Revista Historia

La esperable Caja de Pandora del Brexit

Por Ireneu @ireneuc

Aunque ahora los mercados se vuelvan locos y los países se hayan echado las manos a la cabeza, el que el Reino Unido haya decidido salir de la Unión Europea, si sorprende, no es por el resultado, perfectamente esperable, sino por el tiempo que han sido capaces de permanecer en ella. Y es que resulta materialmente imposible retener a alguien que, en ningún momento, ha estado dentro de una Unión que, discursos moralizantes a parte, ha sido fruto de las circunstancias políticas europeas del momento. Y de esos fuegos, estas cenizas.

Inglaterra, en tanto que líder indiscutible del Reino Unido, ha sido desde siempre un país que ha encontrado en su aislamiento del resto del continente su auténtico leit motif. Europa, para ellos, siempre ha sido fuente de conflictos y amenazas y el Canal de la Mancha les ha servido para mantener una independencia política y cultural que ha calado profundamente en el acerbo inglés. Francia es chovinista, España orgullosa, Alemania imperial... pero el hecho de tener fronteras terrestres que son tan anchas como gruesa sea la valla que los separa, ha hecho que, históricamente, haya habido invasiones, litigios territoriales e intercambios culturales que han diluido estas fronteras totalmente franqueables. Con Inglaterra, esto no ha pasado. Y se nota.

Cuando después de la Segunda Guerra Mundial -que vale la pena recordar que Gran Bretaña no fue invadida gracias a su aislamiento-, la situación económica era tan catastrófica para todos los contendientes que, o se unían todos o se iban a la mierda. Así de contundente y así de real.

La Unión Soviética buscó juntar la economía de todos los países de su zona de influencia siguiendo sus propios patrones comunistas, y los Aliados hicieron lo propio con los suyos, pero de una forma más "democrática". O dicho de otra forma, que apelando a los valores (!) de Europa, las economías más potentes tendían hacia una globalización de los mercados que ayudase a sus ruinosas economías a salir adelante. El Reino Unido, poniéndose la pinza en la nariz y recibiendo el empujón de Estados Unidos (cuya preocupación principal era hacer una Europa occidental potente que sirviera de tampón al avance soviético) decidió formar parte del germen de la Unión Europea.

El tiempo ha pasado y la realidad mundial es radicalmente diferente a aquella de finalizada la Segunda Guerra Mundial. La amenaza soviética ha desaparecido, Alemania se ha reunificado, el mundo se ha globalizado, nuevas potencias están en alza, los países ricos se han estancado y, después de la crisis, Alemania se ha definido como la potencia europea por antonomasia. Un nuevo liderato que ha servido para que los alemanes devuelvan a golpe de recorte presupuestario y austeridad forzada, la humillación por las compensaciones de guerra totalmente revanchistas de los Aliados sufrida al acabar la Primera Guerra Mundial. ¿Que le parece remontarse demasiado? Pues sepa que la Segunda Guerra Mundial es consecuencia de aquella situación y que Alemania acabó de pagar su deuda de la Primera Guerra en 2010. Las consecuencias de las malas decisiones políticas pueden durar siglos.

En esta situación de nuevo liderato europeo, en que la austeridad se ha convertido en el peor lastre para remontar la crisis, la Gran Bretaña ha visto que, aún a pesar de ser la segunda economía de la Unión Europea y, posiblemente, como fruto a su secular desconfianza con lo que viene del continente, el peso de la decisión política europea -ergo económica- se lo llevan Francia y, sobre todo, Alemania. Si a eso le sumamos la burocratización hasta la nausea de un parlamento de Bruselas que no sirve para solucionar ninguno de los problemas del día a día de los europeos, más allá de los problemas de los grandes lobbies financieros, encontraremos el porqué Gran Bretaña ha decidido, cual caracol, replegarse dentro de sus siempre confortables y definidos límites territoriales.

Escocia, por su parte, en su proceso de separación del Reino Unido -por no decir de Inglaterra- no quiere saber nada de este repliegue defensivo y, hasta cierto punto chovinista (se nota la influencia francesa), de sus vecinos ingleses. Ello hace que vean en el pertenecer a la Unión Europea más ventajas que inconvenientes, por lo que organizarán un nuevo referéndum de independencia, justamente para quedarse en Europa. Un referéndum que, paradójicamente, estaría bien visto por el gobierno español, en tanto que beneficiaría su intereses económicos europeos, pero que a la vez dejaría sin validez moral cualquier excusa para evitar el referéndum de independencia de Catalunya.

¿Y el resto de Europa? Pues, en viendo las barbas de tu vecino quemar, pon las tuyas a remojar. O lo que es lo mismo, que los partidos de ultraderecha y populistas antieuropeos, aprovecharán el tirón del miedo al "lobo" para hacer campaña entre los maleables espectadores de " Hombres, mujeres y viceversa" de cada país, con la intención de ascender en el poder de sus respectivos gobiernos. Lo que llevará a más de un país a serios conflictos internos.

En definitiva, que la salida del Reino Unido de la Unión Europea ha abierto la caja de Pandora, y los vientos que han escapado de ella pueden tener unas consecuencias totalmente inesperadas. La Gran Bretaña saldrá de la comunidad europea -si es que estuvo en algún momento- y afectará en mayor o en menor medida a la economía global del planeta. Pero, sin dudarlo, el Brexit es un serio toque de atención para Bruselas (léase la Alemania de Merkel) para que, o se pone las pilas y atiende a las necesidades sociales reales de la población europea, olvidándose de la austeridad salvaje y de los pingües beneficios de los grandes especuladores financieros o, en poco tiempo, en la Unión Europea no va a quedar ni el tato.

Y el primero ya ha abierto la puerta.


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