Así veo yo todo lo que nos está sucediendo, como una gran escalada. Una montaña enorme, llena de dificultades y con accesos complicados, sinuosos e inseguros. La he intentado rodear, he buscado atajos, he pensado mil y una maneras de hacer la escalada más sencilla, pero después de dar muchas vueltas nos hemos colocado los arneses y nos disponemos a subirla. Con valor pero también con miedo, para qué negarlo.
No sabemos si los arneses nos sujetarán lo suficiente, si tendremos dificultades por el camino, si nos fallará algún pie en la subida o incluso si caeremos. Pero sea como sea, mi propósito es llegar a la cima, coronarla y otear el horizonte, que no es otra cosa que nuestro futuro.
He escalado montañas que se han querido resistir en los últimos años. No sabría decir cuál ha sido la más complicada. Todas y cada una de ellas han sido duras, pero siempre he salido victoriosa y he conseguido mi propósito que no es otro que mirar a lo lejos el cielo despejado. Soy terca y tenaz, mi hijo tiene a quien parecerse.
Hoy con muchas dudas todavía hemos ido a dar el primer paso. Después de un día muy duro en urgencias, de las primeras pruebas (de imagen) para comprobar si todo seguía en orden dentro de su cabecita, y de esperar a su médico casi seis horas, confirmamos lo que sabíamos era inevitable: una intervención quirúrgica. El miércoles vuelvo, esta vez sola, a hablar con él, a darle mi consentimiento a la operación y a preparar el papeleo del preoperatorio y la lista de espera. Rayo no está de urgencia, a pesar del dolor los últimos días ha mejorado mucho. Esta última semana, donde he tenido una dedicación absoluta a él, controlando su actividad, su dolor, sus descansos, ha dado sus frutos.
Al médico le ha sido muy útil las medidas de dolor que hemos tomado estos días así como la información que le hemos contado acerca de cómo el dolor evoluciona a lo largo del día. ¿Evitamos el temido PIC?, todavía no lo sé. El miércoles nos sentaremos de nuevo a hablar, todos tenemos claro lo que sucede, por dónde viene el fallo, pero el experto es él y yo estoy en sus manos, como le he dicho hoy. Él decide pero eso sí, yo quiero saber, todo, con pelos y señales.
El primer paso queda dado.
