Revista Solidaridad

La grúa que sostiene la vida de Gabriel

Por Aparcamientodiscapacitados
«No recuerdo en qué playa fue», dice Gabriel Pletosu. Científicos estadounidenses descubrieron hace unos años el mecanismo biológico que permite a las personas bloquear recuerdos indeseables en su memoria, algo que ya intuyó el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. Este mecanismo puede explicar que Gabriel haya olvidado el nombre del arenal de Bizkaia en el que trazó una línea divisoria entre el ‘antes’ y el ‘después’. O simplemente puede ser que no quiera hablar de ello porque, ante todo, es una persona positiva.La grúa que sostiene la vida de Gabriel
VIDEO«Solo recuerdo que se me abrió el cuello, que estuve unos tres minutos muerto y que me resucitaron en una ambulancia....» El resto ya se sabe: despertar en un hospital sin sentir brazos ni piernas, operaciones, tratamientos rehabilitadores y la silla de ruedas. «Un paciente con lesión medular pasa por muchas fases. Al principio, lo normal es cierta euforia porque ha salvado la vida, pero luego vienen otras sensaciones... El ‘momento’ de sentarse en la silla de ruedas es uno de los peores y el alta clínica con la vuelta a casa y a la vida de fuera del hospital, también», relata María Luisa Jauregui. Es la jefa de la unidad de Lesionados Medulares, una sección integrada en el servicio de Medicina Física y Rehabilitación del Hospital Universitario de Cruces, el centro de referencia para el País Vasco y comunidades limítrofes para personan que sufren parálisis en la mitad inferior del cuerpo (paraplejia) o en brazos y piernas (tetraplejia).Gabriel, 45 años, es un hombre de una envergadura importante. Mide 1,90 y pesa 89 kilos. Electricista de profesión, su movilidad está totalmente vinculada a cuatro ruedas que maneja con la mano izquierda. Aunque dado de alta hace años, acude con asiduidad a Cruces para que le hagan seguimiento y porque «vivo en Barakaldo y aquí tengo muchos amigos». Estos días está probando las innovaciones introducidas en las ocho habitaciones de la unidad, que se han automatizado -domotizado- por completo con un doble fin. Se trata de facilitar «la labor del gran equipo humano que trata a pacientes sin movilidad y, además, mostrar a estos los avances para ver si pueden introducirlos en las casas. Con un mando a distancia se abren y cierran ventanas, se suben y bajan persianas, se enciende y se apaga la luz, se descuelga el teléfono. Los lesionados ganan en independencia, no tienen que estar llamando a su cuidador para todo.La principal innovación son las grúas que se mueven por rieles anclados en el techo de las habitaciones y que permiten levantarse de la cama a la silla e, incluso, ir al baño. Quienes tienen poca fuerza en los brazos, precisan de una persona que les ayude, pero en cualquier caso, facilita mucho la tarea. «Todo esto aporta calidad de vida. Una grúa de techo como esta no ocupa sitio, como las convencionales, y da mucha independencia. Es muy importante que los pacientes conozcan estos avances y que aprendan a normalizar su vida», comenta María Luisa Jauregui.«Que nadie se tire de cabeza»«En casa me ayudan mi mujer y mi hija. Estudia Ciencias Políticas», dice con orgullo Gabriel. Este rumano de nacimiento y perfecto castellano trabajó primero de técnico de luces en un orquesta y de electricista para una naviera cuando ocurrió el accidente en una playa cuyo nombre no recuerda, solo que «fue una zambullida, que nadie se tire de cabeza, es lo mejor», aconseja.A Pletosu le gustaría poder disponer de esta tecnología en su casa y por eso la está probando. «Voy a pedir un presupuesto para saber cuánto cuesta. Claro que es útil; ganaría en autonomía... pero hay que mirar si es posible. El mando de la silla eléctrica nos costó 3.000 euros... Mucho dinero». Es generoso. Se presta encantado a mostrar cómo los avances técnicos pueden hacer más fácil la vida de una persona con la columna vertebral rota. «Es muy colaborador en todo», resalta la doctora Jauregui. La especialista en rehabilitación quiere para todos sus pacientes las innovaciones tecnológicas que les pueden proporcionar cierta independencia, así como restar presión a sus cuidadores.El paciente escucha, asiente y bromea con Manu de la Maza, el celador que le ayuda a ‘estrenar’ ese mecanismo anclado al techo que le permite ‘volar’ de la cama al cuarto de baño. Se muestra encantado. «Soy un luchador. Estoy contento. Soy feliz porque estoy vivo. Solo miro para adelante», dice... Así se entiende que no recuerde el nombre de la playa.
«Los jóvenes se lesionan por zambullirseen el agua y los ancianos por caídas»
Todos los accidentes son potencialmente evitables y algunos más que otros. «Los jóvenes se lesionan al zambullirse en el agua, algo totalmente evitable, y los ancianos por caídas en la calle o en casa», dice María Luisa Jauregui. Ante la sorpresa de que un abuelo o abuela pueda romperse la columna dentro de su domicilio, la doctora señala que en los últimos años empieza a ser bastante más frecuente. «Se suben a una silla o a una escalera, tropiezan con algo porque ven mal y no dan la luz... pueden romperse cualquier hueso y también la médula espinal. Las lesiones por accidente de tráfico han ido a la baja, mientras aumentan las que son consecuencia de caídas de personas mayores».
Además de los traumatismos, las enfermedades o un fallo quirúrgico también pueden desencadenar una paraplejia o una tetraplejia. En cualquier caso, la pérdida de movilidad de la piernas, de los brazos o de todos los miembros supone un vuelco en la vida de una persona y de su entorno. La unidad de Lesionados Medulares de Cruces atiende a una media de 50-60 pacientes nuevos cada año. Su proceso de recuperación no baja de los dos años y las secuelas son de por vida.
Las fracturas que son consecuencia de una zambullida provocan daño en las cervicales. La lesión puede ser completa o incompleta. En el primer caso, se pierde por totalmente la comunicación entre el cerebro y el cuerpo. Esto significa que de ninguna manera se van a mover brazos y pies. Si es incompleta, a base de rehabilitación, será posible cierta movilidad.
En función de la zona afectada, los problemas añadidos varían. «Cuando se trata de las vértebras cervicales C1, C2 y C3, la persona no va a tener autonomía respiratoria, es decir va a a necesitar de un respirador; si es la C4 no moverá los brazos. Cuanto más abajo esté la vértebra, podrá haber cierto movimiento». Esto es así porque la médula espinal es la encargada de llevar impulsos nerviosos del cerebro al cuerpo y, por tanto, en función de donde se produzca la fractura se ven afectadas unas partes u otras del organismo.
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