Revista Opinión

La Europa que Andalucía necesita

Publicado el 24 mayo 2014 por Juantorreslopez @juantorreslopez

Publicado por Fundación Alfonso Perales, mayo 2014

I. EUROPA

  1. En los últimos decenios el marco internacional de las naciones se ha hecho cada vez más importante y determinante del desarrollo económico y del bienestar de su población.
  2. Pero no resulta fácil lograr que dicho marco resulte siempre favorable y genere sinergias, que sea un empuje efectivo para lograr mejores condiciones de vida.
  3. El desarrollo de nuevas tecnologías ha permitido desarrollar una nueva oleada globalizadora que ha acercado a los pueblos y puesto a su alcance horizontes antes impensables.
  4. Sin embargo, la globalización se ha desarrollado en condiciones que están resultando al mismo tiempo muy adversas por la desregulación que lleva consigo y por la falta de instituciones democráticas a nivel internacional que favorecen el predominio de una lógicade imperio. Ambas circunstancias viene produciendo gran desorden y que los conflictos, incluso armados, se multipliquen y se dan en casi todos los rincones del mundo.
  5. El desorden ha sido especialmente relevante en el terreno financiero pues ahí la globalización ha sido quizá más profunda que en ningún otro ámbito y ha venido acompañada de una plena libertad al movimiento de capitales que trae consigo importantes perturbaciones y crisis. Así, desde 1970 ha casi un centenar y medio de crisis, perturbaciones o situaciones de inestabilidad financieras graves en todo el planeta, entre las cuales ha destacado la última que aún estamos viviendo.
  6. La globalización en tales condiciones está resultando ser bastante asimétrica, pues las de las políticas sociales, la de igualdad y la extensión de los derechos y de las condiciones que permiten el gobierno democrático van muy por detrás de la que afecta a las finanzas y a los grandes capitales.
  7. Coincidiendo con el avance de la globalización se ha consolidado en proyecto de unión europea, lo cual ha tenido efectos positivos pero también negativos.
  8. El efecto positivo de la aceleración de la integración europea en estos últimos 35 años es que su extensión ya es prácticamente continental y que están puestas todas las bases para conseguir que Europa sea la base de un proyecto de trascendencia planetaria. El negativo es que el proceso de integración ha estado demasiado impregnado por las ideas neoliberales y conservadoras dominantes en estos últimos años. Su consecuencia es que no se ha avanzado de modo equilibrado, que hay muchos aspectos por desarrollar, que los déficits son grandes en muchas políticas, que la desigualdad entre territorios y personas haya crecido tanto y que, como consecuencia de ello, la ciudadanía vea a la Unión Europea como un proyecto no ya inacabado y perfectible sino como demasiado imperfecto e incluso frustrante. Y el lado más peligroso de esto último es el crecimiento de las corrientes antieuropeas e incluso claramente fascistas o neonazis.
  9. Particularmente graves son los déficits y deficiencias que afectan a las instituciones y al poder políticos y a la unión monetaria.
  10. La mayor limitación de la política y de las instituciones europeas podría resumirse en el hecho paradójico de que la Unión en su conjunto no cumple con los requisitos democráticos que se le exigen a los países que aspiran a entrar en ella. No hay poderes democráticos, no está bien definido el balance de poderes entre las distintas instituciones y eso las deja demasiado al socaire de los grupos de presión que se cuelan por las rendijas de los reguladores limitando la posibilidad de que las decisiones europeas respondan a las verdaderas preferencias de la ciudadanía.
  11. Por su parte, la unión monetaria fue especialmente mal diseñada desde el primer momento, con carencias fundamentales que le han ido impidiendo hacer frente a la los desequilibrios naturales en el devenir económico y muy especialmente cuando se ha producido una crisis tan fuerte como la  de 2007 y años siguientes. Sin hacienda europea, sin un auténtico banco central, sin mecanismos, por tanto, de reequilibrio y supervisión a escala europea (como particularmente en el caso de la banca y las finanzas) lo que se ha producido en los últimos años ha sido un continuado crecimiento de las asimetrías entre los diferentes espacios económicos que se ha traducido en un balance muy desigual de los costes y beneficios de la integración monetaria.
  12. Finalmente, el predominio de las ideas neoliberales y la carencia de mecanismos auténticamente democráticos de debate y resolución han terminado por imponer las conocidas políticas de austeridad que han producido un daño extraordinario al bienestar de las personas sin haber resuelto nada de cara a lograr salir de la crisis en la que se encuentran, prácticamente sin excepción, todas las economías europeas.
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II. ANDALUCÍA: EN UNA ENCRUCIJADA HISTÓRICA

  1. En estos últimos 35 años han coincidido también otros dos procesos que han afectado directamente a Andalucía: la transición a la democracia en España y la conquista del autogobierno por nuestro pueblo. Una coincidencia que evidentemente no ha sido inocua sino que, por el contrario, ha influido decisivamente, impregnando todo lo que ha ocurrido en Andalucía en los últimos 35 años.
  2. En estos años Andalucía ha cambiado radicalmente. Basta comparar estadísticas básicas de la actualidad con las de hace 35 o 40 años para comprobar que una sociedad atrasada, con niveles de analfabetismo extraordinarios que venían de siglos atrás, sin apenas servicios públicos y sociales, con zonas rurales en situaciones de pobreza tercermundista… se ha convertido en una sociedad moderna perfectamente equiparable a la de cualquier otro países europeo. Basta saber, por ejemplo, que a finales de los años 70 solo un tercio de la población en edad de escolarizarse en secundaria lo hacía, mientras que se porcentaje alcanza hoy día al 80%.
  3. Una gran parte de los aspectos positivos de los cambios que se han venido produciendo se deben a los efectos de nuestra integración en la Unión Europea. No solo por la gran cantidad de fondos de solidaridad recibidos sino porque con ella los andaluces y andaluzas hemos pasado a sentirnos ciudadanía de un marco global mucho más ambicioso, cambiando en gran parte y para bien nuestros intereses, nuestra cultura y los incentivos.
  4. Sin embargo, el proceso de cambio de estos últimos años tampoco está exento de problemas, de limitaciones y de tareas aún por desarrollar. Es cierto que Andalucía no ha perdido el tiempo pero también que ha sucedido lo mismo con otros territorios y eso ha hecho que el gran avance registrado no haya servido en gran medida para que Andalucía deje de estar en la cola de las regiones europeas.
  5. Además, el proceso de desarrollo que ha culminado con la creación de un estado de bienestar avanzado en nuestra tierra ha estado principalmente basado en políticas redistributivas lo cual tiene aspectos positivos y que deben subrayarse (basta comprar lo que ocurre en otras comunidades cuando dejan de aplicarse) pero también negativos, porque significa que no se han desarrollado suficientemente los factores endógenos creadores de actividad económica,  de ingreso y equidad. El principal efecto de esto posiblemente sea una fuerte dependencia de las administraciones públicas, y su gran protagonismo, lo cual ha producido en algunos momentos efectos perversos y muy negativos, como episodios de corrupción que desaniman y frustran a la ciudadanía.
  6. Por esas razones resulta inevitable reconocer que el innegable avance que se ha registrado en Andalucía va también acompañado no solo de atraso relativo, que en realidad es lo de menos, sino de fenómenos como el gran desempleo y la pobreza, la pérdida de tejido productivo, especialmente industrial, la desvertebración no del todo resuelta de nuestro espacio económico, la dependencia, la carencia de un sector financiero potente y volcado en nuestro desarrollo regional, y, en general, la falta de resortes propios para poner en marcha la creación de riqueza.
  7. Una gran parte de estos problemas, que son muy importantes, tienen que ver con el tipo de inserción de la economía andaluza en la unión europea y de las consecuencias negativas que tiene el deficiente diseño de la unión monetaria.
  8. Concretamente, la integración en la UE ha supuesto una pérdida muy importante, por no decir que en muchos sectores casi definitiva, de capacidad de maniobra y de decisión estratégica. Los mejores activos de nuestra tierra han pasado a formar parte de grandes cadenas internacionales y eso determina lógicamente la estrategia de creación de valor que siguen en Andalucía. Una empresa hotelera, por ejemplo, que forma parte de una cadena mundial no necesita ni busca el desarrollo del entorno que pueda proporcionarle demanda e ingresos sino que esto se maximiza a nivel global. A escala local solo se trata de buscar menores costes y una gestión solo más propicia a una cuenta de resultados que se contempla en su conjunto. Muy a menudo, este tipo de estrategias globalizadas termina  por resultar más empobrecedoras y generadoras de desigualdad que otra cosa.
  9. En esas condiciones, ha sido muy difícil que Andalucía haya tenido posibilidad de generar un modelo propio de generación de actividad y riqueza y que se ha volcado en un modelo insostenible en los últimos años que finalmente ha terminado generando los gravísimos problemas que ahora tenemos. Y bien es verdad que no siempre por determinación exterior, por muy fuerte que esta haya sido, sino también porque los andaluces o bien hemos asimilado ese modelo o no hemos sido capaces de alterarlo y generar vías de desarrollo alternativo co0n fuerza suficiente.
  10. Eso quiere decir que un balance realista de nuestra integración debería contabilizar no solo la gran aportación que han significado los fondos europeos, sino tener en cuenta también que éstos no se han recibido a fondo perdido ni mucho menos. Es importante que la ciudadanía andaluza sea consciente de esto porque es fundamental acabar con la idea de que Andalucía es un pueblo subsidiado y dependiente de las ayudas.
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LA OTRA EUROPA QUE ANDALUCÍA NECESITA

  1. Europa vive un momento crucial de su historia y las próximas elecciones europeas marcarán quizá un antes y un después.
  2. La crisis ha puesto de relieve que la Unión Europea no cuenta con políticas ni instituciones que sean las más adecuadas para generar bienestar y evitar el impacto negativo de incidencias como la que estamos viviendo. No en vano, la  economía no se está recuperando como en otros espacios y el bienestar social se ha deteriorado más en Europa. Por muy peligroso y frustrante que pueda ser no puede dejar de entenderse que una parte muy grande de la ciudadanía rechace cada vez más la integración europea pues se está basando en aplicar políticas que casi el 80% de la población europea rechaza expresamente cuando se le pregunta en las encuestas.
  3. Los datos estadísticos no dejan lugar a dudas sobre el efecto tan negativo que está teniendo la pigmentación neoliberal de las políticas europeas, e incluso del proceso de integración en su conjunto, durante los últimos tres decenios. La desigualdad ha crecido, las estructuras de bienestar y los servicios públicos se resienten en toda Europa, el desempleo crece, Europa se encuentra dominada ahora por una crisis de deuda que no tiene solución posible en el marco de las políticas que se están aplicando porque deterioran el crecimiento y a la postre merman los ingresos…
  4. Andalucía requiere, pues, de otra Europa. De una Europa más sinceramente consciente y reflexiva sobre los efectos reales de las políticas que se vienen aplicando, que evalúe en mayor medida sus resultados y que anteponga de verdad el bienestar y el desarrollo de los pueblos.
  5. Andalucía necesita, en primer lugar, de una Europa plenamente democrática, única forma de que se pueda garantizar que las preferencias ciudadanas se traducen en decisiones políticas y que estas no son, por el contrario, una simple expresión de los intereses de los grupos que nunca concurren a las elecciones porque se hacen fuerte tras las bambalinas del poder.
  6. Esto último requiere un fortalecimiento de las instituciones, un gobierno europeo que sea expresión de los intereses y preferencias presentes en el Parlamento y un Parlamento con mucha más capacidad de controlarlo y de decidir sobre el futuro de Europa.
  7. Andalucía necesita una Europa con contrapoderes, donde la democracia signifique deliberación social y la posibilidad efectiva de que la ciudadanía participe en la toma de decisiones.
  8. En el ámbito económico Andalucía necesita un replanteamiento sustancial de modelo de unión monetaria.
  9. Andalucía necesita que Europa disponga de un banco central que verdaderamente lo sea, que financie a la economía y a los gobiernos y entre cuyos objetivos se encuentre, como en otros lugares, el pleno empleo y el desarrollo, que sea transparente y democrático y no la mera expresión de los intereses de un país o grupo social.
  10. Andalucía necesita avanzar hacia una auténtica hacienda europea y hacia una verdadera política fiscal común que no solo recaude sino que incentive y dirija la asignación de los recursos y garantice la estabilidad que hoy día no tenemos en Europa.
  11. Andalucía necesita políticas sectoriales potentes y con objetivos diferentes a los que hoy día predominan. Y, particularmente, Andalucía necesita, como Europa en su conjunto, una política mucho más potente y decidida de I+D+i y auténticas políticas transversales de igualdad no solo paliativas sino como las base de procesos de generación de valor endógeno.
  12. Andalucía necesita una estrategia económica europea de otro tipo. Cada vez más evidencias empíricas e informes ponen de relieve que la estrategia de la competitividad compulsiva no solo es frustrante en términos de resultados sino tremendamente injusta por generar inevitablemente desequilibrios y desigualdades y que, por el contrario, las estrategias basadas en el fortalecimiento de los mercados y las necesidades internas resguardan mejor de las crisis y proporcionan mejores resortes para la actividad, el empleo y el desarrollo.
  13. Andalucía necesita una Europa de la ciudadanía y de los pueblos que asuma globalmente la convicción de que no es necesario, sino todo lo contrario, que las personas y los colectivos pierdan sus perfiles históricos y culturales cuando se integran en un proyecto común, sino que eso debe ir acompañado de un reforzamiento mutuo de la idiosincrasia propia y del abrazo de otros valores y costumbres. Andalucía necesita una Europa integradora que repudie para siempre la xenofobia y el racismo y que anteponga los derechos humanos, la igualdad y el respeto a la diversidad a cualquier otro tipo de objetivos.
  14. Andalucía necesita una Europa en donde plantear este tipo de demandas y horizontes no sea una quimera sino en donde los pueblos puedan proponer y contribuir efectivamente a las decisiones, en donde el diseño de sus horizontes también esté al alcance de las mujeres y hombres corrientes, de los grupos sociales hasta ahora más desfavorecidos.
  15. Y Europa se necesita también a sí misma de otro manera y por ello necesita a otra Andalucía, que se supere también, que no sea esclava de su historia y de prejuicios ancestrales, que sea capaz de romper con las inercias y de enfrentarse al futuro, como tantas veces a lo largo de su historia, con arrojo e inteligencia. Hoy día, para hacer de la crisis un resorte de cambio que impulse nuevas fuentes de riqueza y mecanismos que garanticen que el valor que se genere se queda en nuestra tierra, que haga nacer nuevos protagonismos y formas aún más participativas y democráticas de gobernarse. Y Europa y Andalucía se necesitan mutuamente para que sus pueblos se convenzan y actúen convencidos de que nada ni nadie podrán imponerles nunca más la historia que han de vivir ni el camino por el que han de vivirla, como desgraciadamente ha ocurrido en gran medida en los últimos de la historia europea que podría empezar a cambiar tras las elecciones europeas si las fuerzas auténticamente progresistas se imponen al conservadurismo y la reacción, e incluso al neofascismo, que se quieren hacer fuertes en nuestro continente.

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