En el reverso suciodel gran sueño americano
un ejército innombrable habita el sigilo de callejones.
La gente del crepúsculo
tan solo quiere bailar como las personas.
Follar con el mismo derecho que los animales.
Acariciar al semejante sin temor a la placa dorada.
Cuando las familias como dios y Nixon mandan
duermen seguras en sus casas,
tacones demasiado estrechos y pelucas ladeadas
pagan el impuesto de la moral en las cloacas.
La gente del crepúsculo
tan solo quiere amar desprovista del miedo a la luz.
A la aberración impuesta a las ratas.
Pero esta noche Miss New Orleans devuelve la patada.
Niños de aparente cristal acorralan uniformes.
Llueve la airada respuesta a la religión de las porras.
Las chicas de Sonewall tienen el pelo rizado
e improvisan un cabaret sangriento frente a la policía
a la que se le derrama por los pantalones la hombría.
El alba lame el hermoso disturbio de la poesía.
La gente del crepúsculo
camina ahora orgullosa travestida de sol.
Ojalá estos versos se te hayan antojado una amenaza.
