
Junto al fuego | Kilburne
O una de las mejores. Cuando vas corriendo como una posesa arriba y abajo; te dedicas a elaborar magníficos calendarios para colocar a tus niños cual si fueran patatillas calientes; ahora que se acerca el caluroso y largo verano y te faltan manos y te sobran días, recuerdo con cariño aquellos maravillosos dos años que me pasé con mis hijos. La excedencia por mi segunda hija fue una gran elección. Disfruté, exprimí, saboreé la maternidad en estado puro. Sin prisas, sin preocupaciones más que las normales de la crianza (el comer, el dormir, los berrinches). Pero siempre disfrutando del momento. Ahora recuerdo con cariño aquellas mañanas saliendo por la puerta tranquilamente, llevando a mi pequeño gran hombre a su cole de niño grande; volver a casa con mi pequeña princesa; jugar con ella; recoger un poco la casa; leer; mecerla; salir a pasear; salir a comprar sin necesidad de esperar al fin de semana y romperme el brazo con el súper carro de la compra; hacer los recados sin que se acumulen todos el sábado y no te dé tiempo para nada. Y, sobre todo, no depender de nadie más que de ti misma para hacerte cargo de tus pequeños. Me alegro de no haber dudado ni un ápice a la hora de escoger esta elección. ¿No gané dinero? Sí, no gané dinero. ¿Fuimos más justos? Sí, pero siempre hay prioridades. Al fin y al cago, para mí, alcanzar la felicidad es conseguir ser feliz con aquello que tienes a tu alcance. Y para mí era poder estar con mis hijos, nada más (y nada menos).Y eso que dicen de no sé que tren que se pierde cuando te alejas un tiempo del mundo laboral, no me lo creo. Las nuevas tecnologías permiten estar al día en muchas cosas y oye, sí, cuesta coger el ritmo, pero pronto se coge, mucho antes de lo que uno se imagina. Los primeros años de nuestros hijos pasan muy rápido, demasiado. Pero yo me alegro de haber podido estar mucho mucho tiempo con ellos.
