Revista Cine

La Flor - 2018

Publicado el 20 enero 2019 por Jimmy Fdz
La Flor - 2018
Director: Mariano Llinás
La Flor - 2018
"La Flor" es la nueva película de Mariano Llinás; una película de catorce horas que se exhibió, de manera gratuita (gracias a nuestro gobierno socialista, como jocosamente apuntó el director) y en tres partes, la primera, de tres horas y media, el miércoles, la segunda, de cinco horas y media, el viernes, y la tercera, de cinco horas aproximadamente, ayer sábado. Todas las funciones presentadas por el director, que nos iba explicando de qué trataba el asunto, por ejemplo, la primera parte consta tan sólo de un intervalo, el cual, según el consenso, llega un poco tarde, y que ocurre poco después de que aparezca un escorpión en pantalla, así que ya saben, cuando aparezca un escorpión o se haga referencia a un escorpión, es que el intervalo está cerca, y cuando llegue la escena en donde unos malos hablan en italiano sobre escorpiones, es que definitivamente el intervalo está a la vuelta de la esquina. La segunda función es la más larga, de casi seis horas, amén de los dos intervalos, el primero que llega cuando aparecen estrellas, o sea, cuando veamos estrellas, se acerca el intervalo, el primer intervalo digo; el segundo intervalo ocurre cuando aparecen unos chinos, o mejor dicho, poco después de los chinos. El tercer día las instrucciones variaron un poco, a saber: cuando llegue el primer intervalo, ustedes se dirán "¡chucha, cómo hicieron eso!", y cuando llegue el segundo, la impresión será "¡chucha, que les quedó bonito!". También nos advirtió que los créditos duran cuarenta minutos y que al final no sucede nada, no como una de esas películas de Marvel, pero que hay que verlos, que si alguien dice "Vi 'La Flor' pero no los créditos", bueno ya, vio "La Flor", no le digamos lo contrario. Finalizada la película, estas monstruosas y sobrehumanas catorce horas, el director (que llegó poco antes de finalizada la proyección, a ver los créditos casi en su totalidad) se quedó para una amena e íntima charla de una hora más o menos, sabiamente terminada poco antes de que el Metro cerrase sus puertas (por suerte la estación más cercana está a media cuadra del Centro Cultural en donde está instalada la sala de cine de la Cineteca Nacional, pero si no uno tomaba una micro y listo), en donde uno ve a una persona, aparte de locuaz y de un expansivo sentido del humor, apasionada del cine, de ver y proyectar películas en una sala de cine, en una pantalla grande, gigante, pero apasionada del cine a fin de cuentas, que le gustan las películas, acompañar sus películas allá por donde se proyecten, no es de esos directores que abandonan sus películas una vez terminadas, está pensando cuál será su próxima película aunque no lo tiene muy claro aún, no es un fanático o defensor de los extensísimos metrajes, por ejemplo no ha visto películas de Béla Tarr o Lav Díaz (así como para vislumbrar ritmos, estructuras, según la pregunta de alguien del público), sí vio "Shoah" y, más allá de la calidad parece que la experiencia le fue agotadora, un poco pesada, parece que tampoco ha visto "La Flor" en un cine, de hecho nunca ha visto una película de catorce horas o extensión similar en un cine, hasta nos aplaudió luego de nosotros haberlo aplaudido a él y su película finalizados los créditos, el caso es que "La Flor" dura catorce horas porque es lo que tuvo que durar, es un conjunto, ni pensar en proyectar partes por separado (se exhibió la primera parte una vez, a falta de finalizar el resto, por cuestiones de contrato con I-Sat), también habló sobre procesos, sobre el trabajo, dio lo que puede considerarse como claves para entender esta película (la provincia de Buenos Aires como constante), este objeto, pero... pero ahora mejor hablemos de la película, aunque aún nos quede harto por hablar, hablaremos de distintas formas además, lo que sea, no tengo nada planeado, no tengo apuntes tampoco, intentaré ser lo más honesto con las impresiones del momento. Lo cierto es que la experiencia es extraordinaria, inigualable, "agotadora" pero profunda y plenamente satisfactoria, como tener sexo con alguien un fin de semana entero, no es cansancio lo que sientes, es la sensación de estar vivo que recorre, cual sobredosis, cual corriente eléctrica, cada fibra de tu cuerpo y mente. "La Flor", damas y caballeros, "La Flor"...
"¡Buena suerte!", nos dice el director antes de irse, antes de dejarnos solos en esta sala que comienza a oscurecer, frente a esa pantalla que comienza a cobrar vida. Lo primero que vemos es al director, un poco más joven, con el cabello algo más oscuro (aunque en persona tampoco tiene tantas canas, de hecho no sé si tiene, o a lo mejor son canas rubias, no sé si eso exista), explicando de qué tratará la película completa, por qué se llama La Flor y qué significa realmente eso, La Flor. Pues bien, nos dibuja una flor (es la captura que encabeza la entrada): hay cuatro pétalos, cada pétalo es una historia que comienza pero que no termina, que llega a la mitad: la primera historia es una serie B como las que hacían los estadounidenses antes, como ya no saben hacer, o como se olvidaron de hacer; la segunda historia es una suerte de musical con un misterio de trasfondo; la tercera es una historia de espías; la cuarta historia... ni el mismo director aún comprende de qué trata exactamente esa historia; la quinta historia, que sería la parte central de la flor, el ovario al parecer, es una historia que comienza por el principio y que sí termina, por el final; y la sexta historia, el tallo, es una historia que termina pero que comienza por la mitad. Todas las historias, por supuesto, protagonizadas por las mismas cuatro actrices en distintos roles. La película es, en cierta forma, por y para ellas; la película, en cierta forma, se trata de ellas.Terminado el prólogo, escuchamos otro buena suerte.Y que venga la primera historia, la serie B.
Son muchas las preguntas, las respuestas y las impresiones o sensaciones que surgen a lo largo de toda la película. Por qué, por ejemplo, es un conjunto cuyas partes no se pueden separar. De qué trata todo. Cuál es la propuesta, la gracia de la estructura, la idea de la flor.Cuando terminan las historias que no terminan uno piensa que en realidad sí terminaron, aunque es obvio que no terminaron en un sentido argumental, que quedaron flancos abiertos y que poco antes del "fin" aparecen personajes que, naturalmente, tendrán más preponderancia en esos hipotéticos postreros actos que faltan y que nunca veremos (y ni falta que nos hace). Pienso: esto es narración. Pienso: "La Flor" es el arte de narrar, el placer de narrar. Se narra, se puede narrar más que una seguidilla de hechos, de acontecimientos. Se narra, simplemente, con sus múltiples estilos, formas, voces, tonos, ritmos y estéticas, etcétera. Qué se narra, me cuesta describirlo. Pero se narra. Y qué manera de narrar. Se narra lo que se tiene que narrar; hay historias en todos lados, cada cosa es una historia, cada historia tiene su voz, su sangre, su identidad, y el conjunto, el Todo, tiene su inquebrantable coherencia. Es cine, también es literatura, y es música. Es una unión perfecta.
La primera historia, la serie B, es la historia de una momia y de unas científicas. En un instituto hay mucho ajetreo, mucha gente preparando cosas, hay vacaciones de fin de semana santo, pero llega algo, una caja grande, la envía un tal Giardina y tres de nuestras chicas, de nuestras actrices, deben quedarse a custodiar el paquete, y el paquete es una momia, y la momia pondrá patas arriba todo. Una historia divertida, una verdadera serie B, pero pienso, ¿es necesario, es útil, es apropiado ponderar cada episodio por propia cuenta?, ¿sirve que venga a decir que el primer episodio es divertido y un verdadero, un auténtico serie B? Es el inicio del viaje, eso es cierto.La segunda historia es la especie de musical con misterio de trasfondo. Una pajera de músicos, pareja en la vida real digo (vida real de la historia), un dúo al estilo Pimpinela (aunque estos son hermanos, claro... los Pimpinela, digo), se niega a volver a cantar juntos, y su música lo nota, se resiente, no es lo mismo. Al ritmo de las canciones que los llevaron al éxito, se suceden recuerdos, ensoñaciones, diálogos, revelaciones, mientras una oscura organización que busca escorpiones cuyo veneno puede garantizar la eterna juventud verá que sus intereses serán fuertemente influidos dependiendo de la re-unión o separación del dúo ese. Una historia extrañamente cautivadora, fascinante, deslumbrante, que invoca a Hitchcock y a Bergman, aunque bien podrían rastrearse otras referencias, musicales también, literarias también, artísticas a grandes rasgos, la narración, el arte de narrar que es un eterno diálogo entre un creador y lo que lo rodea. Un episodio tenso, parsimonioso, feroz, tierno...Pero insisto, aunque todos estos argumentos sean geniales, con grandes personajes, con memorables escrituras, con escenas y secuencias potentes, poderosas, portentosas, no sé si se trate de eso, no de eso únicamente, son historias que no terminan a las cuales no les hace falta terminar, es otra cosa lo que debemos ver, buscar o simplemente percibir, de manera casi inconsciente, en este gigantesco, interminable entramado y territorio de historias. Aún no lo sé, quizás nunca lo sepa, quizás en el fondo lo sé y es que no puedo describirlo con palabras. Son tres horas y media, pero uno se pregunta si realmente son tres horas y media, no porque parezca "poco", sino porque... bueno, el tiempo es una cosa extraña cuando se disfruta, cuando se disfruta el arte de narrar. Supongo que es dejarse llevar, dejarse hipnotizar.
La tercera historia, la de espías (hablada en francés mayormente, y en muchos idiomas más), historia que abarca toda la segunda parte, la segunda jornada, esas casi seis horas de duración. Una historia monumental, descomunal, mastodóntica, elefantiástica... y no por su duración solamente (aunque hay de eso, claro), sino que por todo lo que tiene, todo lo que tiene: espías, cine negro, (spaguetti) western, amores... Una historia profundamente emocional, en la que uno aprende a querer, a amar a sus personajes. Una historia extrañamente melancólica, elegíaca, crepuscular. A simple vista recordará al díptico de "Kill Bill" de Tarantino (para los buenos lectores, será un placer hallar a Le Carré, como dijo el director, admirador del escritor), en tanto esta historia de espías, ambientada en los ochenta, en los postreros años de la época de los espías, dividida en diez episodios y una narración no lineal, nos cuenta primero un trabajo hecho por cinco agentes (cuatro de ellas, nuestras chicas, nuestras actrices) que sale mal, una telaraña de traiciones, planes, máscaras, subterfugios, hombres tristes vestidos de negro caminando en penumbrosos y solitarios pasillos, trenes siberianos observando esos eternos paisajes de blanco, moscas Tse-Tse, destinos truncados, sinsentidos existenciales, desesperaciones vitales, abismos irrevocables, una caída inevitable quizás hacia arriba, hacia las estrellas, entre más elementos, que se abre, que se ramifica, que crece, que nos devora, que nos atrapa, que nos engulle. Un punto del viaje que marca un antes y un después, para nosotros, los espectadores, y para ellas, las chicas, las actrices. Sí, hay algo que ocurre en esta historia y que nos cambia, que lo cambia todo.
La película ya está bajo nuestra piel.
Tercer y último día. Cuarta historia. En efecto, una historia inclasificable. Comienza hablando sobre árboles. Luego nos cuenta la historia de una producción cinematográfica, de un director agotado por los seis años de rodaje, por sus actrices y el clima raro que han creado (las chicas aparecen poco además), de que está atascado pensando en cómo demonios resolver el episodio cuatro de esa producción, de esa película llamada "La Araña" (nótese el juego con lo metacinematográfico), episodio fantástico sobre una rebelión de árboles, pero la relación con las chicas es complicada, de repente el asunto es un viaje existencial, un viaje que, entendido como "realidad", se mezcla con la ficción de ese cuarto episodio de "La Araña", y sí, la historia no termina, llega a la mitad, pero qué es, es una criatura de múltiples rostros y tentáculos, es algo grande, sí, complejo, sí. Justamente, una historia sobre cómo narrar, sobre qué narrar, sobre el arte de narrar como motor o combustible o pilar de la existencia. La vida como narración, como relato. El segmento de Casanova es... uff, cómo describirlo.
La quinta historia es una deliciosa miniatura en blanco y negro, muda total, en donde no actúan las chicas, homenaje al cine clásico por supuesto y sobre todo a Jean Renoir, claro. Es la historia que comienza y que termina.
La sexta historia, la que comienza en la mitad y que termina, es también una pieza experimental, que evoca al siglo XIX, a esas imágenes, a esa textura y materialidad, historia rodada con una gran cámara oscura sobre cuatro mujeres que huyen por la llanura, que huyen del desierto, de un cacique como dijo el director después; una historia sin diálogos, con una inquietante banda sonora y aún más inquietante atmósfera, como apocalíptica, pero con intertítulos en primera persona, en los cuales una de las cuatro narra los pormenores de la huida, de esa huida que acaso sea la huida de la producción, el final de "La Flor" en un sentido sutilmente metacinematográfico, las chicas llegando a su libertad, lejos ya de "La Flor" y de su director, en efecto, el final del conjunto, del Todo. Libres.
Luego están, claro, los créditos de cuarenta minutos. Muy bonitos créditos. El director llegó más o menos cuando comenzaron, se sentó en primera fila y esperó, como casi todos (algunos desertaron, para qué ver créditos pensaron, total ya vi "La Flor", "claro, no viste los créditos pero bueno, la viste" diría el director), y hasta se emocionó un poco. Música de fondo, la creación de las canciones que oímos durante las historias. Los nombres de todas las personas que participaron, pero no sobre un fondo negro, sino sobre un anochecer: terminada la sexta historia, se levanta la cámara oscura que envuelve a la cámara, vemos al equipo arreglarse, abrazarse, felicitarse, ordenar todo, despedirse e irse, y queda el paisaje, el cielo celeste, luego naranjo, rojo, morado, la luz se va, la luz se fue, es de noche ya, es de noche. Y fin. Y a aplaudir. A aplaudir, claro que sí.
"La Flor" es un todo, hay que verse en su totalidad, cada episodio pertenece al otro, no sólo por las referencias que a veces se dejan ver, más bien, principalmente, por algo más íntimo o más grande, todos los episodios dialogan entre sí de alguna manera, sigue siendo difícil de explicar. No sé qué más decir en todo caso. Siento que no he dicho nada.
Son seis historias, pero es mucho más, son capas y capas de historias, es una espiral interminable de historias.
Eso sí, el sentido del humor está presente en todos los episodios, ah.
Y bueno, qué se puede decir del director, el señor Mariano Llinás, que no se haya dicho ya: el tipo es un genio. Un tipo valiente y arriesgado además. Estas creaciones suyas, dios mío... Esa manera de filmar, de usar el tiempo, de contemplar paisajes y actrices, rostros, etc... De unir cosas... Un verdadero placer cinematográfico nos ha dado, nos ha legado. Un tipo que cree en el cine, que de verdad cree en el cine. Se nota.
"La Flor" es un tesoro, una joya.
Si alguna vez exhiben "La Flor" en donde sea que vivan, vayan. Son catorce horas, lo sé, sé que solamente yo soy el vago, el inútil, el parásito que puede disponer de tal cantidad de tiempo sin tener que pagar ninguna consecuencia, pero vayan: pidan permiso en el trabajo, y si nos los dejan vayan igual, si pierden el trabajo otro encontrarán, algo ingeniarán, se las arreglarán, volverán a los rieles de su vida sin problemas, eso lo sé, pero vean "La Flor". Vivan "La Flor".
No sé cómo sentirme todavía, me cuesta medir el entusiasmo. ¿Cuántas películas de catorce horas han visto en su  vida en un cine?Qué genialidad, qué maravilla, qué obra maestra.
...y aún no estoy a la altura de esta magnífica película...La Flor - 2018

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