de mejora y la incertidumbre de que exista alguien con la capacidad suficiente para lograr nuestro noble cometido, no permite que demos cuenta de que la probabilidad de que esto ocurra es demasiado baja, y que los incentivos más importantes serán completamente ajenos a las verdaderas necesidades del “resto”.

La corrupción es normal

Los políticos son personas independientes a nuestros deseos, tienen sus propias motivaciones y necesidades ajenas a la masa social, porque nuestras más apremiantes necesidades son independientes de cada persona. Pese a que ocurran coincidencias, todos tenemos unos gustos personales no siempre compartidos. Por lo tanto, si damos el poder ejecutivo a un grupo, les estamos poniendo en bandeja la capacidad de influir a favor en sus vidas mientras les pedimos que luchen por nosotros, una situación completamente contraria a la necesidad.

Pongámonos en el caso de que llegue un grupo político increíblemente honrado en sus deseos y con unos actos que en verdad demuestran sus buenas intenciones. Simplemente es imposible que lleguen a tener en sus manos toda la información necesaria para dirigir nuestras vidas. Por mucho que queramos que alguien solucione los problemas de nuestro día a día, el simple intento de imponer algo a alguien, provocará que existan necesidades no cubiertas, una respuesta de las personas en su intento de llenar esas necesidades, y un nuevo objetivo para que el gobierno actué en su intento de solucionar nuestros problemas. Al final la propia intromisión del gobierno obliga a que ocurra otra situación donde tenga que intervenir.

En base a esto, deberíamos plantearnos al gobierno como una herramienta para ayudar a encauzar las relaciones sociales como mediador de los problemas y no como única forma de alcanzar el bien común. Al pedirle al gobierno que abarque un gran campo de nuestras vidas para que trate de aliviar necesidades “globales”, entramos en una espiral sin fin donde nunca podrá alcanzarse el objetivo. La corrupción no ocurre porque las personas que ostentan el poder sean malas, ocurre porque tienen los medios para aprovecharse fácilmente de los demás.


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