El paro en sí es una gran tragedia pero dentro de esta existe un grupo de más de medio millón de personas, según la EPA, que se sienten abandonadas por ser mayores y estar paradas. Muchos de ellos ya sólo esperan a jubilarse, con la moral hundida en el semisótano, viendo como les recortan sus sueños para la jubilación después de décadas partiendose el espinazo currando. Hablamos de personas que son demasiado jóvenes para la jubilación pero también demasiado mayores para encontrar trabajo. Són personas normales que se han de poner el traje de superheroe para sobrevivir con un pauperrimo subsidio que no llega para nada, muchas veces ayudando a sus hijos, que también están parados. Eso en el mejor de los casos, porque cada vez es más difícil conseguirlo una vez agotada la prestación por desempleo.
El sistema los ha vuelto “invisibles”, los etiqueta como obsoletos y se permite el lujo de despreciar sus perfiles profesionales, envidiables, con una larga trayectoria a sus espaldas que, visto lo visto, no acumularemos muchos de nosotros ni en dos vidas. Son gente acostumbrada a todo, con toda una serie de vivencias que ahora necesitaríamos si queremos salir de esta. Ellos ya salieron de una crisis, podrían ayudarnos a sacarnos de esta.
Están cansados de escuchar, cada vez que aparecen con su currículo plagado de años de experiencia en sus manos, el mismo mantra sin gracia: que si son ”viejos”, que si son“momias” o ”que es un dinosaurio acartonado”. Están ya tan desilusionados que muchos bajan los brazos, derrotados. Se sienten despreciados viendo como, además, un gobierno indolente les ha endurecido las condiciones para que puedan cobrar el subsidio haciéndolos más vulnerables todavía.

Reconozco que no existen soluciones mágicas al problema pero haría falta, como siempre, un poco de voluntad por parte de nuestros políticos. Igual crear un sistema de empleo “senior” en el que sea el trabajador experimentado el que se encargue de formar al joven, y así aprovechar la experiencia acumulada. Un programa decente de prejubilaciones o, sobre todo, modificar el sistema de cálculo para las pensiones podía ayudar bastante.
El caso es que si no se encuentra una solución urgente, un día seremos muchos de nosotros los parados “senior”. Teniendo en cuenta que el problema no va a hacer más que crecer con la idea de subir la edad de jubilación hasta los 67 o lo que se les ocurra, total, como ellos no se encaraman al andamio…
