Josep Maria Jarque explica la escuela inclusiva con la metáfora (más bien es una parábola) del sobre.
La escuela es como un sobre de una carta que enviamos al futuro. En el sobre hemos de meter, por ejemplo, una foto. Si tiene un tamaño adecuado para el sobre, lo introduciremos sin problemas. Pero si la foto es de una forma menos común, redonda o pentagonal, no cabe bien. Mal si la dejamos fuera: no la podremos enviar. Y si la doblamos para que quepa, lo más probable es que se deteriore. Toca usar un sobre más grande…
Los niños no son iguales. Y muchos, 10, 20 % tienen características especiales, a veces dificultades o deficiencias. Pero de mayores, en la sociedad, estamos todos juntos. No se puede dejarlos ”fuera del sobre”.
La escuela inclusiva es la que no excluye a nadie. Ni por razones de sexo (eso que llaman ahora ”género”), ni de origen o procedencia, ni por peculiaridades o limitaciones físicas, sensoriales o intelectuales.
Claro que es más complicado. Y que requiere mayores esfuerzos por parte de todos. Pero no quiero hablar de la monstruosidad de las escuelas elitistas o la separacion de los ciudadanos en α, β, γ, δ, ε… en el más puro estilo de ”Un mundo feliz“.
El desastre de la nueva ley de educación tiene en su interior el gusano de la marginación, la carcoma de la descriminación y las telarañas de la privatización.
Tenemos que defender a los niños y, especialmente a los que tiene necesidades especiales, entre ellas la necesidad de protección especial y la de no ser discriminados.
Eso es lo que representa la escuela inclusiva. Pública, universal y sostenible si queremos sostenerla.
X. Allué (Editor)
