
"Mira qué maravillosa sucesión de números. La suma de los divisores del 220 es igual a 284. Y la de los divisores del 284, igual a 220. Son números amigos. Son una combinación muy infrecuente, sabes. Fermat o Descartes sólo lograron descubrir un par cada uno de ellos. ¿No te parece hermoso? ¡Que la fecha de tu cumpleaños y el número grabado en mi reloj de pulsera estén unidos por un lazo tan maravilloso!"
Hay títulos que son un fenómeno repetido. El que hoy traigo es uno de los más vendidos en Japón, llegó al millón de ejemplares en apenas un par de meses. En España se repitió el fenómeno y mi ejemplar dice que es la décima edición. Y lo mismo sucedió en la red apareciendo en cualquier sitio al que uno dirigiera la vista. Hoy traigo a mi estantería virtual, La fórmula preferida del profesor.
Conocemos a una madre soltera que tiene que entrar a trabajar en casa de un anciano profesor de matemáticas con problemas de memoria. Veremos como el huraño profesor irá acercándose a esta mujer, y sobre todo a su hijo, a través de su amor por los números hasta establecerse una hermosa relación entre ellos.
Lo primero es avisaros: en este libro los personajes no tienen nombre. Ni tampoco lo necesitan.
Después de decir eso me apresuro a añadir que es un libro tierno y hermoso en cada una de sus frases. Porque si algo he aprendido es que hay autores que saben escribir libros cuidados, que se antojan hermosos durante su lectura. Y este lo es en sus formas y también en su fondo, ya que nos acercamos a una historia tierna, cercana, en la que los personajes acaban siendo casi adoptados por un lector que no puede ni quiere evitar encariñarse con ellos. Contado en primera persona por la mujer que trabaja de asistenta, nos enteraremos de su historia personal y será la encargada de presentarnos a los personajes y descubrirnos como, partiendo de una afición al béisbol, los números se harán con el protagonismo de esta historia sobre la amistad. Tanto es así que el niño será apodado Root por el profesor y compartido en nombre por la madre: raíz cuadrada, ahí lo tenéis.
Es una historia sencilla, lineal, que, si bien tiene muchas matemáticas, mantiene su sencillez también en ellas sin complicarnos con conceptos que se nos antojen lejanos. En realidad son un simple medio, una metáfora de las sensaciones o situaciones de los protagonistas y, poco a poco también de las nuestras mientras nos dirigimos a un final que preferimos no pensar. Un final perfecto para una historia que no puedo dejar de recomendaros, sabedora de que muchos de vosotros me la habéis recomendado antes a mi.
Por cierto que dicen que este libro despertó un gran interés por las matemáticas a sus lectores. No fue mi caso y eso que los números siempre me han gustado lo que me lleva a una pregunta; ¿os sucede a vosotros que tras leer una novela investigáis sobre algún tema que aparezca en ella?
Gracias
