No es ninguna novedad que la influencia de la crítica literaria profesional en la acogida de un determinado libro por parte del público ha caído en picado. Los blogs dedicados a las reseñas han proliferado mucho en los últimos años y, en principio, podría parecer que nuestra labor compensa de algún modo la credibilidad que ha perdido el sector, puesto que transmitimos más cercanía a los lectores, hablamos de libros de igual a igual y no hay ningún sueldo de por medio que nos obligue a comentar de forma positiva todo lo que leemos (que aun así algunos decidan venderse para que las editoriales no dejen de enviarles novedades o para quedar bien con el autor es otra cosa).
Sin embargo, nuestros efectos en la cadena del libro son escasos; tan solo hay que fijarse en que muchas novelas que se han recomendado con entusiasmo en la red apenas han vendido ejemplares. He leído muchas entrevistas a profesionales del sector y en general coinciden en que hoy en día la gente se guía por la opinión de los libreros y los amigos (además de la publicidad, claro, aunque no todas las publicaciones que se promocionan mucho logran tener un buen recibimiento. De lo contrario, la fórmula del éxito sería sencilla, pero sabemos que no lo es en absoluto). He notado este desinterés por la crítica en mi blog y en otros espacios que conozco de primera mano, y también me lo han comentado otros blogueros: los artículos que menos visitas y comentarios reciben son las reseñas (salvo la del best-seller de turno), con mucha diferencia. En las redes sociales ocurre lo mismo: tiene mejor recepción cualquier tontería que se diga en Twitter que el enlace a un texto fundamentado sobre una novela.
Los lectores se justifican diciendo que no saben qué comentar al leer una crítica, que no tienen tiempo para leerla o que no les interesa hacer clic cuando se habla de un libro que no conocen (posturas con las que no estoy de acuerdo, pero ahora no es el momento de explicarme). Yo veo la realidad de una forma mucho más simple: solo interesa la crítica como recomendación. La crítica como análisis concienzudo de un libro apenas se valora y los comentaros que recibo me dan la razón, ya que pocas veces van más allá del "Me lo apunto" o el "Buena reseña"; parece imposible llegar a mantener un buen debate sobre literatura. En cambio, con reflexiones sencillas sobre el mundillo en general, la participación aumenta y la calidad de las intervenciones también (a propósito, siempre he querido que quienes leen este tipo de entradas se pasaran también por mis reseñas, entre otras cosas porque cada uno se forma una opinión en función de sus lecturas, y si se conoce lo que suelo leer se me entiende mejor, o eso creo).
Por mucho que algunos se empeñen en negar lo evidente, una cubierta bonita y/o una campaña publicitaria que haga ruido en la red tiene muchísima más efectividad para captar lectores que cincuenta reseñas juntas. A veces pienso que las críticas en realidad solo interesan a autores y editoriales, a los primeros para Revista Libros
No es ninguna novedad que la influencia de la crítica literaria profesional en la acogida de un determinado libro por parte del público ha caído en picado. Los blogs dedicados a las reseñas han proliferado mucho en los últimos años y, en principio, podría parecer que nuestra labor compensa de algún modo la credibilidad que ha perdido el sector, puesto que transmitimos más cercanía a los lectores, hablamos de libros de igual a igual y no hay ningún sueldo de por medio que nos obligue a comentar de forma positiva todo lo que leemos (que aun así algunos decidan venderse para que las editoriales no dejen de enviarles novedades o para quedar bien con el autor es otra cosa).
Sin embargo, nuestros efectos en la cadena del libro son escasos; tan solo hay que fijarse en que muchas novelas que se han recomendado con entusiasmo en la red apenas han vendido ejemplares. He leído muchas entrevistas a profesionales del sector y en general coinciden en que hoy en día la gente se guía por la opinión de los libreros y los amigos (además de la publicidad, claro, aunque no todas las publicaciones que se promocionan mucho logran tener un buen recibimiento. De lo contrario, la fórmula del éxito sería sencilla, pero sabemos que no lo es en absoluto). He notado este desinterés por la crítica en mi blog y en otros espacios que conozco de primera mano, y también me lo han comentado otros blogueros: los artículos que menos visitas y comentarios reciben son las reseñas (salvo la del best-seller de turno), con mucha diferencia. En las redes sociales ocurre lo mismo: tiene mejor recepción cualquier tontería que se diga en Twitter que el enlace a un texto fundamentado sobre una novela.
Los lectores se justifican diciendo que no saben qué comentar al leer una crítica, que no tienen tiempo para leerla o que no les interesa hacer clic cuando se habla de un libro que no conocen (posturas con las que no estoy de acuerdo, pero ahora no es el momento de explicarme). Yo veo la realidad de una forma mucho más simple: solo interesa la crítica como recomendación. La crítica como análisis concienzudo de un libro apenas se valora y los comentaros que recibo me dan la razón, ya que pocas veces van más allá del "Me lo apunto" o el "Buena reseña"; parece imposible llegar a mantener un buen debate sobre literatura. En cambio, con reflexiones sencillas sobre el mundillo en general, la participación aumenta y la calidad de las intervenciones también (a propósito, siempre he querido que quienes leen este tipo de entradas se pasaran también por mis reseñas, entre otras cosas porque cada uno se forma una opinión en función de sus lecturas, y si se conoce lo que suelo leer se me entiende mejor, o eso creo).
Por mucho que algunos se empeñen en negar lo evidente, una cubierta bonita y/o una campaña publicitaria que haga ruido en la red tiene muchísima más efectividad para captar lectores que cincuenta reseñas juntas. A veces pienso que las críticas en realidad solo interesan a autores y editoriales, a los primeros para 