Revista Opinión

La gran mentira gay

Publicado el 04 agosto 2016 por Alberto Alberto Rodriguez Garcia @albertoalmundo

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Naci en 1971 y, como todos los niños de mi generación, crecí con la idea de que los “maricas” eran algo malo… En mi adolescencia entendí que, aunque me repugnaba esa opción, debía respetarla.

En mi joven etapa madura encaré la homosexualidad en alguien muy cercano que no quiso salir del armario por miedo… Era lógico puesto que, a pesar de todo el “progreso” social, ser “marica” era, cuando menos, un problema.

Al poco tiempo acepté totalmente a esa persona, aunque nunca admití que los, ya no “maricas” sino “homosexuales”, se manifestaran de esa forma tan ridícula como en esa cabalgata del orgullo gay… En esa misma expresión siempre denoté mucho complejo, en lugar de orgullo.

Al cabo de los años, después de vivir como homosexual totalmente integrado en la sociedad  (pareja incluida), ese homosexual tan cercano a mí … cambió! En un proceso paulatino pero voluntario y natural cambió y volvió a la heterosexualidad… La razón esencial era intentar tener familia, hijos… naturales, claro. Pero también se mostraba muy asqueado del mundo gay: Promiscuidad altísima, perversión sexual son límites, etc…

Ese cambio tan radical y único  (no había oído de ningún caso similar) me hizo pensar que, probablemente, todos fuéramos víctimas de una manipulación a gran escala: La manipulación de quién se siente acomplejado por algún problema personal y no quiere aceptarlo, obligando a TODA la sociedad a acatar una realidad inventada y que acomodara un grave problema personal.

Medite mucho, intentando encontrar una prueba definitiva que confirmara que la homosexualidad era realmente un problema y no una opción tan normal como la heterosexualidad. Y la encontré.

Encontré una razón indiscutible que demostraba que las desviaciones sexuales son realmente un problema: No permiten la reproducción del individuo…

La función reproductiva de cualquier SER VIVO es una función esencial, sin discusión alguna. Por lo tanto, cualquier actitud que se le opusiera debía ser, a la fuerza, una desviación de la regla natural, un problema… una enfermedad psicológica, en definitiva…

En los últimos años, he ido constatando que henos sido realmente víctimas de una manipulación a gran escala y los homosexuales han sido las principales víctimas, al convencerles de que no tenían ningún problema y, por lo tanto, dejar de luchar para combatirlo, cuando fuera de naturaleza psicológica. Y es que muy pocos individuos han podido salir de esa espesa mentira social y no han podido vivir más plenamente sus vidas, disfrutando de sus familias naturales y, ahora ya sí, verdadera paz interior…

Por eso, lejos de sentir odio por la comunidad gay, hay que solidaridarse con ellos pero no intentar ayudarlos si ellos han decidido tomar ese camino equivocado en sus vidas. Pero eso sí, ahora ya sin hipocresía ni aplausos estúpidos a las “loquitas del orgullo gay”. No hay nada de que sentirse orgulloso por ser gay, en absoluto.

A partir de ahora espero que cada vez haya más desengañado de esta gran “mentira gay” y, entre todos podamos caminar hacia una sociedad más sana en todos los aspectos, tristemente adulterada en muchos sentidos, en los que la aceptación de la homosexualidad como algo natural ha sido, probablemente, uno de los peores errores cometidos.


La gran mentira gay

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